La maldición equidistante

colorful-barcelona-skyline-silhouette-dan-sproul

Cada vez que una se retira, da un paso atrás para observar o para reflexionar. Cada vez que presento mis respetos junto con mis dudas al respetable público en las redes sociales. Cada vez que un tema me resulta demasiado complicado y me doy cuenta que opinar trae consigo un alto riesgo de patinar por ignorancia, alguien me desprecia porque interpretan que no me mojo, no me muestro, no me sitúo en ningún lado de la frontera. Soy “equidistante”. Equidistante entre comillas porque es un insulto. Y te citan el versículo donde Dios vomitaba a los tibios. Y sacan pecho con su bandera (una o la otra) orgullosos porque ellos sí saben qué es lo correcto, dónde está la justicia y la verdad.

A todos vosotros os tengo que decir con todo respeto que no me importa nada vuestra mirada, vuestra reprobación y vuestro desprecio. Me da igual. Y voy a seguir dándole vueltas y preguntando, leyendo, analizando el tiempo que necesite o me dé la gana. Gritad lo que queráis vuestras consignas.

Yo hoy, sábado 7 de octubre, no estoy con mi bandera española en la plaza de Colón en Madrid, no solamente porque estoy en Jaén, sino porque mi corazón no está ahí, está aquí con mi familia. Pero mañana mi corazón estará en Barcelona. Con Felix Ovejero y aquellos catalanes que han permanecido callados e ignorados durante mucho tiempo. Los que no han votado el referéndum. Los que se quedaron huérfanos de partido político (socialistas y peperos) y trataron de unirse para crear una plataforma nueva y diferente. Y lo lograron. Y pasó lo que fuera después, pero lo hicieron.

Tengo amigos independentistas convencidos, como Marco Bassani, que casi me convence. Y les respeto. Como respeto a quienes creen en la unidad de España ciegamente. He dicho varias veces que mi modelo sería una España federal, sin escupirnos a la cara.

Pero más allá de los modelos ideales, de plantearse si la secesión es un derecho o no, hay algo que parece que olvidamos. La situación de los catalanes no nacionalistas ha llegado a límites insoportables. El que las empresas estén trasladándose muestra hasta dónde las cosas van en serio. Que haya profesores como Félix y tantos otros que estén pasándolo mal, ciudadanos de a pie, que tienen miedo, medios de comunicación, que no menciono por si las moscas, cuyos directores, amigos también, te cuentan el estado de terror que viven, cómo la arbitrariedad  ha tomado el poder, es un completo sinsentido.

Pero esa situación no ha sobrevenido de la noche a la mañana. Es el fruto de años en los que estos catalanes han estado completamente abandonados y olvidados. Cuando vi al rey decirles “No estáis solos”, pensé que le faltó añadir “no como hasta ahora”. Porque mientras los políticos del PP y del PSOE negociaban con los políticos nacionalistas y les daban más dinero y más poder, esta buena gente veía cómo caía el nivel de oxígeno y cada vez les resultaba más difícil respirar. Sentían la presión y la represión en sus trabajos, en la administración y se defendían o callaban, completamente solos. Muchos de los que hoy estaban con la banderita han votado una vez y otra a todos esos políticos del PP y del PSOE que perseguían victorias electorales y gobernaban “para todos” excepto para ellos, los catalanes olvidados.

Y por eso mi corazón mañana estará manifestándose con ellos. Estaré allí con mis dudas, mi necesidad de conocer, de escuchar, mi defensa de la ley y de la necesidad de que se modifique porque está al servicio de la sociedad y no al revés, y con mi idea de que la secesión debería ser algo posible. No así, desde luego, pero posible. Una secesión votada con garantías, sin pisotear a la mayoría silenciosa que mañana sale, por primera vez y se expresa. Sean tres o tres millones, estaré allí.

Anuncios

¿El honor del 78?

