Wendy, la guerrera y la cultura de la violación

 

wendy bevan 17

Wendy McElroy no tiene pelos en la lengua. Cuando quiere decir histeria, dice histeria. Cuando quiere apretar la herida para sacar la pus, la aprieta. Y el lector puede entender el mensaje o escandalizarse y permanecer en su nube de algodón.

Ella no suele hablar lanzando flores, ni consignas, ni su intención es ser presidente, o presidenta, ni ser la primera mujer en la historia que hace esto o lo otro. Tiene esa extraña necesidad de expresar sus ideas, partiendo de sus estudios, pero también de sus vivencias. Y es entonces cuando su mensaje descarnado es tanto más necesario. A mí me hablaron de ella hace muchos años dos hombres a los que les estaré siempre agradecida: Manuel Lora y Juan Fernando Carpio. Desde entonces la leo y la sigo. Y finalmente por la aproximación tan parecida que tenemos de temas muy importantes para nosotras, es una persona mucho más cercana a mí de lo que podría pensarse. Me ha escrito para contarme que tiene un nuevo libro. Esta vez sobre la histeria que existe en Estados Unidos acerca de la cultura de la violación. Nada fácil.

Denuncia que, de alguna manera, la ficción de una supuesta “cultura de la violación” se ha instalado en la realidad, por obra y gracia de quienes están utilizando el drama de los abusos sexuales para sacar votos. No es nuevo: politizaron la pobreza, la enfermedad, la educación… ¿por qué no seguir con este tema tan delicado? Wendy no pasa por alto rebatir los fundamentos teóricos de este nuevo mal, causado por políticos y Estado. Y en concreto desenmascara los tres mitos en los que se sostiene la “cultura de la violación”: la violación es un hecho cotidiano en el día a día, está facilitada por el entorno social y el hombre ha creado una psicología de masas de la violación. A partir de ahí explica cómo los “convencidos” (true believers) crean noticias de violaciones en grupo en universidades, manipulan, mienten en los datos, y explica en qué consiste la dinámica de esta nueva histeria.

No solamente es un libro de denuncia. Wendy también estudia el daño psicológico individual a las víctimas de violación, que les impide sobreponerse a un drama tan duro, porque ser víctima no es victimizarse; a los hombres, etiquetados como violadores potenciales; y a la sociedad, en especial a los niños que son nuestro futuro. Y aporta soluciones y esperanza a quienes miramos desde afuera y somos afectados pasivamente por esta locura. Se trata de tratar la violación como un delito criminal, por un lado, y demandar cordura social, por el otro.

Hay que resaltar dos cosas. La primera que el libro trata de una realidad concreta: la de Estados Unidos. Y segundo: además de su formación y su honestidad impecable a lo largo de muchos años, a Wendy McElroy le avala el hecho de ser una superviviente a una violación. Por eso sabe de lo que habla cuando señala la importancia de superar y sobrevivir al trauma en lugar de enquistarse en la autovictimización y la victimización social, y menos aún por razones políticas.

Y acabo con una frase suya: Defiéndete a ti misma y sus hijos contra los fanáticos de la cultura violación. Demanda cordura”.

Es muy interesante escucharla explicar el argumento en este video de 12 minutos:

El libro se puede adquirir en papel o digital aquí:

Print:
https://www.amazon.com/Rape-Culture-Hysteria-Fixing-Damage/dp/1533629404/

E-book:
http://www.amazon.com/Rape-Culture-Hysteria-Fixing-Damage-ebook/dp/B01EENF4HW

Y ésta es su biografía en su página web.

 

Descanso forzoso. 

                                                     


Andan mis amigos rosarinos agobiados. Han prohibido que los comercios abran los domingos. ¿Por qué le dará a todos los planificadores por lo mismo? La misma medida tan polémica en tantos lugares de España es la misma absurda medida de muchos otros sitios. El descanso dominical. Forzoso. Que es como obligarte a ejercer un logro obrero por narices. Como si las mujeres logramos que nos dejen ir al ejército y los planificadores deciden que mejor, por ley, todas debemos ir al ejército. Obligatorio minifalda. Obligatorio votar. Obligatorio beber alcohol.

