Incitar al odio, el caso de Barbijaputa

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“¡Qué tipo tan detestable! (NO INCITA AL ODIO). Tiene una manera de hablar tan altiva que dan ganas de matarle (SÍ INCITA AL ODIO)”.

Si opino de alguien no incito al odio, si sugiero una agresión contra él, sí. A la bloguera más odiada por unos y más seguida por otros, le parece que en Paracuellos hay poca gente. Todos supusimos que se refería a que tenían que haber matado más gente, no parecía querer decir nada de la demografía del pueblo de Belén Esteban. Lo que dijo es una barbaridad. Y la gente que tenga muertos en Paracuellos no estará muy contenta con esa frase.

También es anti-sionista. Yo no soy judía, ni pro, ni contra, ni me defino en función de los países a los que apoyo. Adorar a Estados Unidos o a Mozambique me parece una estupidez. Puedo estar de acuerdo con lo que hacen las personas, los presidentes de esos países, puedo estudiar la eficiencia de las leyes que se aprueban, parecerme bien o mal el resultado de una elecciones aunque no sean mis elecciones… pero Estados Unidos no tiene alma. La tienen los estadounidenses. Ser anti sionista implica no estar de acuerdo con la aparición del Estado de Israel. Hasta ahí no veo nada reprobable (tanto si discrepo como si no). Desear que el Holocausto hubiera sido aún más masivo o dudar de su existencia es ofensivo para las víctimas, sus familiares, para los simpatizantes, amigos y demás. A mí me repugna. Pero no sé si merece la cárcel alguien por un delito consistente en pensar, en tener una opinión. Yo puedo desear la muerte de alguien, expresarlo en alto y no hacerlo jamás, ni tener intención REAL de hacerlo. No creo que hayan aumentado los crímenes contra judíos sionistas por sus tuits, ni ningún comunista ha pensado abrir otra fosa para llenarla con gente de ideología diferente. No creo que se hayan formado comandos por su culpa.

Finalmente, hay que contar con el efecto “soy la que más epato y mis casi 180 mil seguidores están encantados siendo escandalizados o viendo cómo los demás se sienten escandalizados”. Se llama provocación. Y como dice Gabriela Bustelo, la derecha siempre ha sido experta en crear sus Frankensteins, sin querer, además.Ya hay que ser torpe.

No tiene cargo público, tiene perfil anónimo y su nombre y lema dejan claro qué se va a encontrar uno si la sigues.

Pues no la sigas.

One thought on “Incitar al odio, el caso de Barbijaputa

  1. ¡Ah, vaya!, tu tambien la conoces, jojojojojooo, yo lo que hice con esta nauseabunda ameba es dejarla unas cuantas “lindezas” de las mias (yo puedo ser aun mas salvaje que ella cuando me pongo a ello) y después bloquearla, además de denunciarle la cuenta.

    Ahora que me busque, me da igual, si aparece con otra cuenta, la vuelvo a bloquear y punto pelota.

    Salud.

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