14777637896842_990x0

 

¿Lo del debate de investidura fue un ataque al honor del 78? Defina honor. Defina 78. No se trata de ensalzar una Transición difícil, con sombras, con problemas pero sin sangre. Devolver la normalidad institucional a un país lastrada por 40 años de dictadura sobrevenida tras una horrible Guerra Civil tampoco era fácil. No había memoria democrática, ni costumbre, ni nada. Y se hizo de alguna manera. Se podía haber hecho mejor y se podía haber hecho peor. Pero de ahí a insultar a los diputados del Congreso actuales y de faltar al respeto a quienes dirigieron el rumbo de España entonces, hay una enorme distancia.

Que sí, que Fraga fue ministro de Franco y el rey fue designado por el Generalísimo. Pero es que en la época de Franco los demás políticos estaban exiliados, y la mayoría de los que tomaron las riendas fueros los políticos que se adaptaron al régimen anterior y a la democracia después. A ver si vamos a pensar que todos los que trabajaban en los 70’s en el entramado oficial franquista “eran” franquistas. Pues no. Muchos no lo eran y estaba esperando la muerte del dictador. Porque recordemos que nadie le derrocó. Murió de viejito. Eso sí, en democracia y en pleno Congreso, insultamos. Tierra de valientes.

Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es lo bien que se nos da rizar el rizo para hacer mofa de la gente de bien. Resulta que Iglesias felicita a cualquier defensor de ETA que habla en el Congreso, precisamente aquellos con quienes hacen pactos de gobierno. Y un diputado de bien, en el fragor de la batalla parlamentaria, un hombre de Ciudadanos, les espeta en la cara “Estáis con los terroristas”. Indignados, los podemitas, se lían a gritos, muy a su estilo, dentro del congreso, y a la salida su kaleborroka particular insulta a las diputadas de Ciudadanos que deciden salir por la puerta de siempre y no por la puerta de atrás. Los mismos podemitas 15emers aplaudidos por Errejón. Y aquí viene lo que nos define. Dice Errejón que José Manuel Villegas, el diputado de Ciudadanos, tendrá que retractarse porque “no vale todo”. Los que apoyan a Rufián el faltón, exigen respeto. Tierra de rufianes.

No señores, no merecen ese respeto que no ofrecen, ni a los millones de españoles peperos, ni a los millones de españoles socialistas, ni a los votantes de Ciudadanos, ni a las víctimas de ETA, ni a la institución parlamentaria de la que cobran un sueldo. No defiendo la democracia, ni a ningún partido politico. No defiendo al sistema, por eso no voto. Pero las revoluciones acaban siempre con un “no era esto, no era esto” pronunciado desde el averno. Si hay que limpiar las instituciones, cambiar el sistema, reivindicar menos estado, acabar con la pobreza, adelante, hagámoslo. Pero no a insulto limpio, lanzando latas de cerveza, al más puro estilo vandálico de los hooligans. Lo de ayer fue pablismo en estado puro. Como el ataque a Rosa Díez, a Felipe González, como la invasión de Sol. Esta es su marca, la bronca callejera.

¿Pero de dónde viene todo esto? De su victoria. Quienes han dejado que las instituciones se arruinen y ensucien; quienes han permitido y cobijado a políticos locales, regionales y nacionales ladrones, mentirosos, deshonestos, trepas; los que no han dado la cara antes, son los que han facilitado el ascenso político de esta gentuza que ahora avergüenza al país cagándose en las instituciones desde un escaño. Y ninguno de ellos se hará esta reflexión. Como dijo Hernando: “Los españoles se han equivocado dos veces”. Cualquier cosa menos aceptar los fallos propios.

No albergo ninguna esperanza de que el gobierno ni la oposición vaya a emprender medidas para limpiar las instituciones. Ni dentro de las mismas, ni desde los partidos políticos. Subirán impuestos, tratarán de cumplir con Europa y de evitar unas nuevas elecciones forzadas por el desgobierno.

Muy feo todo.

El padre de todos los podemitas eres tú.

  

– “¿Tú eres la del IJM que me quita votas con el partido libertario ese?”.

