Desahucios y misterios

Pregunta Ricardo Basurto:

A ver, que estaba yo leyendo el periódico (sí, el de papel) y cabe que no lo esté entendiendo bien.

Si pagas años de una hipoteca y en un momento dado no puedes pagar una letra, como la casa garantiza que el banco cobre lo prestado, éste se queda con la casa, claro, pero te devuelve lo que ya le habías pagado de amortización; y si la casa vale más en ese momento, incluso la diferencia. ¿Verdad?

Vamos, que si te va mal en un momento dado, nuestras Leyes (* Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados) no permitirían jamás que el banco se quedara con lo que ya le has pagado, lo que garantizaba eso que ya le has pagado, el resto de la vivienda y lo que se haya revalorizado y que además le sigas debiendo el resto. ¿No?

Claro, esto no puede pasar. No puede ser así. No es posible. Porque en qué cabeza cabe que así fuera. Al fin y al cabo esto es la Europa del XXI. Y los bancos los dirigen personas, ciudadanos, vecinos, padres, hijos, amigos, primos, que ni participarían jamás de algo así ni te recomendarían que te metieras en semejante mal negocio. Digo yo.

Ya. Ya me siento mejor. Mucho más tranquilo sabiendo que todo está en orden. Gracias.

Buenos días.

Y yo, que no tengo hipoteca ni conozco el tema a fondo, me puse a preguntar. Ayer, en la tertulia de la noche con John Müller y Alejandro Vara, me confirmaron que efectivamente,  lo que teme Ricardo es palabra-de-dios-te-alabamos-señor, tan cierto como que hay sol.
Además, parece que la ley es del año de Maricastaña. Pero al buscar, me encuentro que aunque se trata de una ley de 1946, hay unas nueve modificaciones de la Ley Hipotecaria General, la última del 2007.
Pero lo que de verdad me pasma es que cuando uno va a firmar un contrato de hipoteca lo hace ante un notario quien está obligado a explicar el significado concreto de las cláusulas de manera que las entienda hasta alguien como yo, que en temas jurídicos soy un desastre. De manera que no es cuestión de refugiarse en la ignorancia de una o lo complejo de la jerga jurídica. Tu vas al notario y éste te dice: “¿Sabe usted que si no paga tres plazos asume una deuda por el total más intereses, el banco se queda con la casa independientemente de lo que haya pagado y la deuda sigue viva?” “Sí, claro, pero ¡cómo me va a pasar a mi eso!”. Y pasa.
Pasa porque en veinte años uno no puede asegurar que va a obtener ese dinero al mes.  Se tienen hijos que crecen, como los gastos fijos de la familia, y los ingresos del trabajo no necesariamente mejoran al ritmo que aumenta ese gasto familiar. Pero, claro, todo el mundo sabe que las casas nunca bajan de valor, ya lo sabía Scarlett O’Hara cuando agarraba la tierra de Tara. Y hoy Tara en España vale ná-y-menos.
¿Qué lleva a una persona sensata a firmar un contrato leonino pudiendo vivir de alquiler (como yo)? ¿Ese mito de “tener dónde caerse muerto”? ¿La imitación del otro? ¿La obsesión del hidalgo español por aparentar? El sueño de la clase media setentera era dejar un pisito a los hijos. Siempre se puede alquilar y tener una renta ya para siempre. Y no tienes que pensar mucho en qué meter tu dinero. El mercado de venta inmobiliaria es un lugar seguro. Y no lo es siempre. Hoy no.
Voy más allá de eso… ¿a nadie se le ha ocurrido protestar? ¿ningún partido político?¿plataforma de consumidores?¿grupo de Facebook? ¿nadie? Es ahora cuando los desahucios se cuentan a cientos diarios, cuando el tema es una catástrofe y nos damos cuenta de que la ley es pleistocénica y que las reformas no la han mejorado en lo fundamental. Así que ahora nos encontramos con una debacle. Si el Gobierno obliga a los bancos intervenidos a aceptar la dación en pago, habrá ciudadanos claramente discriminados porque su banco no está intervenido. Si cambia la ley, mantiene el problema de qué hacer con los que se rigen con la anterior ley. Si la diseña con efecto retroactivo, entonces se está cargando la seguridad jurídica en España porque está cambiando las reglas de juego en medio del partido.
Y cada día que pasa cientos de desahuciados se van a la calle.
¿Dónde queda la responsabilidad individual? ¿Es cierto que cada uno de los ciudadanos de este país no somos responsables de las decisiones de nuestros políticos? ¿o sí lo somos? ¿ Son responsables quienes no modificaron ese tema en la Ley Hipotecaria?¿La firma de un contrato asimétrico pero voluntario es impugnable según las circunstancias?
Como plantea Ricardo ¿la ley está para protegernos a nosotros?¿también de nosotros mismos?
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5 thoughts on “Desahucios y misterios

  1. La responsabilidad individual existe. Y ese es el problema de fondo. ¿Por qué se rescata a bancos que han mal invertido y, en ocasiones, engañado a sus clientes, pese a sus nefastas decisiones? y llegado el caso, ¿por qué no se rescata a los ciudadanos?