A mí el descanso dominicsal forzoso me recuerda a la siesta obligatoria de mi infancia. En Andalucía, con más de 40 grados, nada más terminar de comer, mi madre nos obligaba a descansar. Era muy difícil que tuviera éxito con alguien como yo. No me gustaba leer y no entendía por qué la manía de descansar después del almuerzo. Ahora de mayor lo entiendo. Es que mi madre tenía derecho a descansar un poco. Pero más allá de la asociación de ideas, lo que hacen nuestros gobernantes es programarnos como si fuéramos robots cuándo no comprar, cuándo sí, y dentro de nada nos asignarán qué comprar, dónde y cuándo consumirlo. Se llenarán las arcas del estado con las multas impuestas a quienes ataquen la despensa por la noche, o se dejen el brócoli en el almuerzo. Todo por nuestro sacrosanto bienestar que tanto les aporta. 

Mi madre descansaba de tres niños vivos y necesitados de actividad estival. En el caso del descanso dominical estamos hablando de un atentado contra los comerciantes y contra los consumidores. Y de todos ellos los que me importan más son los consumidores. Obviamente el comerciante no abrirá si no le sale a cuenta. Pero ¿qué tipo de consumidor va a comporar un domingo? El que no puede hacerlo en otro momento, el que no puede permitirse el lujo de descansar porque combina trabajo y familia, ese tipo de consumidor es al que afecta el no poder comprar en domingo. El guardián de nuestros sueños, el Estado, anticipándose a nuestras necesidades, nos obliga a descansar el domingo porque como es nuestro derecho, hace falta una ley que lo haga compulsivo.

Aquí dejo el artículo de Alejandro Bongiovanni y Garret Edwards donde exponen de manera clara SIETE razones para no prohibir la apertura comercial en domingo. Otras siete más…

A lomos de la negación: Chávez vive.

pablo-iglesias-podemos-y-sus-amigos-de-iran-y-venezuela

 

La negación es ese fenómeno psicológico salvífico que permite que los mayores horrores sobrevivan en las sociedades más avanzadas. Ese esa herramienta de la mente que nos permite vivir sabiendo que existe el mal, o la incertidumbre, o el dolor, el deterioro, las enfermedades. Bloquear la vista lateral y centrarse en lo que tiene uno delante. Y cuando más cerca mejor. No sea que veamos el horizonte y nos demos cuenta de que nos dirigimos a un acantilado. Mucho mejor mirar el paso corto, esquivar los charcos y los excrementos caninos, aunque nos aboquemos al abismo.

Y así nos llegan quienes ven cuestionada su financiación, pero cuya relación con Maduro y Chávez es pública y notoria. Porque, incluso si no han sido financiados ilegalmente, o si no han sido financiados en absoluto por el régimen tiránico de Venezuela, ir de colegueo, asesorarles, exhibirse con esos ejemplares de caciques de república bananera, expoliadores de un país rico y con potencial, es indecente y debería sonrojar a toda persona de bien.

Por el contrario, ahí tenemos al joven Garzón justificando lo que la ONU ha condenado como violación del derecho internacional por tortura, con la excusa de que Leopoldo López iba por ahí provocando golpes de Estado. Que es una manera de justificar tan tosca y rastrera como decir la la chica merecía ser violada porque llevaba una falda demasiado corta. Y claro, son todas unas guarras. Venezuela merece un tirano como Maduro, que viola el derecho internacional y es aplaudido por los anticonstitucionales españoles. Por ellos y por sus seguidores.