– “No. Yo soy la del IJM que te los quita promoviendo la abstención”.

Esas fueron las palabras que cruzamos Esperanza Aguirre y yo en una cena muy concurrida el lunes 28 de marzo. 

Hoy, entrevistada por Inda para OkDiario con motivo de la salida de su libro “Yo no me callo”, ha dicho que Zapatero es el padre de todos estos podemitas que se han colado en nuestras instituciones.

Hay que tener una memoria de pez y una lengua desafortunada para decir eso el día de la renuncia de Soria, ministro del PP, partido de “color Esperanza”. Si bien es verdad que ella no ha estado imputada directamente excepto por el tema de la fuga policial cuando aparcó en segunda fila en plena Gran Vía de Madrid, su entorno es un lodazal.

Desde la estación de AVE en Yebes (Guadalajara) “casualmente” en las propiedades de su tía y en el pueblo donde su marido y su familia tienen terrenos, pasando por el espionaje político endosado a Ignacio González, hasta el sonado Tamayazo, Esperanza se ha visto siempre en el ojo del huracán. Siempre ha declarado que se sentía “muy abochornada” por haber elegido gestores tan malos. Pero nunca se ha ido definitivamente. Es más. En medio de la legislatura, siendo presidente de la Comunidad de Madrid, dejó a sus votantes y a los madrileños con cara de bobos en manos de una persona que no había sido votada, Ignacio González.

Los escándalos que le salpican más recientes son dos (de momento).La trama Gürtel, en la que la Unidad de Auxilio Judicial decía en el informe presentado al juez que “de forma habitual el contrato se ha fraccionado en varios servicios por cuantías menores a 12.020 euros para eludir el concurso” y así facilitar la adjudicación a dedo. Y el caso Púnica todavía pendiente y que se refiere a la financiación ilegal del partido.

Eso en su micromundo. Pero recordemos que Esperanza pertenece a uno de los dos grandes partidos que nos han gobernado casi toda la democracia (excepto los años de UCD). Si hay alguien responsable del desgaste institucional, del hastío y desconfianza de la gente de bien, son ellos. Los unos y los otros. Los casos de corrupción desde González hasta hoy, sin dejar a uno solo, independientemente de si uno aplicó tal medida económica más liberal, o el otro también, o si éste mejoró la libertad civil o no, todos ellos han sido ejemplos de negligencia. Tanto en lo referente a la corrupción, como a la manipulación de las instituciones diseñadas para salvaguardar la propia democracia y el imperio de la ley (por ejemplo, repartiéndose los componentes del Consejo General del Poder Judicial sin rubor).

Así que, Esperanza, el padre de todos estos podemitas es ese hastío generado por partidos como el tuyo, tanto a nivel nacional como autonómico y local. Eso te convierte tal vez en madre del hartazgo y abuela de los podemitas.

Al fondo a la derecha

Un día, la mayoría de los españoles, hartos de las mentiras de un gobierno inepto, decidieron daros una oportunidad. La herencia económica era mala, pero ya lo sabíais. Vuestro candidato ha estado ocho años perdiendo frente al partido socialista esperando el momento. Aunque solamente fuera por matar el aburrimiento, deberíais tenerles pillado el punto. Y eso es lo que parecía en el año 2009 cuando Rajoy espetaba a Zapatero “El mayor problema de la crisis económica es usted“.

También es cierto que el entorno económico europeo no acompañaba. Pero también lo sabíais. El propio Rajoy se mostraba verdaderamente preocupado por la credibilidad frente a nuestros socios europeos respecto a la capacidad española de pagar la deuda soberana el pasado mes de octubre, un mes antes de ganar las elecciones.

Y bien. Han pasado ocho meses, casi un embarazo completo. Y vuestras aptitudes para resolver los problemas económicos, financieros y sociales de España se han revelado insuficientes.

