Defensa de la abstención (en el día de las elecciones)

Me escribe un oyente de esRadio en mi muro de Facebook:

Respetada señora Blanco:
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Le confieso que he dejado transcurrir unas horas, desde que la escuché hablar en la tertulia de debate político del pasado viernes en EsRadio. Donde confesó usted: “–que nunca había votado”. Y en un – sostenella—preguntó –¿si las votaciones se hacían en las aulas de los colegios, con el presidente y vocales de cada mesa, sentados en las “sillitas” de los alumnos?
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Tras cuarenta años de Democracia, ese distanciamiento de la cosa pública, obviamente, es permisible en una sociedad libre. Lo que no es lógico, a mi juicio, es “no haber votado nunca” y al mismo tiempo participar en una tertulia donde, mayoritariamente, se habla de la política que hacen los que fueron votados, o la que harán aquellos a quienes la sociedad (excepto usted) votará para que hagan otra política. Es esa actuación suya de, “hacer una cosa y opinar sobre la contraria” lo que me perturba.
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¿Qué ocurriría si todos hiciésemos lo que usted? A saber: –No votar nunca, pero dedicar el tiempo radiofónico a criticar (según la segunda acepción del DRAE) el rumbo hacia donde dirigen al Estado aquellos elegidos por unos pocos votos. Y si las cosas fuesen mal ¿Qué derecho tendríamos a quejarnos?
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Su actitud de “no haber votado nunca” y regodearse en el hecho, me recuerda lo que dijo, J. Joubert: “Los que nunca varían de opinión se aman a sí mismos más que a la verdad”
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Si para un alumno, –Los ejemplos son diez veces más útiles que los preceptos—es de prever que haya un cierto grado de esquizofrenia política entre su alumnado. Porque alguien tendrá que encargarse de gestionar el Estado, en el que, incluso usted, vivimos. “Y si la profe nunca ha votado” (esto lo digo yo) ¿por qué tendría que hacerlo yo? Pensarán algunos de sus alumnos.
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De prodigarse ese ejemplo suyo de apatía política, tendríamos como sistema de gobierno la “pasocracia” (de pasaar) siendo las “asambleas de indignados en la Puerta del Sol”, las encargadas de hacernos converger con Europa, de gestionar la Sanidad, la Educación, la Justicia, y Código de Comercio, el Sistema Métrico Decimal, y la Ley de la gravedad, aprobando para cada asunto una cosa y la contraria. Por tanto, y sin utilizar como piedra angular del sistema político que tenemos la frase de Lincoln, “La Democracia es el gobierno, del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” si sugiero, como actitud ejemplarizante futura de una tertuliana radiofónica, que es profesora universitaria, cuando en una tertulia se trate la cuestión electoral, la elegante respuesta de: “no comment” y a otra cosa.
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Sin otro particular y con todo mi respeto.
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Ángel Rico

Mi respuesta

Estimado don Ángel,

Muchas gracias por molestarse en explicarme su opinión sobre mi abstencionismo recalcitrante. He de confesarle que no es la primera vez que me veo obligada por la incomprensión a justificar las razones que me llevan a no votar. Eso sí, sepa usted que en ningún caso es la apatía. Simplemente no voy a participar en un sistema que está corrompido en sí mismo y que nos ha llevado a un bipartidismo que cubre todo tipo de corruptelas nacionales, autonómicas y/o locales. El sistema es regresivo, no incentiva las virtudes en las que creo sino que reactiva los peores vicios de la ciudadanía.

Dicho esto. Participo en una tertulia política porque el director lo tiene a bien. El primer día le expliqué cuáles son mis convicciones y no me puso ninguna traba. Si el hecho de que sea crítica con el sistema en su conjunto y no me conforme con lo menos malo me impide desde su punto de vista, dar mi opinión, ser crítica, tratar de buscar soluciones, entonces apaga y vámonos. Porque parece que prefiere que solamente hablen de política aquellos quienes tragan con lo que hay. Y mi postura no es apática precisamente, porque participo de otras maneras en la sociedad civil, desde el Instituto Juan de Mariana, en los medios a los que tengo acceso… dedico tiempo y energía a plantearme qué hay, qué pasa, etc. Tal vez, muchos de los que votan con inercia no dediquen tanto tiempo y energía como muchos abstencionistas a darle vueltas al tema.

