Populismo: todo lo que baja, sube.

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El pasado miércoles tuve la suerte de moderar uno de los paneles del Free Market Road Show de Madrid, organizado por el Austrian Economic Center y el Instituto Juan de Mariana. Se trataba de analizar el problema del populismo y del deterioro del estado de derecho con tres grandes personas: María Murillo y Enrique Ghersi de Perú y Carlos Rodríguez Braun de Argentaña (es tan argentino como español).

La idea principal del panel era que el abuso por parte de los partidos tradicionales deja a la gente de la calle, el votante medio, a los pies de los otros partidos, los de nuevo cuño. En España tenemos a UPD, Ciudadanos y Podemos. De los tres, el que tiene más tirón es Podemos porque es populista, es decir, promete sin escrúpulos lo que sea menester, regala el oído al votante, le justifica su enojo y su indignación, y una vez en el poder, se perpetúa hasta el infinito y más allá. Y eso lo hacen partidos populistas de izquierda y derecha. No importa que la historia reciente muestre los desaguisados perpetrados por estos gobiernos populistas, los asaltos impunes a las libertades de los ciudadanos, los desastres económicos que dejan a su paso. La gente no necesita que le hablen de moderación y serenidad, por eso le fue tan mal a UPD. El pueblo necesita que alguien grite su cabreo, que alguien diga que son unos ladrones. Tampoco importa que todos sospecháramos en unos casos y supiéramos en otros, que aquello olía a podrido. No importa que los votantes siguieran eligiendo a los mismos en Valencia y en Andalucía. Ahora lo que necesitamos es que alguien apadrine nuestra rabia y exculpe nuestras elecciones miedosas. Así es como llegaron los más famosos populistas al poder. Luego vino la patada a la Constitución, la mordaza, y todo lo demás. ¿Cómo salir de ello?

María Murillo sostiene que solamente cuando la sociedad ha pisado fondo se da cuenta de que no puede pasar un día más con esa gente en el gobierno. Y así se fueron los Kirchner, así se frenó a Evo Morales y así se plantó cara a Maduro. A pesar del fraude electoral, de la manipulación de las estadísticas, se ha hecho sin revoluciones. Parece que solo nos salvará la miseria ¿Eso es lo que tiene que pasar a una sociedad anestesiada y con el estómago lleno? No me imagino cuánto tiempo tardaríamos en echar a Pablo Iglesias de la Moncloa si llega a ser presidente.

Afortunadamente, Carlos Rodríguez Braun recordaba que la pertenencia a la Unión Europea va a ser un freno enorme a que Podemos se exceda al estilo Maduro. Si no pagamos la deuda, si no hacemos las reformas prometidas, si nos encaminamos hacia el abismo en el que está Grecia ¿lo van a consentir nuestros socios europeos? Y no sé qué me da más miedo, la muerte súbita bolivariana, que sería rápida porque nosotros no tenemos petróleo, o los efectos de un proyecto híbrido, “europeizado”, podemita que acabe con la sociedad desangrándola lentamente.

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La cirrosis populista

urgencias

Populismo. Si tomamos la definición de la Real Academia, el liberalismo es lo más populista del mundo. Defiende como nadie los intereses del pueblo, de todos y, en especial, de cada uno de los miembros de ese pueblo. Y persigue que cada cual obtenga lo que considere sin violencia de por medio. Sí, mediante el mercado. Allá donde no queremos balas, intercambiemos bienes. Pero eso ya no es más el populismo. Ahora, el populismo del siglo XXI es la pretendida ideología que persigue el poder sobre el pueblo para, en lugar de dejar que éste persiga sus propios intereses, conseguir que un puñado de salvapatrias no logren esos intereses, pero sí el favor popular repartiendo estratégicamente, de manera que su permanencia en el poder se alargue hasta el infinito y más allá. Se maneja con cuatro slogans sin solidez, del tipo “el rico es malo”, repetidos desde las residencias presidenciales o las poltronas de los parlamentos, por gente que se enriquece. Y cuando ya son los más ricos y se les apunta, entonces aclaran, “¡No! el otro rico es el malo…” un poco como Les Luthiers y su “pobre desgraciado”.

Leo en Facebook que Borges dijo una vez que los peronistas son gente que se hacen pasar por peronista para sacar ventaja. Esa sería la definición de populista moderno. Tal vez añadiría, con permiso del maestro, “para sacar ventaja del hígado de la clase media a base de impuestos”. Pero lo cierto es que, nos guste o no, es un mensaje que ha calado y que viene ya en el ADN de las nuevas generaciones. Incluso si sucede lo imposible y populismo retrocede, de verdad, quedarán supuestos populistas en las venas de la política, como residuos nucleares imposibles de eliminar del todo. Imaginemos el escenario. La presidenta del nuevo gobierno, pongamos, Gloria Álvarez, (con todo mi cariño, Gloria), se hace cargo del gobierno de nuestro país imaginario. Nunca le dejarían poner en marcha un paquete de medidas de política económica liberal el tiempo necesario para que funcionase (al estilo Balcerovic), por razones clarísimas: vamos a morir todos, el cielo se va a desplomar sobre nuestras cabezas, nos van a invadir los marcianos… Por el contrario, vamos a pedirle a Gloria que haga alguna cosita para abrir los mercados, algo aceptable, que quede bien, y que además, mantenga todo el sistema de corsés anti-libertad que no dejan respirar a los mercados y que explican que no nos llegue la sangre económica al cerebro político. Y a continuación, Gloria sería destituída y todo el mundo diría “¿Ves? Solamente funciona el populismo”. Porque le puedes añadir agua al vino, que sigue siendo vino. Y el populismo aguado con retoques de libre mercado es populismo. Y diría más. Las medidas liberales que se aplican de mala manera y sin cuidado para sacar ventaja también es populismo. Disfrazado de seda, pero populismo.

