Palabras mayores

realidad

Hablo con una amiga que lee Afrodita desenmascarada. Y de la conversación me brotan de nuevo las ganas de escribir sobre lo que de verdad me apetece, sobre lo que se me cruza por la cabeza. Sea o no política, sea o no economía, siempre será sobre algo humano. Sobre la emoción de un nuevo proyecto (siempre hay uno en el horizonte, como mínimo), sobre la frustración de la comunicación, sobre la inutilidad de los “nunca-suficientemente-alabados” avances de la ciencia. Curamos el cuerpo, y no siempre, y no sabemos casi nada de lo más divertido de la mente, ni podemos demostrar casi nada de lo que no es meramente carne, huesos y sangre. Hacemos volar cohetes espaciales y no sabemos qué aconsejar a un alumno de primer curso que no sabe qué quiere hacer con su vida. Teoría de sistemas, psicología de las finanzas, fragilidad de las instituciones… y al final, estudies lo que estudies, leas lo que leas, te vas a la cama con la sensación de que la solución va por otro lado, por un sitio que ninguno de nosotros ni siquiera adivinamos, que no llegamos a sospechas de lo sencilla que es. Y mientras tratamos de acertar, nos entretenemos haciendo lo que podemos, justificándonos, exhibiéndonos u ocultándonos, y consintiéndonos un poquito de verdad, la real, la que reside en la belleza, de la que hablo con Ricardo, la que perciben los niños, la que nos calma la ansiedad. La única verdad.

Y ahora llamadme hereje. Qué le vamos a hacer. Un beso, Cecilia.