Mientras este sistema siga así, mis principios no me permiten votar. Hasta entonces reciba un cordial saludo.

 

21 thoughts on “Defensa de la abstención (en el día de las elecciones)

  1. Querida María,

    yo he votado, una vez, y nunca he vuelto. Porque tampoco me conformo con elegir lo menos malo, porque no quiero participar en un juego de unos pocos a costa de todos los demás. El día que algún político me haga creer que va a ocupar su cargo pensando en el bien y beneficio de todos, que no le temblará la mano a la hora de recortar su poder y beneficios si eso hace que primer la voluntad de todos por encima de la de unos pocos, ese día volveré a votar. Y no, no es apatía … son los políticos quienes necesitan que votemos, no la democracia, la democracia se construye cada día, no un día cada 4 años.

    Mi abstención significa: “señores, no me creo a ninguno de ustedes. Y tampoco me creo que lo mejor que tiene este país para gobernarse sean ustedes. Me engañan, no les voto”.

    Sí, entre los abstencionistas también hay apáticos y cómodos … hay de todo, como entre los votantes … que esto es como en la religión, ir o no a misa no le hace a uno más malo ni más bueno como tampoco votar o no votar no le hace a uno peor o mejor ciudadano.

    Un abrazo
    Berta Rivera

  2. Me he dado cuenta de que es dificil ser una hija abstencionista. Cuando tu familia te pregunta, toda ilusionada, qué qué vas a votar, que qué bien que ya seas mayor para ejercer tu derecho al voto y toda esa historia… y tu les respondes que no vas a votar, entonces hay como un ”ohhhhhh” de fondo. Parece que si no te identifican con el PSOE es que eres del PP y no hay más. Cuando dices que tampoco del PP entonces se acuerdan de los otros partidos. Pero esos tampoco encajan. En ese momento de tensión dices lo típico del sistema injusto y te miran como diciendo…¡anatema! :))

  3. Respetando tu opción, porque vivir en democracia significa poder elegir, y siendo de la opinión de que los políticos es una prueba evidente de que no todo en la naturaleza sirve para algo, mi opción es votar y después de hacerlo exigir que se cambie este sistema electoral tan injusto como proclive al chantaje. Es difícil explicarle a quien va a votar por primera vez que los votos no valen igual en un lugar que en otro.

    Un abrazo

  4. Estimada Doña María…. Yo la respeto, pero no comparto su decisión….

    Yo ayer voté por el menos malo que tenía a mi disposición. No pude votar por el P.lib, pese a mis reticencias, porque en mi circunscripción no se presentaba. Pero Ud., creo, si podría haberlo hecho.

    Cuando uno no vota lo que pone en duda no es a la clase política actual, pone en duda la norma básica de convivencia que es la de tomar en común la decisión del cómo administrar lo común. El problema pues no reside en su ausencia de confianza en lo que hay sino que no comparte lo común. Piensa que lo común es algo que se le impone y lo común es el resultado de sus interacciones con el resto de los que le rodean y que tienen en común algo mas que su interés por relacionarse, o no, de intercambiar productos y servicios, o no, o de buscar soluciones a lo que tienen delante o en el futuro, o no. Bueno, en su caso, ciertamente no.

    Decirle que mi opinión es que esta clase política no me representa es estar de acuerdo en el fondo de la cuestión con Ud., pero lo que quiero decir es que no puedo estar de acuerdo en la forma. O aquellos que como Ud. o yo, que no estamos de acuerdo con lo que hay, no hacemos nada, por mucho debate que llevemos a cabo, mucho análisis sesudo, mucho argumento en contra de eso y a favor de lo que pensamos, o la política, esta o cualquier otra, seguirá imponiéndose a nosotros porque esa es la ley de vida. Esta política con su clase política, u otra política, incluso la que más nos gustara, con su clase política de ese momento.

