La culpa es de las sillas

El sedentarismo. Uno de los males de nuestro tiempo. Pero, tranquilos. Coca-Cola tiene la solución. Nos la cuenta en su nuevo anuncio. Un sillón de jefe en cuero negro se gira y le explica amenazadoramente a un joven con aspecto de buscar empleo, que ellos tienen el poder, que nos dominan en todos los ámbitos de nuestra vida, que silenciosamente manejan nuestros quehaceres y marcan nuestro camino. Ellos… las sillas. Y el joven, valiente, responde con una pregunta lanzada al aire como la piedra que David, con su honda, lanzó al gigante Goliath derrotándole. “¿Y si nos levantamos?”

Y con ese gesto, la humanidad combate el sedentarismo.

Sin embargo, me pregunto si esa rebeldía no es pura apariencia. Porque no tiene mucho sentido que los objetos manipulen la vida de las personas. Y menos los objetos útiles, como las sillas. Echar la culpa a las sillas de la desidia y la molicie de los individuos es una trampa como una catedral. No hay que combatir a las sillas y acabar con ellas, como se explica en el blog de Coca-Cola, hay que dominar la pereza, hay que doblegar la voluntad. Y eso no se logra desplazando la responsabilidad de cada cual a la silla, la cama, el chocolate o la panceta de cerdo. Eso se logra asumiendo lo que nos corresponde a cada cual, y utilizando la razón y la voluntad para usar adecuadamente las sillas, las camas, el chocolate y la panceta de cerdo.

Y así nos va. Echando la culpa al mercado, al dinero, y a cualquiera menos a nosotros, ciudadanos y votantes.

Eso sí, bebe Coca-Cola. Agua, no. Coca-Cola. Sin parar.

 

2 thoughts on “La culpa es de las sillas

  1. Sin duda alguna la culpa no es de la silla. Pero tampoco lo es de la pereza. Cubres una trampa con otra. No es pereza concluir que no es justo trabajar como un animal, para enriquecer a multimillonarios cuya única aportación, totalmente improductiva, es dinero expoliado a los que generan la riqueza que da valor a ese dinero.

    El problema siempre es llevado al mismo terreno: Legitimar un reparto injusto de la generación de riqueza, expropiando a quienes la generan, simple y llanamente por un mero problema de indefensión y desamparo, legal y político, impuesto por los amos del dinero.

    Lo que antaño eran amos, negreros y esclavos, ahora siguen siendo los mismos amos, negreros y esclavos… con CocaColas en lugar de botijos.

    Es el único cambio.

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