Porque, no contentos con las salidas de tono de Garzón, de los intentos de lanzar balones fuera de Pablo Iglesias, Errejón y su cuadrilla, ahora son los fan boys podemitas los que, al más puro estilo de macarra barato se cachondean cuando la prensa y los medios españoles dan cuenta del drama que está sucediendo en Venezuela. Comentarios acerca de la importancia que se da en los informativos al hambre y a las revueltas en Venezuela dan asco. Pero es preferible no hacerse eco, no mirar, y mejor todavía, mirar y reirse para que no nos señalen con el dedo, porque ese hambre no es culpa de “los malvados mercados” sino de tu colega, de ese al que asesoras. Y, estando en campaña electoral, no es conveniente que se divulguen esas noticias. Así que si tu amigo viola a una chica, es más fácil reirte de ella y decir que es una guarra que apartarte del bruto y condenarle públicamente. No hay coraje para salir mirando a cámara y decir: “Me parece fatal todo lo que está pasando“. Voy más allá. Imaginemos que, de verdad, estos políticos anticonstitucionales que se presentan como candidatos para regir nuestro destino y administrar nuestro dinero, creyeron en la llamada “revolución bolivariana”. Entendería que, después de ver lo que ha pasado, dijeran: “Creí. Pero el objetivo no era éste. Retiro mi apoyo“. Sin embargo, el camino es el ya consabido esquema de negar, y cuando el drama es demasiado obvio, reirte de la víctima.

Bravo, valientes.

 

El divismo político invertido

pantoja-carcel

 

Una diva es ese ser sobrenatural que se sabe elegido para la fama. Esa folclórica, o rock star, consciente de su superioridad que, venda o no entradas para el concierto, sea o no el que más suena en las emisoras a día de hoy, ejerce su poderío hasta en la aparente sencillez de su vida impostada.

Es esa mujer entrada en años que parece no saberlo por su manera de vestir, o ese cantante o actor que se encanta a sí mismo, que dicen cosas como “Yo llevo una vida normal” o “En mi casa me encanta comer huevos con papas“, mientras que todo en su lenguaje no verbal, en sus manos enjoyadas, o en sus enormes gafas de sol, o en su barbilla despuntando nos hace pensar que miente.

Pero sobre todo, una diva es esa persona que hace lo que quiere escudándose en su amor al prójimo. De manera que ante cualquier reproche su argumento acaba con la discusión: “Lo siento, pero yo me debo a mi público“. Y eso es lo que impide el pacto político a nuestros gobernantes. Se deben a su público. Es un divismo político causado por la mitificación de la  supuesta necesidad de “ser un líder carismático” como requisito previo para ganar las elecciones. Que es diferente de ser un buen político y mucho menos un buen estadista. Y no es que a mí me encante el Estado. Pero mientras lo financie el sudor de mi frente quiero que sea el más eficiente y reducido posible, ya que está ahí. Así que sería genial si se diferenciara entre buen gestor del dinero de todos y ese mal llamado carisma que no es sino divismo de bajo nivel.

Pero eso no es lo peor. Lo más terrible es que el pueblo español (usted, en concreto, no… todos, en general) ha caído en este divismo invertido y actuamos como las fans de la Pantoja (cantante de copla española encarcelada por blanqueo de capitales), que todo le perdonan por pura obsesión. De manera que si Isabel Pantoja delinque, sus fans señalan que el otro más. Y si es condenada a prisión, se preguntan escandalizados qué va a ser de “su arte”, porque ella… se debe a su público. Como si ser popular te eximiera de todo.

A esta lógica política es necesario añadir el miedo, que es el motor de nuestras sociedades. Ese miedo que llevó a todos los representantes de los partidos políticos españoles junto con los principales sindicatos y la patronal, a firmar los Pactos de la Moncloa, a raíz de la crisis económica de los 70 y la inflación del 26% (algún venezolano debe estar sonriendo ahora). Ese miedo es el que nos mueve, pero en sentido contrario, ahora. Y ese miedo es explotado impúdicamente por los políticos divos. También en esta ocasión el españolito medio ha asumido su papel y se ha identificado como víctima aterrada mirando en la televisión una película de monstruos.