    El error es pensar que la política es el mal, que el Estado es el mal, y negarse a ver que el mal es el mal político, en nuestra opinión, y las malas políticas, en nuestra opinión, y si no hacemos nada por cambiar a quienes están en la política, quedarse sentados a ver si la nuez cae sin darle palos en el tronco y en las ramas…… es vana ilusión.

    Eso es quizás lo que mas mejoroba.

  5. Bastiat:

    Lo has clavado, sobre todo el último párrafo. En el ADN liberal hay tres principios que se esconden para que cuadren las cuentas:
    a) Sólo coacciona el que dice:Si no obedeces te mato.En cambio, el que dice:Si no obedeces te quedas sin comer, tú y los tuyos, ése no coacciona. Así, que , no tener piernas no es un obstáculo a la libertad, qué va. Sólo lo es que te las aten.

    b) Fingen que el modelo ideal de contratos entre iguales – dos sujetos igual de potentes, sin nada que perder si no “acuerdan”-, son la regla, cuando no son ni el 2% de los contratos “libres” en una sociedad. Y, además, fingen que desconocen que el contrato sinalagmático es sólo una de las instituciones civiles.Hay muchas otras fuentes de obligaciones, como sabe cualquier estudiante de derecho.

    c) Fingen que no saben que una sociedad o ciudad o comunidad política sólo muy remotamente se parece en su constitución a un contrato sinalagmático.

    Por último, ya que el gobierno, tenga la forma que tenga, es el mal puro, como señalas acertadamente, fingen que su alternativa es una comunidad ideal donde sólo se hacen contratos individuales, ocultando que no puede haber lex Privata donde no hay lex Pública.

    Porque la alternativa a “lo político”, – por ello sus padres fundadores eran todos servidores devotos del imperio Austrohúngaro y de la oligarquía del Imperio británico, y todos ellos, engañando a muchos, han remado desde entonces con perfecta conciencia en esa dirección- es la tiranía perfecta, esto es, el gobierno de la Tyrell Corporation.

    Porque la primera libertad de todas es, efectivamente, la de esclavizar a los demás.

  6. Yo, que he votado casi siempre (o siempre) y a alguien, no en blanco o nulo, no considero haberlo hecho por virtud cívica o algo similar, sino simplemente porque en cada caso mi voto concreto me ha parecido lo menos malo (en mis años más mozos llegó a parecerme lo mejor…). No tengo nada que afear a quien no vota porque le parece que votar a cualquiera sería peor que no hacerlo.

    Respecto al reiterado reproche “si no votas no puedes criticar”, me pregunto a quiénes sí puedes criticar si votas; lo lógico, en esa “lógica”, sería que sólo a aquellos a quienes has votado.

    Bastiat, escribir es hacer algo. Como poco, no es menos “hacer algo” que participar con un diezmillonésimo de decisión haciendo meter (o, últimamente, ¡incluso metiendo uno mismo!) en una urna una papeleta escrita por otro.

    Dhavar, el resumen de lo que dices es, pues: “la libertad es esclavitud; la esclavitud es libertad”. Enhorabuena. Supongo.

  7. Abstenerse es hacer algo. No me gusta llamar a quien no vota abstencionista. Cierto que muchos lo serán, pero yo prefiero llamarme abstencionario. Una cosa es abstenerse y otra practicar la abstención, la abstención como resultado de un proceso lógico que no hay que explicar tanto: si no puedo elegir para qué demonios voy a votar, ¿para legitimar lo que se me ofrece como mal menor?. Mi hijo tiene 14 años y llegó a esa misma conclusión hace unos días. Quienes llamen “democracia representativa” a esto que tenemos pues que se lo hagan mirar y, sobre todo, que piensen un poco sobre las razones de los abstencionarios a pesar de ese brutal mecanismo interno llamado disonancia cognitiva. Una vez que la superen la sensación de libertad será inmensa, sus progreso intelectuales les van a sorprender. Ánimo y saludos.

