Mi mala educación revolucionaria.

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Si algo me está enseñando este año 2016 es que estoy muy mal educada para la vida. Estoy criada en la planificación del ahorro, de las expectativas, de las propias y de las ajenas. Y nada más ajeno a la vida, a la vida real, que eso. Un día el camino desaparece delante de ti y tienes que seguir avanzando. Lo haces. Aunque crees que el mundo se derrumba y ya no hay mañana, lo haces. Como si estuvieras dotada de un motor interno que funciona por defecto. Sigues.

Se caen las dictaduras, se declaran guerras, se descubren fraudes internacionales, y aparentemente no pasa nada. Pero sí sucede algo en la percepción de cada cual y en la de todos. El punto clave es el tiempo. Los hechos nos afectan de manera inmediata y dejan su impronta en nuestra conciencia, pero solo durante un tiempo limitado. Los expertos dicen que la memoria del electorado no va más allá de tres meses, y así se planifican las filtraciones de los escándalos de forma que los votantes lo tengan presente. Cuando Pablo Iglesias dejó caer el tema de “la cal viva” de Felipe González mucha gente levantó una ceja con cara de preguntarse “¿Qué cosa?” mientras que en su momento fue un escándalo enorme. El hecho se va. Lo que permanece es la sensación de que si no es uno, es el otro, y si no el de más allá, nos van a engañar, a robar, a mentir. Y los medios van a manipular. Y la gente va a comenzar vendettas contra los de siempre sin razón, o con menos razón de la que creen. Como si las cartas estuvieran ya echadas y la partida hubiera terminado casi sin haberla empezado.

En su libro Rational Herds. Economic Model of Social Learning, Christophe P. Chamley explica que las revoluciones no se pueden prever a priori. Los revolucionarios, incluso si tenían planeada una acción concreta, no sabían que estaban cambiando el mundo tal y como lo conocían para siempre. Así que nunca sabes si tu pequeña acción puede ser el detonante de algo mayor para tu vida o para la de otros. Y en esta concepción del mundo no cabe esa educación en la planificación que he adquirido y que es la propia de estos tiempos. Es necesario esforzarse en el escepticismo y tener presente siempre “la posibilidad”.

El cambio es posible. Y eso ya es suficiente para seguir. O debería.

One thought on “Mi mala educación revolucionaria.

  1. El personal debería leer La CIA y la guerra fría cultural, de Frances Stonor Saunders, de editorial Debate. Pura escuela de como se manipuló a la ciudadanía europea tras la segunda gran guerra, y como el mismo sistema sigue vigente.

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