Os concedo los beneficios que queráis: fue de buena fe, os encantaría que hubiera servido de algo, pensásteis que vuestra idea era la salvación, lo hacíais por el bien de España… Lo que os parezca. Pero, queridos, es el momento de recoger la sombrilla, la nevera y levantar el campamento. Y pelillos a la mar. Nos damos la mano y hasta luego cocodrilo. Visto lo visto, no hay nada más que podáis hacer. Cuidáos y sed felices.

No olvidéis cerrar la puerta al salir.

Madurez política española: la adolescencia más larga.

Recuerdo a un amigo que, ante una disputa bastante pueril entre dos hombres ya maduros, doctos, leídos y sabidos, comentaba: “¡Qué adolescencia más larga!”.

Eso mismo pienso yo cuando observo desde la barrera no solamente la clase política, sino también la manera que tienen los ciudadanos españoles de abordar los temas políticos. Esta mañana he recibido una lista de políticos de diferentes partidos que están imputados en casos de corrupción. Ya la había visto. Son unos cien repartidos por toda la geografía española, incluidos los territorios insulares, que están bajo sospecha de haber cometido delitos diversos relacionados con su puesto en la administración.

La solución es tan fácil como dejar en suspenso la relación del presunto delincuente con el partido hasta que se aclare la cuestión. Pero los críticos de esta solución argumentan que de tomar esa medida, bastaría con que cualquiera acusase de lo que fuese a un político con cargo público para que tuviera que retirarse. Lo cierto es que es fácil imaginar a un político que tome decisiones opuestas a las propuestas por los partidos en la oposición y que “alguien”, con tal de desacreditarle, le endilgue algún tipo de corrupción, de esas que se tarda años en resolver.

Lo que nos faltaba, ciertamente. Sin embargo, lo que me provoca este tipo de actitudes, tan realistas, por desgracia, y que me bajan del guindo a marchas forzadas, es pensar qué tipo de gentuza está en los puestos de gestión. ¿No era que persiguen el bien común, el interés de la gente, dejando de lado intereses particulares y partidistas? Parece que no, que la política ha cambiado y ya no es así. Eso en el mejor de los casos. En el peor, tal vez la política siempre ha tenido esta naturaleza.

Bien, en ese caso, propongo que se lleve a cabo la medida sugerida más arriba: que se retiren de la política temporalmente aquellos políticos imputados. Como los españoles, en general, nos comportamos en política como si estuviéramos en el patio de un colegio, lo más probable es que todos o casi todos los políticos acaben retirados temporalmente de cargos públicos y con un poco de suerte, se llegará a la quiebra de este sistema político en el que parece que la manzana sana es, cada vez más, la excepción.