La conclusión es que el votante entiende que el candidato “se debe a su público” y no pacta, pero que hay que seguir votándole por miedo al otro. Lo del gobierno mínimo y eficiente ya lo dejamos para otra ocasión. Nuestra madurez política está estancado en el nivel preadolescente. Y no salimos.

De la representación y la parodia.

campañaelectoral

 

Esta semana me voy a permitir el lujo de discrepar. Y es un lujo porque se trata de amigos liberales argentinos como Alberto Medina o Gabriel Zanotti, y otros muchos que han expresado su opinión acerca del escrache protagonizado por  Carlos Zanini (político kirchnerista argentino) en un avión. La gente, de manera espontánea, comenzó a increparle de la peor manera. Alberto, Gabriel y mucho otros a quienes leo en Facebook, argumentan que es un acto cobarde que un grupo de 50 personas acose a insultos e increpe violentamente a una sola persona, en un lugar que (para mí) ya es de por sí asfixiante, como es un avión. Resumo las ideas principales: los problemas legales se disputan en la justicia, los problemas morales en el fuero íntimo, las opiniones siempre son respetables, pero este tipo de agresiones no tienen justificación; como no hay partidos políticos liberales en el Parlamento, se genera mucha frustración en la clase media porque no hay manera de combatir el socialismo en las urnas; que se critique todo lo que haga falta y la justicia cumpla su función. Sí a la condena social pero no al escrache y la violencia. La opinión que más me gusta y con la que estoy más en onda es la de Gustavo Lazzari, que copio de Facebook:

No me van los escraches. Me parecen una mariconada. Podemos intelectualizar y cacarear con lo de “condena social” y hartazgo y bla bla… Al rival se le gana en la cancha, con todas las armas. Seguro que los que joden a Zanini encerrado y solo en un avión van a un acto de la Cámpora y se hacen encima. Ni hablar si a los escrachadores le pedis $100 para una causa liberal o luchar contra la corrupción, para que bajen los impuestos y para demoler el sistema K. Salen zumbando como Máximo cuando se le rompe la play..

Así no, loco..

Vayamos a los debates y ganemos
Vayamos a las urnas y ganemos
Vayamos a la justicia con pruebas y metámoslo presos.

Todo lo demás es humo.

 

Mis dudas. En primer lugar, ¿por qué no hay partidos políticos liberales y los que hay no tienen representación parlamentaria? Yo ya le dediqué un capítulo en Las Tribus Liberales pero es un tema que da para mucho más.

Independientemente de eso, ¿existe de verdad una representación en este sistema político? Y no puedo por menos que traer el caso español a día de hoy. Los españoles que votaron (yo soy abstencionista recalcitrante*) eligieron al Partido Popular mayoritariamente, pero el resto de los partidos no le han consentido gobernar. El pacto de gobierno se ha hecho imposible, principalmente por la incompetencia de los mal llamados líderes políticos, que han jugado con el sistema (porque pueden) y han agotado la paciencia de los ciudadanos, a quienes ya nos da igual ocho que ochenta. Las declaraciones del encargado de formar gobierno por Felipe VI, el socialista Pedro Sánchez, el martes por la tarde, ofrecen un retrato bastante real de la infamia política de mi país. Y eso que no tenemos a la familia Kirchner. No me cabe duda de que no es un fenómeno español, en Argentina es igual o peor, y en otros países europeos probablemente también, pero mejor. No hay representación sino pantomima. No hay justicia independiente sino sesgada. No hay debate sino juego sucio. Y en esas condiciones, no hay tanto margen de actuación como mis amigos parecen transmitir. Y no justifico el escrache en el avión, posiblemente Gustavo tiene razón cuando afirma lo que afirma. Pero decirle a la gente “Tienes las urnas para ajustar cuentas y penalizar a los ladrones” es mentir. No sirven ya. Ni los tribunales sirven o no siempre. Precisamente de esta falla es de la que se nutre gente como Pablo Iglesias, el Chávez español. El cansancio hace mella y cuanto mayor es el hastío político, más fácil es unirse al “Por favor, ¡que venga el que sea menos esta gentuza!”. Y ya tenemos a PODEMOS en el Parlamento.