  8. Marzo, tanto escribir como denunciar es hacer algo, y no votar es hacer algo, sobre todo si se explica escribiendo y denunciando……

    Pero la cuestión es si eso es lo que necesitamos…, abstencionistas o abstencionarios, en vez de tratar de aunar esfuerzos para cambiar las cosas en dónde hay que cambiarlas.

    Negar el valor del método democrático para la gobernanza de las naciones, de los países, de los estados…. de los grupos humanos, en fin, es negar la realidad. Y eso es lo que yo denuncio. No es posible encontrar soluciones a lo que hay, si es que no nos gusta, si no actuamos activamente en buscar la solución.

    Y buscar la solución, en democracia, es ofrecer al pueblo, al resto del grupo, ideas, soluciones, formas distintas, organizadas y solventes para que las mayorías cambien. Y es que son las mayorías las que gobiernan. Nos guste o no, el sistema se forja en torno a las mayorías. Y lo que hay que cambiar son las mayorías y eso no se hace aullando a la luna o chantándole por soleares. Por muy afinado que suene si no se puede elegir al cantante… habrá que votar a otro. Porque por ahora, el ciudadano quiere elegir por alguien que le ofrezca soluciones.

    Aunque sean las menos malas.

    Y nosotros no somos capaces de ofrecerles ese algo distinto….. sólo quejas.

    1. Partes de la base de que puedes elegir. Esa ficción democrática es la que no deberíamos explicar tanto los que no votamos. ¿a quién eliges? ¿al presidente del gobierno electo como dicen los medios de comunicación ahora refiriéndose a Rajoy? ¿Pero es que alguien ha votado Rajoy para presidente? ¿es que vivo en Francia y no me ha enterado? Vamos a ver, suponiendo que vivas en Madrid y que has elegido “tus representantes” de la lista del PP, lo que has hecho es ratificar la decisión del jefe de un partido que ha seguidos los criterios que ha seguido y cuyos nombres le deben lealtad absoluta porque si no no vuelven a estar etc, etc…¿Pero tú crees de verdad que esos señores defienden los intereses de los madrileños en el parlamento de la Nación? Defienden los de su partido. Y punto. Porque una vez elegidos solo responden ante su jefe y no ante sus electores.
      ¿No te parece ligeramente sospechoso que exista un banco azul en el parlamento y que los que se sientan allí sean en su mayoría diputados?
      ¿Por qué nos presentan las elecciones como presidenciales si son legislativas?

      Para empezar es bastante con que pienses un poco en esto. Yo si ofrezco algo distinto, ofrezco razón y conciencia frente a inercia lanar y no cuestiono la democracia, todo lo contrario, quiero la Democracia, con una a la francesa me conformaría para empezar. ¿Es eso quejarse y pedir imposibles? Yo lo único que quiero son mayorías o minorías, pero representativas y vigilantes, que velen por los intereses del pueblo y no por los de la oligarquía de partidos actual.

  9. Y tú crees o afirmas implícitamente que yo estoy conforme con lo que aquí ocurre….

    ¿Dónde he dicho yo eso? NO, no lo he dicho.

    Lo que si que digo es que para cambiar las cosas el método es el democrático, no hay otro. Y la democracia tiene estas cosas, que hay normas que cumplir para ejercerla, para regular el cómo y para llegar al poder. La abstención niega la democracia. La niega porque no aporta nada por la que se puedan generar mayorías mas que de abstencionistas. No hay partidos que digan vamos a hacer esto o vamos a cambiar esto otro.

    María elige no votar. Y lo explica. Muy bien. ¿Y cómo manifestamos nuestro apoyo a María ni no queda constancia de ese apoyo, si no queda constancia de que estamos en contra de esto?