Sobre pensiones y pastillas

Hoy he publicado este artículo en la página del Instituto Juan de Mariana.
El anuncio del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, de las medidas referentes a la reforma de las pensiones en España ha revolucionado el gallinero. Mientras que unos tratan de salvar lo que tiene de positivo alargar la vida laboral, al menos en determinadas profesiones, otros, como Juan Ramón Rallo, insisten en recordar lo peligrosamente parecido que es nuestro sistema de reparto a la estafa piramidal tipo Ponzi o Madoff.
Una de las cosas que un buen maestro debe hacer con su pupilo es iniciarle en el oficio. En mi caso, mi maestro hizo lo propio en 1995 cuando publicamos conjuntamente un artículo titulado ‘Pobres viejos pobres’ en la Nueva Revista de Política, Cultura y Arte. Las conclusiones generales de aquel estudio se sostienen hoy en día. Sobre todo, la principal: el sistema de reparto ha puesto en peligro el futuro de los pensionistas del mañana. Otra de las conclusiones es que pasar de un sistema de reparto a uno de capitalización no es cosa fácil, las transiciones suelen ser siempre complicadas: si el sistema de reparto tiene una amplia cobertura de contingencias es difícil pasar a un sistema de capitalización que cubra todas ellas. Personalmente, aprendí lo complicado que es afirmar cosas a rajatabla cuando se trata un tema complejo que depende de muchas variables que cambian al mismo tiempo pero no necesariamente (y no, normalmente) como nosotros desearíamos. La propuesta del artículo es humilde: el análisis, país por país, de la alternativa privada, a pesar de ser cara y de necesitar un mercado financiero cuidado, para tratar de zafarnos del desastroso sistema de reparto.
Pero el enfoque sobre las medidas del gobierno que me parece más relevante es el que señala Gabriel Calzada en su artículo “Metiendo miedo con las pensiones”. Las pensiones, desde siempre, han sido un arma arrojadiza de la izquierda, empleada para atemorizar a quienes, después de una dura vida de trabajo, quieren retirarse con cierta tranquilidad económica. Y como se trata de una herramienta para ganar votos y titulares, el discurso puede cambiar de un año para otro. De ahí que de abril del 2008 a febrero del 2010 se haya pasado de estigmatizar al gobernador del Banco de España, a reclamar la necesidad de tomar medidas… las mismas que defendía Fernández Ordóñez o parecidas.
Claro que hay miedo intergeneracional ¿los jóvenes del día de mañana me pagarán mi retiro? ¿Qué hacen que no están teniendo miles de niños para asegurarme mi pensión, a mí que pago religiosamente mis impuestos para mantener a los mayores de hoy?
La cosa no es tan sencilla. Dependemos de las proyecciones a largo plazo que los expertos hacen sobre la población, y que suelen ser deficientes; del mercado de trabajo; del crecimiento económico; de los shocks económicos externos (seguimos viviendo, afortunadamente, en una economía globalizada). Es decir, no estamos planificando en un sistema cerrado, en un estado estacionario. Ni siquiera se aplican los incentivos adecuados para que se cumplan las previsiones que los expertos realizan.

Algunos consideran que la cosa va mal desde que las mujeres nos incorporamos al mercado de trabajo y que nosotras creemos que estábamos mejor viviendo como la generación de nuestras madres. Yo no comparto esa idea. Y que la opinión de algunas mujeres se eleve a la categoría de argumento me parece demagógico. La decisión de que la madre y el padre trabajen, la crianza de los hijos, el sustento de la familia, no son decisiones que se tomen en solitario sino en conjunto, y son privadas, así que en todo caso habría que ver qué hacemos las mujeres, si abandonamos el mercado laboral o no, y las razones. Ahora bien, ¿qué incentivos han tenido las familias (no las mujeres) para tener muchos hijos? Pues más bien pocos. Y no hablo, por supuesto, de subvenciones, sino de los valores de la comunidad. En unos casos se impide que las familia ‘atípicas’ críen hijos y en otros se valora el confort y la ‘realización’ de la mujer por encima de otras cuestiones.

Otro tema es si el sistema de pensiones actual está o no quebrado, y si va a quebrar. Y después de leer a unos y a otros me acuerdo de la escena de Matrix en la que Nemo tiene que decidir que pastilla tomarse (si tomas la pastilla azul despertarás en tu cama y te limitarás a creer lo que te interese creer). En mi opinión, la mente humana está preparada para tragar las mentiras cuanto más grandes, mejor. Puedo dudar del cambio que me da el frutero, pero si el gobierno dice que el sistema de pensiones goza de excelente salud seguro que es verdad. Y así, en el imaginario colectivo, es imposible que un país quiebre, si no hay un orden impuesto coactivamente llegamos al caos, y si no dejas que el Estado haga lo que quiera con tu dinero odias a los niños, a los ancianos, a los pobres y quieres la destrucción de la madre Tierra.
Una ronda de pastillas azules, por favor….
Categories Sin categoríaTags ,

