La ausencia

ausencia

Se me ocurre una idea para una entrada en el blog. Y en lo que lo abro… se va… ¿dónde se va? al mismo sitio que los calcetines que se traga la lavadora… al mismo sitio que los momentos perdidos… al mismo sitio que las horas no dormidas, los sueños no recordados y la cordura cuando se pierde aunque sea por un instante….

Es el lugar que algunos llaman eternidad. Porque cuando uno pierde la cordura por un instante ya no se olvida ese momento. Incluso una vez recuperada la sensatez y el equilibrio, el recuerdo de la espiral oscura en la que entra la mente, la visión tenebrosa de uno mismo al otro lado del espejo del dolor, permanece dentro de nosotros para siempre.

En esa eternidad, ese plano en el que no existe tiempo ni espacio, compuesto por algo que ignoramos, que intuimos, pero que no conocemos, algo en lo que solo se puede tener fe, religiosa o no, no encontramos un sitio, no nos sentimos a gusto. Casi nos aterra. Nos agarramos a los calcetines que se quedaron, al recuerdo de los momentos vividos y al equilibrio ficticio que nos rodea. Y lo sancionamos con totems que muestren a los demás que fue real. Guardamos cartas, fotografías, contratos, anillos… nos apresuramos a seguir las pautas que hacen de nosotros gente normal… escribimos los sueños para que no caigan en el olvido. ¿Pero qué pasa con lo que no es registrable?

La ausencia que duele tanto deja paso al olvido suavemente. Se desdibujan los rostros, se pierden las palabras, se modifican los recuerdos, y un día, sin darte cuenta, ya no lo recuerdas más. Solamente a veces, cuando un pequeño detalle, un olor, una canción, te sacuden la memoria, aparece de nuevo el recuerdo, deslucido, en medio de la bruma del tiempo, inoportuno, para decirte que has olvidado aquello que en un instante de tu vida era el presente.