#youtoo

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El pasado 14 de octubre la Academia de Hollywood expulsaba al productor Harvey Weinstein debido al escándalo en el que se ha visto envuelto tras ser acusado por diversas actrices de acoso y abuso sexual.

A partir de ahí se puso en marcha una campaña para visibilizar el acoso y el abuso sexual a mujeres que durante décadas han permanecido en silencio. La respuesta a la campaña ha sido espectacular. Muchísimas mujeres, con el hashtag #metoo (yo también, en español) han contado la terrible experiencia que sufrieron hace años, o meses, o ayer. Mujeres del mundo del cine, de la moda, mujeres conocidas y anónimas han participado abiertamente. Incluso otras muchas que no sufrieron abusos han puesto el hashtag #metoo y han manifestado su apoyo. Lo he visto hasta en hombres cuya intención era aportar su granito de arena y sumarse a la causa.

Pero me pregunto cuál es esa causa. Porque si se trata de evitar que sigan sucediendo esas situaciones, en silencio, con la complicidad de hombres y mujeres, en el trabajo o en la familia, creo que esta campaña no lo va a lograr. ¿Por qué? Porque el culpable queda en la sombra. No fue el caso de Weinstein, quien fue señalado por actices concretas que contaron lo que pasó y cuándo. Eso es efectivo. Eso permite que se tomen medidas, que haya repudio social contra personas concretas. Pero ¿de qué sirve levantar la mano y decir que abusaron de ti o te acosaron pero no dices quién? Sirve para seguir dándole poder al que te hizo eso. Sirve para perpetuar el silencio. Sirve para trasnmitir el mensaje de que no hay que avergonzarse pero el culpable no va a pagar por ello. Desde mi punto de vista es una manera de dar un paso hacia adelante pero no se soluciona lo que se pretendía.

Entiendo que ante un hecho semejante, una persona está en su perfecto derecho de, por las razones que sean, decidir no contarlo. Puede ser que no sea bueno para su recuperación. O no de momento. Hay infinidad de razones en las que no voy a entrar porque no es ese el tema, y sobre las que nadie tiene derecho a hacer un juicio de valor. Y entonces decide solucionar las consecuencias por su cuenta, acudir a terapia, contarlo a personas concretas sin hacerlo público. Todo eso me parece más que respetable. Pero si decides denunciar el silencio cómplice,  decir #youtoo (tú también) señalando a quien abusó, es mucho mejor que #metoo y seguir permitiendo que el silencio y el miedo sean la garantía de inmunidad de quien te hirió.

Más allá de las intenciones: los hechos de Los Jordis

Ayer escribía en las redes que son contraria al delito de odio porque son los actos los que pueden ser constitutivos de delito. No las intenciones. Y tuve que aclarar que a los Jordis se les ha encarcelado preventivamente por sus actos, no por sus sentimientos. Ahora añado que tampoco se les ha encarcelado por manifestarse, sino por organizar activamente una revuelta violenta, con empujones, con daños materiales a varios coches de la Guardia Civil y con la retención de una letrada de la Administración de Justicia, y un grupo de agentes desde las 22:00 hasta las 7:00 am del día siguiente. Y dejo partes del texto del auto.

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La maldición equidistante

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Cada vez que una se retira, da un paso atrás para observar o para reflexionar. Cada vez que presento mis respetos junto con mis dudas al respetable público en las redes sociales. Cada vez que un tema me resulta demasiado complicado y me doy cuenta que opinar trae consigo un alto riesgo de patinar por ignorancia, alguien me desprecia porque interpretan que no me mojo, no me muestro, no me sitúo en ningún lado de la frontera. Soy «equidistante». Equidistante entre comillas porque es un insulto. Y te citan el versículo donde Dios vomitaba a los tibios. Y sacan pecho con su bandera (una o la otra) orgullosos porque ellos sí saben qué es lo correcto, dónde está la justicia y la verdad.

A todos vosotros os tengo que decir con todo respeto que no me importa nada vuestra mirada, vuestra reprobación y vuestro desprecio. Me da igual. Y voy a seguir dándole vueltas y preguntando, leyendo, analizando el tiempo que necesite o me dé la gana. Gritad lo que queráis vuestras consignas.

Yo hoy, sábado 7 de octubre, no estoy con mi bandera española en la plaza de Colón en Madrid, no solamente porque estoy en Jaén, sino porque mi corazón no está ahí, está aquí con mi familia. Pero mañana mi corazón estará en Barcelona. Con Felix Ovejero y aquellos catalanes que han permanecido callados e ignorados durante mucho tiempo. Los que no han votado el referéndum. Los que se quedaron huérfanos de partido político (socialistas y peperos) y trataron de unirse para crear una plataforma nueva y diferente. Y lo lograron. Y pasó lo que fuera después, pero lo hicieron.

Tengo amigos independentistas convencidos, como Marco Bassani, que casi me convence. Y les respeto. Como respeto a quienes creen en la unidad de España ciegamente. He dicho varias veces que mi modelo sería una España federal, sin escupirnos a la cara.

Pero más allá de los modelos ideales, de plantearse si la secesión es un derecho o no, hay algo que parece que olvidamos. La situación de los catalanes no nacionalistas ha llegado a límites insoportables. El que las empresas estén trasladándose muestra hasta dónde las cosas van en serio. Que haya profesores como Félix y tantos otros que estén pasándolo mal, ciudadanos de a pie, que tienen miedo, medios de comunicación, que no menciono por si las moscas, cuyos directores, amigos también, te cuentan el estado de terror que viven, cómo la arbitrariedad  ha tomado el poder, es un completo sinsentido.

Pero esa situación no ha sobrevenido de la noche a la mañana. Es el fruto de años en los que estos catalanes han estado completamente abandonados y olvidados. Cuando vi al rey decirles «No estáis solos», pensé que le faltó añadir «no como hasta ahora». Porque mientras los políticos del PP y del PSOE negociaban con los políticos nacionalistas y les daban más dinero y más poder, esta buena gente veía cómo caía el nivel de oxígeno y cada vez les resultaba más difícil respirar. Sentían la presión y la represión en sus trabajos, en la administración y se defendían o callaban, completamente solos. Muchos de los que hoy estaban con la banderita han votado una vez y otra a todos esos políticos del PP y del PSOE que perseguían victorias electorales y gobernaban «para todos» excepto para ellos, los catalanes olvidados.

Y por eso mi corazón mañana estará manifestándose con ellos. Estaré allí con mis dudas, mi necesidad de conocer, de escuchar, mi defensa de la ley y de la necesidad de que se modifique porque está al servicio de la sociedad y no al revés, y con mi idea de que la secesión debería ser algo posible. No así, desde luego, pero posible. Una secesión votada con garantías, sin pisotear a la mayoría silenciosa que mañana sale, por primera vez y se expresa. Sean tres o tres millones, estaré allí.