Pero lo que más me ha gustado de la opinión de Gustavo Lazzari es “Todo lo demás es humo“. ¿Dónde nos deja esa frase tan certera a los liberales? ¿Perdemos los debates y las elecciones? ¿Emprendemos acciones judiciales contra los corruptos?

En otras palabras ¿Estamos fuera de la cancha?

 

 

 

 

* Soy abstencionista convencida. Estoy acostumbrada a que me dirijan todo tipo de insultos por ello, si se siente mejor, no dude en hacerlo. Mis principios me sustentan.

 

El padre de todos los podemitas eres tú.

  

– “¿Tú eres la del IJM que me quita votas con el partido libertario ese?”.

– “No. Yo soy la del IJM que te los quita promoviendo la abstención”.

Esas fueron las palabras que cruzamos Esperanza Aguirre y yo en una cena muy concurrida el lunes 28 de marzo. 

Hoy, entrevistada por Inda para OkDiario con motivo de la salida de su libro “Yo no me callo”, ha dicho que Zapatero es el padre de todos estos podemitas que se han colado en nuestras instituciones.

Hay que tener una memoria de pez y una lengua desafortunada para decir eso el día de la renuncia de Soria, ministro del PP, partido de “color Esperanza”. Si bien es verdad que ella no ha estado imputada directamente excepto por el tema de la fuga policial cuando aparcó en segunda fila en plena Gran Vía de Madrid, su entorno es un lodazal.

Desde la estación de AVE en Yebes (Guadalajara) “casualmente” en las propiedades de su tía y en el pueblo donde su marido y su familia tienen terrenos, pasando por el espionaje político endosado a Ignacio González, hasta el sonado Tamayazo, Esperanza se ha visto siempre en el ojo del huracán. Siempre ha declarado que se sentía “muy abochornada” por haber elegido gestores tan malos. Pero nunca se ha ido definitivamente. Es más. En medio de la legislatura, siendo presidente de la Comunidad de Madrid, dejó a sus votantes y a los madrileños con cara de bobos en manos de una persona que no había sido votada, Ignacio González.

Los escándalos que le salpican más recientes son dos (de momento).La trama Gürtel, en la que la Unidad de Auxilio Judicial decía en el informe presentado al juez que “de forma habitual el contrato se ha fraccionado en varios servicios por cuantías menores a 12.020 euros para eludir el concurso” y así facilitar la adjudicación a dedo. Y el caso Púnica todavía pendiente y que se refiere a la financiación ilegal del partido.

Eso en su micromundo. Pero recordemos que Esperanza pertenece a uno de los dos grandes partidos que nos han gobernado casi toda la democracia (excepto los años de UCD). Si hay alguien responsable del desgaste institucional, del hastío y desconfianza de la gente de bien, son ellos. Los unos y los otros. Los casos de corrupción desde González hasta hoy, sin dejar a uno solo, independientemente de si uno aplicó tal medida económica más liberal, o el otro también, o si éste mejoró la libertad civil o no, todos ellos han sido ejemplos de negligencia. Tanto en lo referente a la corrupción, como a la manipulación de las instituciones diseñadas para salvaguardar la propia democracia y el imperio de la ley (por ejemplo, repartiéndose los componentes del Consejo General del Poder Judicial sin rubor).

Así que, Esperanza, el padre de todos estos podemitas es ese hastío generado por partidos como el tuyo, tanto a nivel nacional como autonómico y local. Eso te convierte tal vez en madre del hartazgo y abuela de los podemitas.