    La responsabilidad existe pero, al final, solo se cobra al más indefenso.

  2. Y ese notario que informa tan diligentemente de las condiciones del crédito, ¿informa también del efecto de distorsión sobre la estructura de precios que produce el sistema de dinero de mentirijillas controlado por bancos centrales? ¿Ilustra a los esclavos-fiscales del Hiperestado que están a punto de convertirse en siervos-deudores de la Gran Banca acerca de los fundamentos de la teoría austríaca del ciclo económico? ¿Les hace saber que la inflación no es un fenómeno económico natural, sino una política deliberada de “redistribución de la riqueza” contra la mayoría de la población? ¿Se asegura de que comprenden los profundos efectos de la “financialización” de la economía? ¿Se cerciora de que saben lo que es una burbuja financiera y las causas que la provocan?

    Cuando un pequeño (o no tan pequeño) timador le saca el dinero a su víctima, suele hacerlo aprovechando cierta deshonestidad de ella, o tal vez su ingenuidad, su codicia… o una mezcla de todas estas debilidades. Sin embargo, esto no es obstáculo para que el que se siente en el banquillo de los acusados sea el timador, como agresor que es, y no la víctima de su engaño. ¿Habría seguridad jurídica en no rectificar una mala ley que permitiera al timador moverse a sus anchas mientras censuramos a la víctima las carencias y defectos morales que le convirtieron en una presa fácil?

    Un contrato debe reflejar un acuerdo entre las partes, “a meeting of the minds”, como dicen en inglés. Cuando una de las partes es un gigante, persona jurídica cuya razón de ser es el afán de lucro y que redacta contratos “en serie” como una fábrica produce lavadoras, y la otra parte es una persona física normal y corriente a la que se le ofrece el contrato tal cual, “lo tomas o lo dejas”… ¿existe realmente un acuerdo entre las partes, una “confluencia de las mentes”, cuando la hormiguita plasma su firma sobre el papel?

  3. Lo de la seguridad jurídica, por cierto, me recuerda otro episodio reciente en el que también salió a relucir: el de las subvenciones a las energías renovables. Cuando Rajoy y su banda intentaban encontrar la fórmula mediante la cual cortar la sangría para el erario sin sacrificar la tan manida seguridad jurídica, muchos contertulios radiofónicos salían prestos a ofrecerse como defensores de la seguridad jurídica. No parece que las compañías eléctricas y la banca tengan dificultad para ver su seguridad jurídica defendida en los medios de control de masas cuando un gobierno hambriento la amenaza. Pero… aparte de las honorables muestras de valor que al respecto, alternando entre cal y arena, ofrecéis vos, milady, y alguno de vuestros caballeros “marianos” (algunos… pocos…), ¿dónde están los paladines de la seguridad jurídica de las personas corrientes, de carne y hueso, que padecemos y pagamos con nuestro sudor y nuestro temor, las subvenciones y desafueros con las que los gobiernos de turno recompensan a sus compinches de la suya cosa neomercantil? ¿Dónde están para defender la seguridad jurídica cuando nos acribillan a impuestos (y legislaciones y multas) y cuando nos los vuelven a subir y cuando se inventan impuestos nuevos? ¿No importa la seguridad jurídica cuando el Estado nos quita nuestro dinero por la fuerza para dárselo a quien a la casta de amos les place? ¿La seguridad jurídica es solamente para “los grandes”, es decir, las personas jurídicas constituidas con afán de lucro? Hoy me ha dado por excederme con las preguntas retóricas, pero la verdad es que lo entiendo. El Estado debe ofrecer seguridad jurídica a sus clientes: las compañías que generan la actividad económica de la que aquél depende. La gente solamente somos las vacas en la granja. La seguridad jurídica es un concepto ajeno al ordeño.

    Tiempos oscuros estos en los que tanto se habla de “seguridad jurídica” cuando Alí Babá decide cambiar las reglas de reparto del botín entre sus compinches corporativos, pero no cuando se pone a la cabeza de la banda neomercantilista para robarle a la gente común, de carne y hueso, sus pertenencias y el fruto del sudor de su frente.

    Basta por hoy. Como decían Tip y Coll, “la próxima semana, hablaremos del gobierno…” pero en voz baja. En la radio, en voz alta, donde todos escuchan, hablaremos de Messi y de Ronaldo. Como siempre.

  4. Indignante, francamente indignante. Por reiterativo que parezca. HASTA LOS MISMÍSIMOS. ¡ESTAMOS HASTA LOS MISMÍSIMOS! El día menos pensado la noche de los cuchillos largos va a parecer un juego de niños quemando cromos con lo que tenía que suceder. En fin, no voy a decir más que… que… ¡Bah!

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