La marca verbal

  

 

No se ha extirpado la lacra del marcaje verbal. Las mujeres durante décadas éramos unas “frescas” simplemente porque sí, porque estábamos divorciadas, o solteras, o porque llevábamos minifalda, o porque fumábamos, o porque éramos profesionales rodeadas de hombres… Frescas. En general, en mi entorno, creo que afortunadamente las cosas han cambiado. No solamente porque los hombres y, especialmente, las otras mujeres que te señalaban con el dedo, han cambiado su punto de vista. También es diferente la actitud de quienes éramos acusadas de “frescas”, que es como si te quieren llamar puta pero encima no tienen narices para hacerlo. No nos hacen sentir mal porque sabemos que se retrata quien intenta manchar tu reputación de una manera tan ruin.

Lo que no ha cambiado es ese tipo de marcaje verbal como herramienta de quienes no tienen argumentos. Ese atentado a la reputación sin razón, el marcar como al ganado, a fuego, una palabra que no viene a cuento, como ese “fresca” atribuido a una mujer libre. La misma mezquindad es la que lleva a determinados gurús de las redes sociales sin más expectativa que esa, a llamar “facha” a quien no piensa como ellos, sin razón, de manera indiscriminada. Te llaman facha porque hablas de privatizar, porque criticas al poderoso, a las empresas privilegiadas, a los malos gestores, a los políticos de todos los colores que despilfarran a cambio de votos. Por eso te llaman facha. Y si una televisión de la “secta” te publica un libro recogiendo tus intervenciones económicas, entonces, eres facha tú y lo es tu editor. Y a La Sexta hay que darle unas collejas. Porque lo dicen los gurús, y no es que haya leído el libro, ni visto vídeos, solamente han visto alguna intervención tuya, explicando tu punto de vista económico, desglosando datos, aportando razones, proponiendo alternativas. Pero no. Si Alzaga y Carreño dicen que eres un megafacha de la muerte, lo eres. Y tú una fresca. Qué rancia es toda esta “modernidad”. Va por Juan Ramón y por Roger.

  

10 thoughts on “La marca verbal

  1. Yo he criticado al profesor directamente, a él, en facebook, que desde que colabora con La Sexta es un hombre distinto al que conocí hace algunos años en el instituto Juan de Mariana. Pero no sé si sirve de ejemplo. En todo caso no creo que porque alguien te critique en las redes sociales, muy dadas a ello, por cierto, se pueda hacer un todo de algunas partes. De acuerdo en que las “etiquetas” son curiosas, pero con estos bueyes hay que arar. ¿Justo, injusto? A Don Andrés Iniesta Luján lo pitan en San Mamés, único lugar del planeta donde le manifiestan animadversión, que ni los madridistas de pro. Y es que tiene que haber de todo. Saber convivir con ello y no hacer de estos ejemplos como si fuesen agravios de duelos al amanecer con padrinos es fundamental.
    Por cierto, cada vez son más las personas que sin insultar, etiquetar etcétera, discrepan con Rallo y lo acorralan intelectualmente. Cosas que pasan y no pasa nada.

    1. No me refería a ti. He puesto una de las varias series de tuits en los que Alzaga, que reconoce no haber leñido el libro, ni haber visto a Rallo más que en un par de intervenciones, le llama megafacha. Me encanta ver cuestionadas las teorías (las mías tb) que parecesn aceptadas. Los matemáticos son capaces de esperar 500 a demostrar un teorema y mientras prueban y se equivocan, prueban y se equivocan… Y no pasa nada. No creo que en un debate se trate de “acorralar” sino de demostrar, pero igual tenemos diferentes ideas de en qué consiste un debate. Con todo y con eso, si lo que me dices es que criticas las teorías, te parecen fatal, le sacas punta a los razonamientos, etc. Genial. En serio. Pero sin conocer llamar megafacha, solo para descalificar, es exactamente como decirle a una mujer “es una fresca” porque lleva minifalda. Y es cada vez más utilizado por los macarras de la moral (los de derechas y los de izquierdas, ojo).

      1. Pues me alegro. Lo sigue usted desde que él tenía 21 años, cuando ni había finalizado sus estudios ni era, por supuesto, conocido ni reconocido. Con estas premisas qué quiere que le diga, si debe usted conocerlo mejor que nadie…

    1. De los 21 los 31 se puede (y debe) cambiar. No ser conocido ni reconocido no es ni marca, ni marchamo, ni indicativo. Y no ha dicho en qué ha cambiado desde que interviene en la Sexta. Por cierto, discrepo de muchas de sus posiciones.

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