    Yo no pido votar a lo que hay, pido votar liberal. Pido que haya un partido liberal. SI no hay un partido liberal no es porque nos los impidan, sino porque muchos de los que podrían formar parte se ponen campanudos diciendo que son liberales y además están en contra de la democracia. De ESTA democracia, dicen.

    Quieren cambiar cosas pero no cambiarlas dónde hay que cambiarlas y cómo hay que cambiarlas…. Esperan que todo se derrumbe con la ilusoria creencia de que de esas cenizas saldrá lo que ellos sueñan.

    ¿Es eso lo que tu también ofreces?

    Supongamos que si, ¿dónde manifiesto mi adhesión de manera democrática, no votando? ¿Y tú supones que mi no voto es un acto de adhesión a tus ideas? Si no lo manifiesto así no podrás bajo ningún concepto reclamar los apoyos de los abstencionistas.

    La democracia es el medio por el que los grupos humanos toman decisiones que a todos sus miembros afecta. Aquellos que no participan…. No tienen derecho a quejarse.

    1. Sigues estando confuso, partes de supuestos equivocados, por ende todo tu razonamiento lo es. Para que haya Democracia deben darse ciertos supuestos que aquí no se dan. No es la abstención la que la niega. Paso al final, ya que el nudo es intrascendente: menudo liberal!! liberal-totalitario, apellidaría yo. Si fueramos belgas, chipriotas, griegos, argentinos …. no tendríamos estos problemas ¿verdad?

  10. Pues helio… me gustaría que me lo explicaras.

    Quisiera que me dijeras cuales son mis “supuestos equivocados”

    Que me digas lo equivocado de mis razonamientos debido a esos errados supuestos. Y, sobre todo, lo del liberal totalitario…..

    Sólo te diré que un liberal asume la existencia del Estado y asume el método democrático para la gestión de lo común.

    Pero quedo a la espera.

      1. Bueno…. je… ahora estas suponiendo que ademas no estoy formado.

        Si…. lo mismo me falta un poco.

        ¿Formación en qué?

        Pero además, en principio, podrías hacer una obra de caridad si me guiaras tú. Si me indicaras, lo primero, en qué estoy equivocado, porque para recomendarme algo como lo que dices no estaría de más que me lo hicieras ver gracias a tus conocimientos.

        Me suele parecer un poco aventurado hacer ese tipo de afirmaciones sin demostrar nada que haga ver al interlocutor que se dice desde una posición de sabiduría suficiente como para hacer recomendaciones.

        Por eso, insisto en que me gustaría que me dijeras en qué estoy equivocado, porque a mí lo que verdaderamente me interesa es el tema este en concreto, y luego, si quieres, me indicas cual debe ser mi currículum mínimo suficiente como para debatir sobre el particular o cual sería el adecuado para debatir sobre cualquier otro asunto….

        Gracias, de todas formas, por el interés en mejorar mi formación.

  11. Votar es un derecho individual.

    Ejercer o no tal derecho o cualquier otro, es fruto de una determinación o decisión ética.

    Las decisiones éticas se conforman en soledad, íntimamente, ante el fuero de la conciencia, sin intervención de terceros, que por definición son ajenos a este tipo de decisión.En consecuencia, nadie está legitimado para cuestionar o sustituir las determinaciones éticas de un semejante.

    Como ningún sujeto tiene la más remota posibilidad de conocer las motivaciones íntimas que en última instancia mueven a otro, desconoce también en consecuencia los elementos de juicio que configuran una decisión y es ajeno en cualquier caso al código moral en que se ha generado ésta. Al desconocer esos elementos determinantes de la decisión ajena, no puede juzgarla más que según sus propias motivaciones y por relación al propio código moral, lo que de manera implícita supone que al hacerlo ha sustituido una decisión íntima de una conciencia ajena por una determinación adaptada según un código moral propio. De ello se sigue que el juicio así formado nunca puede ser ético pues en última instancia no busca conformar en soledad el ámbito de la propia moralidad sino sustituir una libre determinación de voluntad ajena, invadiendo un ámbito que le está vedado.

