Automatic for the People (IV)

En el artículo original del 2010, “Growth in the time of debt”, Rogoff y Reinhart explican que sus resultados se basan en datos de 44 países en un período que abarca alrededor de 200 años; en suma, los datos incorporan unas 3.700 observaciones anuales y cubren un amplio rango de sistemas políticos, instituciones, tipos de cambio, acuerdos monetarios y circunstancias históricas. Impresionante, ¿no?

Y resulta que está plagado de errores, que metodológicamente es cuestionable y que se han columpiado sugiriendo correlación en sus conclusiones y en sus explicaciones. Para colmo, detectado el problema, la reacción de los autores no ha sido exactamente ejemplar, sino que han tratado de escaquearse y su respuesta no ha satisfecho ni a sus más devotos fieles. El problema de convertirse en gurú es que pierdes humildad científica, base de la buena ciencia.

Las reacciones no se han hecho esperar. Los gurús del otro lado de la orilla han cargado sus plumas y atacado lo menos punible: la tendencia que establecen Rogoff y Reinhart entre crecimiento de la deuda y crecimiento económico. Una tendencia que no impide que, como apuntaba John Müller en su comentario en El Mundo, en Chile, en un momento de la historia reciente, concreto y determinado, el crecimiento de la economía era considerable y la deuda estaba mucho más alta del umbral del 90%. No sé seguro si ese crecimiento permitió devolver lo adeudado. Pero supongamos que es así.

Ni los problemas de los datos al fijar el umbral ni el ejemplo de Chile desmienten la tendencia. Porque una tendencia no marca una pauta fija sino un comportamiento probable. La economía, efectivamente, es una ciencia social que estudia fenómenos complejos. Existen leyes económicas y existen soluciones de esquina. Cuando uno estudia economía, te encuentras con cosas como la función de demanda, la función de utilidad total y marginal, y las curvas de indiferencia. Cuando te explican qué son las curvas de indiferencia, funciones continuas y decrecientes, el profesor, si es riguroso, te cuenta también, que hay casos en los que puede dejar de consumirse uno de los dos bienes y se produce lo que se llama solución de esquina. También Alfred Marshall explicó que las curvas de oferta a largo plazo pueden tener una pendiente diferente a la “normal”, y otros economistas han descrito en qué situaciones la curva de oferta de trabajo se curva hacia atrás a medida que aumenta el salario, para niveles salariales muy altos. Es decir, hay que ser flexible para no perder de vista el significado económico del modelo. Se trata de explicar el comportamiento humano, dinámico e impredecible.

Sin entrar en el empleo de las matemáticas en los modelos de teoría económica, que daría para muchísimo, sí quiero centrarme en cómo ese “caballo cojo” en el que caminan los gurús de la política económica, se nos ha puesto de manos y nos ha pisado la cabeza.

No se debería aprovechar, como ha hecho Krugman, gurú de gurúes, para hacer sangre y cuestionar el resultado, no de este artículo, o de otros de estos economistas, sino el trabajo de otros muchos autores que han demostrado lo peligroso que es para el crecimiento económico recurrir a la deuda pública. Pero en eso nos hemos quedado. En el dedo, no en la luna. Y leo, uno tras otro, artículos poniendo en cuestión las perversas intenciones de la Comisión Europea que al parecer se agarra a cualquier cosa para imponer su criterio.

Lo verdaderamente llamativo es que Rogoff y Reinhardt, curtidos, con experiencia en el tema, se hayan despistado tanto. Parte de la profesión se ha llegado a plantear si no habrá sido adrede. Las razones se me escapan. Mi malicia no da para tanto. Otra parte se ha levantado blandiendo otros artículos de diferentes autores que sostienen la mayor: que no podemos crecer apoyándonos en el endeudamiento sistemático.

Mi opinión al respecto, sin ser muy economista, dado que mi tesis fue sobre metodología, enseño Historia del Pensamiento Económico y Políticas Públicas, y que me dedico a investigar sobre Neuroeconomía y sobre economía y literatura, lo que hace de mí la anti-candidata a gurú, es muy pobre, como era de esperar.

Tranquilos, no voy a publicar otro libro sobre la crisis. Va a ser más breve y menos lucrativo. Y ese es un punto a tener en cuenta. Cuánto árbol sacrificado en aras de explicar la crisis financiera, la recesión y las soluciones. En plural. Porque las hay de todos los colores. Y pregunten en la calle: no está más claro todo, sino menos.

 

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