La salud de la espalda nacional

Recuerdo a José Luis López Vazquez interpretando a Fernando Galindo en Atraco a las tres, inclinándose con intensidad y rapidez ante una mujer. “Fernando Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo…”.

Ese es el espíritu que invade nuestra colmena. La reverencia. Da igual que sea ante un par de tetas que ante un secretario del ayuntamiento. La reverencia. Una reverencia fulminante, de las que pone el tronco en ángulo de 90 grados con las extremidades inferiores y perfectamente paralelo al suelo, en décimas de segundo. Y así no se puede, oiga.

Porque la espalda sufre. Y, al fin y al cabo, es la que vertebra el cuerpo, lo mantiene erguido, le permite caminar, alzar la mirada y ver el horizonte.

Por la misma razón, ese afán social de reverenciar al que tiene la gorra de jefe es insano. Quienes denostan ahora a Bárcenas, o a Pepiño con el caso Faisán, o alguno de estos mangantes a los que se les vota mayoritariamente, en plena libertad, en un acto de responsabilidad democrática y todas esas milongas… esos, esos… perdían la camisa por acercarse y reverenciar al tipo cuando aún no se les había pillado. Y en las copichuelas post-inauguración, o post-acto del partido, o post-loquesea, se acercaban con sonrisa y estrechaban la mano del que ahora insultan. Da igual que se trate de Zapatero, Aznar, el de la diputación o el de nuevas generaciones… ¿tiene “mando”? Pues eso. Reverencia al canto.

Y lo peor. Cuando se destapan casos faisanes, Bárcenas, y demás, España se queda huérfana de caciques a los que reverenciar. Ya está bien ¿no? Igual es mejor decir hola con la manita. Por lo de caminar erguidos viendo el horizonte. Como país, digo.

 

3 thoughts on “La salud de la espalda nacional

  1. Lo de fumar, pues eso, libertad. Las tertulias, casi me alegro personalmente: excelentes profesionales que sin saber el motivo de alteran entre ellos. No consigo entender el debate y solo veo ideas enfrentadas. No se escuchan, los moderadores no existen. Ya me suenan ciertas caras en todas las cadenas y con el mismo soniquete. Debo estar mayor y me refugio en el remanso del artículo, además puedo opinar y dar mis comentarios a quienes realmente considero que me van aportando algo.

    Un cordial saludo

  2. Me quedo con lo de caminar erguidos, sencillamente. Yo siempre he dicho aquello de “España y yo somos así, Señora” cuando hacía algo caballeresco o temerario. Pero ahora, la verdad es que da un poco de vergüenza. Qué penita.

  3. Denuestan sería mejor que denostan, creo.
    Lo de saludar con la manita sería un progreso.
    Incluso, aunque sólo fuera por un tiempo no demasiado largo, un nuevo Savonarola o Oliver Cromwell sería también un progreso.

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