Y, hay que tener esto muy claro, se trata de gobernar de una manera diferente, no populista, a una sociedad que lo es y no quiere dejar de serlo. Ese es el reto. En Latinoamérica y en la Europa Mediterránea, claramente. Y cada vez más en el resto del mundo. Parece que a la gente le sigue mereciendo la pena no hacerse responsable ni de sus actos ni de su patrimonio. ¿Hasta cuando?

La esperanza de vida del populismo es variable y está directamente relacionado con el aguante del hígado de la clase media.

El amo del castillo (dedicado a Rafael Correa)

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“Para tener enemigos no hace falta declarar una guerra; solo basta con decir lo que se piensa”. Martin Luther King

 

Nada más bajar del avión encendí el móvil y conecté la recepción de datos. Esperaba mensajes de familiares, alguna mención en Facebook de amigos latinoamericanos con los que acababa de compartir un seminario en Cuernavaca, y poco más.

Pero resultó que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, tuvo a bien mandarme este comentario en Twitter:  Por favor, lea bien mis declaraciones para que no haga el ridículo. Un abrazo desde la tierra de la esperanza, Latinoamérica.

E inmediatamente después una horda de correístas me dedicaban todo tipo de improperios (el que más me gustó fue sátrapa internacional) aludiendo a mi ignorancia, entre otras cosas. No es extraño, solamente es una muestra de la cantidad de lamebotas que hay también en Ecuador.

El presidente, a diferencia de sus fanboys, con toda educación me instaba a leer sus declaraciones. Todo empezó porque yo había hecho un comentario acerca de una fotografía que ilustraba el siguiente titular: @MashiRafael asegura que decisión de la OPEP pretende perjudicar a #Ecuador, #Rusia y #Vzla►ow.ly/VwEnP pic.twitter.com/fhwOJ0tlhh

En vista de lo cual, decidí buscar la noticia, no fuera a ser que Rafael tuviera razón, el titular malinterpretara las declaraciones y yo estuviera en un error. Tampoco habría pasado nada: me enseñaron a disculparme desde niña. Pero no es el caso. Porque esto es lo que dicen todos los periódicos en entrecomillado, es decir, transcribiendo las declaraciones de Correa en Francia:

“Lo de la OPEP es incomprensible. Sólo se puede entender desde un punto de vista geopolítico. Perjudicar a Irán, perjudicar a Rusia, perjudicar a Venezuela, probablemente a Ecuador, y beneficiar a Estados Unidos, que está en año preelectoral”, señaló el mandatario a su vuelta de su viaje oficial a Francia.

Señor presidente, ¿me podría aclarar a qué declaraciones se refiere? No espero, desde luego, que sus esbirros, se disculpen. Pero sí creo que usted o su community manager, deberían ser más rigurosos con la verdad. Porque lo cierto es que usted ha escandalizado a la opinión internacional por su ataque contra la libertad de expresión, juega con la idea de acabar con la dolarización para poder devaluar (y seguir gastando), muy a pesar suyo ha tenido que posponer la idea de que su permanencia en el poder sea aprobado por la Constitución, y es un dictador con vestiduras democráticas, con más formación que los demás presidentes bolivarianos, pero imponiendo las mismas políticas populistas.

Le insto a que observe lo que ha pasado en Argentina y Venezuela (¿ha felicitado ya al pueblo de cada uno de esos países por la liberación?). Sobre todo, fíjese la pobreza en que han quedado fruto de unas políticas populistas como las suyas. Dé una oportunidad a la libre empresa ecuatoriana. Haga de Ecuador el país que los ecuatorianos se merece: rico, libre, abierto. ¿Por qué no?

Yo entiendo que usted llegó al poder a hombros de corruptos, y me refiero a los gobiernos corruptos anteriores al suyo que hartaron al pueblo y le encumbraron a usted como alternativa. Es curioso que sea el mismo caso que en otros países bolivarianos. ¿Por qué no ser el primer caso en el que un presidente populista decirde aplicar políticas diferentes y devolver las riendas de su vida a los ecuatorianos, y dejar que el gobierno asuma la responsabilidad subsidiaria con los más necesitados? Sería un ejemplo para todos, empezando por España. Y desde luego, Latinoamérica se configuraría, como usted sugiere, como la tierra de la esperanza, que ya empieza a ser después de la caída de Cristina y Maduro.

Yo le deseo libertad y prosperidad a su país y a toda Latinoamérica.