    No se trata de que otro nos imponga el hecho de votar o no votar, lo que sería ya pura coacción, sino de rechazar la posibilidad teórica de que en el plano ético, es decir en el reino exclusivo y excluyente de nuestra conciencia, alguien ajeno y extraño a ésta pueda cuestionar o sustituir nuestros propios motivos íntimos por unas motivaciones y un código de valores que al no ser los propios a nada nos pueden obligar porque sencillamente no han nacido en el ámbito de nuestra intimidad.

    Mientras siempre será posible enjuiciar racionalmente los efectos que ocasiona a lo largo del tiempo la materialización de las diversas opciones de voto que configuran un determinado mapa político tras unas elecciones y asimismo es perfectamente evaluable el impacto que puede conllevar la generalización de la abstención, es inadmisible de todo punto pretender otorgar o denegar valor ético a las determinaciones individuales de cada sujeto a la hora de manifestar su opción política ya se concrete o no esta entre las diversas que concurren a las elecciones, lo que a todas luces es irrelevante, pues en última instancia, el criterio político último remite siempre al propio individuo como sujeto, es decir, ciudadano, que por serlo conforma la comunidad en cada momento, participa de la soberanía ejerza o no sus derechos, y no tiene por qué coincidir o identificarse ideológicamente con ninguna opción existente.

    Es falso pues que el ejercicio del derecho de voto otorgue el haz de derechos fundamentales que no sólo por ley natural, sino por propio reconocimiento constitucional amparan a todo ciudadano por el hecho de serlo. Dicho más claro: Votando o no, todos tenemos cuándo menos los derechos fundamentales que nos reconoce la constitución precisamente por el hecho de ser ciudadanos y no vasallos, ni siervos.

    Como ciudadanos libres que somos, podemos optar por no ejercer algunos o ninguno de nuestros derechos fundamentales y al hacerlo no incurrimos en falta, pecado o contravención social denunciable o perseguible a instancia de parte que nos suponga o acarree una correlativa sanción de pérdida de esos derechos.

    Si aquellos que censuran la opción política individual que libremente se expresa en la abstención, se limitaran a hacer pública ostentación de su gozosa condición de vasallos de los partidos establecidos, la cosa apenas merecería comentario pues en nada daña a terceros la alergia o el miedo cerval que produce la libertad a ciertos individuos, pero cuando comprobamos con reiteración y hastío, que los individuos en cuestión desconocen y minusvaloran las opciones políticas individuales que cada sujeto encarna en sí mismo, pretenden limitar la condición de ciudadanía a aquellos que opten mediante el voto entre las limitadas alternativas organizadas que concurren a unas elecciones, y para colmo no dudan incluso en invadir la intimidad ajena al arrogarse la facultad de extender injustificadamente la vigencia de sus específicos criterios morales, se hace urgente reaccionar y mandarlos al desván de la Historia, junto al rincón de los serviles que incapaces de entender lo que significa la libertad individual, sólo aspiran a seguir gritando: ¡Vivan las caenas!

    1. Me gustaría que me dijera en dónde digo yo que el abstencionista sea una dejación en su condición ciudadana. Donde digo que las opciones que ahora mismo se presentan a las elecciones sean las que necesariamente tengamos que votar. Incluso, por si acaso, que sólo es conveniente el votar por aquellos que tengan opción de alcanzar el poder o el disputárselo, de una manera u otra, a quienes lo obtienen democráticamente.

      Me gustaría saberlo. Nada más que para saber si su hastío se lo he provocado yo o no.

      Porque lo que yo digo es que el abstencionista lo que está diciendo y lo único que podemos afirmar sin toda duda, salvo que tengamos conocimiento expreso de cada caso en particular, como en el caso de María y en el suyo, supongo, es que no participa. No el porqué, no qué opción elegiría si tuviera opción, no si se niega a ser vasallo de los partidos que actualmente dominan el panorama político.

