When the mob rules…

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Hoy he publicado un artículo en Voz Pópuli con un cariz diferente al resto. Hay veces que además de analizar lo que sucede en la economía o en la arena política, hay que hacer un poco de repaso a lo que sucede en casa, en concreto, lo que pasa con quienes escribimos, sea como articulistas, sea como foreros. Y por la misma razón que alabo o critico a un autor o a otro, no veo porqué iba a ser diferente con los comentarios a los blogs periodísticos.

Ya sé que en este país, lo que mola es señalar el roto en el calcetín de otro, pero escuece que te digan de qué adoleces tú. Personalmente, agradezco las críticas, las tengo en cuenta (aunque por mi torpeza no se note), y creo que forma parte de la exposición implícita de dedicarse a escribir para que te lean. Es un oficio al que me dedico porque me gusta y que me gusta, entre otras cosas, porque es una fuente inagotable de aprendizaje.

Llevo peor las críticas a las personas que valoro y que leo. En el comentario que he dejado en mi propio artículo nombro algunos: Lacalle, López Zafra, Müller, Laborda, Mendi, Antonio España, Rallo, Rodríguez Braun, Luis I. Gómez, Santiago González, me falta McCoy… incluyo a José Carlos Díez, con quien discrepo y que creo que es un tipo equivocado pero serio. Leo muchos más. Soy hiperactiva y voraz. Nombro a éstos porque, por lo que sea, a veces amistad (lo que me hace sentir una privilegada), sé que preparan cada dato con cuidado y miden las frases, preguntan dudas, consultan. Puedes estar de acuerdo o no con ellos. Puedes ser anti fracking, pro deuda, pro subida de impuestos: eso no te hace peor persona. Pero si vas a criticar a estos señores, sé tan honesto como ellos.

Normalmente, las mismas personas que insultan y argumentan con falacias son los que compran las políticas simplonas y populistas que, desde hace tiempo, muchos llamamos “política de unicornios para todos” (y de ahí la última frase de mi artículo… ¡Otra ronda de unicornios!). Y eso es lo que me llama la atención, lo que me preocupa y lo que me llevó a escribir un artículo “distinto”.

Y como hay que ser humilde, pido disculpas, porque supongo que quienes me dicen:

  • es verdad parte de lo que dice, como casi toda verdad, contiene un tanto de mentira y en su caso, además, deja entrever un “cierto” desprecio a los que opinan en los articulos o de la materia que se trate en el, algo así como “a mi me lo va Vd. a decir”.
  • Pues llamar a esta rabieta de quinceañera “artículo” también me parece demasiado. Desahóguese en el Psicólogo y como economista explique sus ideas y aporte datos, que es precisamente lo que no ha hecho aquí.
  • No he entendido muy bien cual es su mensaje concreto, ahora, al menos espero que se haya quedado a gusto en su desahogo.

… lo hacen porque me he explicado fatal y no ha quedado claro que cuando escuchamos a los necios, es la masa la que nos guía hacia el abismo.

Mi mensaje es éste: ábranse de orejas, afilen sus argumentos, plantéense qué pasa si estos señores que hacen daño con sus denuncias tienen razón. Qué pasa si el déficit tarifario es culpa de la planificación, qué pasa si la burbuja de deuda va a mermar nuestro presente y lastrar nuestro futuro, si el comité de expertos de pensiones está mal parido desde el principio. Para quienes he nombrado, esto no es un juego ni estamos aquí para salir en la tele. Y para los que vivimos a ras de calle, la cosa es seria también. La mentalidad de la sociedad, empezando por la mía, tiene que cambiar, no vale entregar el arco y las flechas a quienes nos han embarrancado. Hay que pensar si el escozor de las palabras de quienes denuncian no se debe a que para sanar la herida necesitamos una cura. De humildad para empezar. Este país, poseído por el espíritu de Fuenteovejuna, criticón, presuntuoso, indolente, tiene sobre sus espaldas un peñasco del tamaño de una catedral que tiene que subir a la montaña. Es la economía. Para conseguirlo, ya no vale con “esto está sesgado”, “este tipo está al servicio del capital”, “porque tú lo digas”… Vale aprender. Y para aprender hay que hacer sitio a las duras palabras de quienes nos muestran nuestra propia faz en un espejo. No mirar no hace que desaparezca.

La alternativa es más indolencia. Y un abismo al que vamos a tirar la posibilidad de salir adelante de las próximas generaciones. Antes de continuar denostando al que le toca bailar con la más fea y de seguir al populista, pensemos a dónde nos lleva escuchar a los necios. Qué significa que sea la masa la que domina: cuántos emperadores desnudos por la calle, cuántos árboles del ahorcado y, después del diluvio, cuántos lamentos del estilo “esto no era”.

 

2 thoughts on “When the mob rules…

  1. María, agradezco mucho tus artículos y tus twits, la desnudez de tu pensamiento al escribirlos te hacen digna sucesora de Lady Godiva. Por mucho que lo intentes, por desgracia, los que no quieren entender nunca lo harán y no dudarán en asomarse a la ventana a tu paso para verte desnuda. Las consecuencias ya las sabemos, pero estos son ciegos ya de serie, no es culpa tuya.

    Saludos y gracias.

  2. Pues si, tienes toda la razón, escuchar a los necios es garantía de caerse por el abismo, pero yo diría más; muchas veces nos nubla la pasión, la adrenalina hace que nos sintamos reconfortados con decisiones fuertes, extremas, radicales, inadecuadas a la situación que vivimos, pero movidas por la pasión, tensión, de la crisis. En suma tienes toda la razón en lo que expresas y lo que nos hace falta, desde mi punto de vista es sosiego y brío; algo que en España, en los españoles, casi nunca va junto, o lo uno o lo otro; y hacen falta ambos.

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