El trampantojo socialista

Un trampantojo (o trampa ante el ojo) es una técnica pictórica que intenta engañar a la vista jugando con la perspectiva y otros efectos ópticos. Si algo ha quedado claro a lo largo del terrible año que hemos dejado atrás hace menos de una semana es que la política del presidente del Gobierno español es exactamente eso: un trampantojo. No creo que haya nadie que siga defendiendo la buena fe y el idealismo de Rodríguez Zapatero; es demasiado evidente que lo que anima cada movimiento de su equipo es engañar al público.
Desde la ley Sinde hasta las bombillas de Sebastián, pasando por las torpezas de las rubias de oro (Aído y Pajín), la sensación es que, más allá de su inicial pretensión de guiar el destino de España hacia algún lugar concreto, las medidas de Zapatero y sus muchachos responden estrictamente a un intento permanente de ocultar rotos y zurcidos. Las cortinas de humo, sin embargo, no han logrado evitar que los ojos europeos se fijen más en los datos del paro que en el “ingenioso” teléfono del maltratador; en el creciente endeudamiento público que en la alianza de civilizaciones. No hay que olvidar que las meteduras de pata en el ámbito internacional han ayudado a que la mirada de Europa se endurezca. La prensa europea ya barrunta algo de lo que nos espera. De manera que la pintura que trata de simular lo que no existe en el trampantojo de Zapatero es un Mr.Bean que enarbola grotescamente una banderita azul con un puñado de estrellas doradas formando un círculo.
Pero incluso si me equivoco y no se trata de un titánico esfuerzo de maquillaje y nuestro presidente tiene un objetivo prudente a la vista y la sana intención de guiarnos hacia él, no me vale. La intención es estéril en este ámbito, lo que sirve son los resultados. Y los de Zapatero son difícilmente empeorables.
Thomas Sowell explica en su libro A Conflict of Visions los diferentes resultados a que conducen dos visiones opuestas de la naturaleza humana, en concreto, aquella que contempla las limitaciones humanas como un dato más, y la que, por el contrario, considera que el ser humano es capaz de aprender de forma ilimitada. Para quienes defienden la primera opción, como Adam Smith, Edmund Burke o John Locke, lo mejor que podemos hacer es minimizar los errores a que conducen esos vicios, en vez de fijarnos metas inalcanzables. Su propuesta consiste en crear entornos y promover comportamientos virtuosos mediante los incentivos adecuados, incluso si de esa manera la virtud se ejerce sin intención. Por otro lado, quienes creen en la perfectibilidad ilimitada del ser humano, como Thomas Paine, Godwin, Rousseau o Condorcet, no aceptan más que el comportamiento virtuoso intencionado. Así se empeñan en desbrozar las causas de las guerras, la pobreza y el crimen, y en ofrecer una solución que lleve al comportamiento virtuoso de la sociedad.
Esta segunda corriente es la que inunda el pensamiento filosófico-político de nuestro país por obra y gracia de la Revolución Francesa. Para quienes se sientan atraídos (espero que momentáneamente) por esas ideas, simplemente quiero recordar que Robespierre esperaba acabar con el baño de sangre al que sometió a Francia tras los primeros momentos de la Revolución “cuando todo el pueblo se haya convertido en igualmente devoto de su patria y de sus leyes”. Esa es la realidad más extrema a la que conduce la visión no restringida de la naturaleza humana. Repito: la más extrema. Pero las menos son igualmente ineficientes. Y, en grandes rasgos, esa es la filosofía que subyace a la política socialista (de todos los partidos). Se trata de dirigir la moral ciudadana a golpe de ley, de restricción, erigiéndose en poseedor de soluciones, encaramado en la máxima soberbia que consiste en creer que uno sabe lo que los demás necesitan, anhelan, desean. Y, a partir de ahí, me da lo mismo si la ley pretende que seamos santos o que seamos demonios. Desde mi punto de vista, es una visión del hombre que lleva indefectiblemente al fracaso, por más que se presenten las mejores intenciones como tarjeta de visita.
¿La razón? La ley de las consecuencias no queridas, el orden espontáneo, la naturaleza imprevisible del hombre. En plata: que no se puede meter el mar en un vaso de agua. Lo otro, la planificación desde arriba, la ingeniería social, la hipocresía moral, llevan a lo que ya sabemos: a la erosión de la responsabilidad, a la disminución de la libertad real, a la perversión de las conciencias, a la expulsión de la moral individual.
Estamos avisados.