      La política es la gestión de lo común. Negarse a participar en esa toma de decisiones, pues, sólo es manifiesto de que no se participa. Nada más.

      Lo que yo digo, y ahí sí, es mi opinión, es que afirmar taxativamente que todos los demás abstencionistas puedan asimilarse a lo que unos cuantos que sí explican el porqué no votan es mucho suponer. El no hacer es igualmente un derecho al hacer. Lo que no sabemos es lo que quieren hacer.

      Y mientras que los abstencionistas recalcitrantes, mientras que quienes no sean o no quieran ser participes de lo que hay sean una minoría, ilustrada o no, pero minoría al fin y al cabo, serán los que conforman las mayorías los que optarán a dominar el poder. Negarse a participar, igualmente es negarse a querer transformar la sociedad en aquello que uno busca, porque el no hacer es simplemente dejar de hacer.

      Nada más.

  12. Si alguien pretende convencerse de que votando una lista de “x” nombres entre “n” listas posibles participa en no sé qué toma de decisiones “sobre lo común”, es muy libre, y no seré yo quien se considere legitimado para quitarle esa ilusión cuándo ni siquiera en mi más remota adolescencia percibí como urgente transformar cualquier parcela de la sociedad en vez de curarme el acné, algo en verdad para mí mucho más perentorio (y recalcitrante incluso)

    Y es que, los que por puro acomodo hemos preferido desde siempre conformarnos con ilusiones menos pretenciosas y más realistas, como creer en los Reyes Magos pongo por caso; no por eso sentimos la imperiosa necesidad de enemistarnos con aquellos que, mucho más audaces y cosmopolitas sin duda, aguardan expectantes a Papá Noel.

    No hay pues por nuestra parte “casus belli”, ni siquiera negativa en concederles su parte alícuota de verdad, siempre que todo se plantee en términos de mera ilusión. La cosa cambia de raíz si el objetivo es hablar de la participación en los asuntos públicos.

    La participación no implica ni presupone necesariamente acudir cada x años a depositar una papeleta en una urna para mostrar por esta vía indirecta se quiera o no la adhesión inquebrantable a un líder determinado entre aquellos que se nos ofrecen. Antes bien, la participación lejos de agotarse en el sufragio, se puede ejercitar de maneras diversas en los momentos que se estimen oportunos.

    Como no son pocos los dispuestos a participar en cuantas decisiones se les ofrezcan que no están sin embargo por la labor de otorgar de principio carta blanca a los políticos en las elecciones, al obrar en consecuencia y abstenerse de votar, optan por negarles su cuota de poder soberano y se aseguran así de que éste no vaya a aprovecharles a ninguno de los contendientes en liza.

    Por increíble que le pueda parecer a los que siguen sin reflexionar sobre lo que supone, no participar en un proceso electoral, ni significa negarse a participar en la toma de decisiones cuándo éstas se planteen, ni menos aún implica dejar hacer después a su libre arbitrio a los elegidos por otros.Tampoco constituye una mera y pasiva apatía aunque esa fuera la intención del abstencionista, pues por definición y en sentido contrario al ejercicio del sufragio que implica una traslación del poder soberano al representante por parte del elector, la abstención se configura como una efectiva retirada de ese poder soberano a todos los contendientes que no pueden beneficiarse de ningún efecto derivado de una traslación de poder que no ha tenido lugar al haber sido retenido dicho poder por el elector en su propio beneficio.

    En términos prácticos, puede que no signifique mucho, y que no vaya a condicionar la realidad mayoritaria, ya que ésta se conformará igualmente aunque venga constituída por un 30% del censo, pongo por caso, pero en términos simbólicos dónde la democracia también se la juega y decide, no es lo mismo un apoyo del 30% del censo que otro del 70% y si ambos se consiguen voto a voto, el primero evidencia un fracaso palmario a la hora de convocar a las urnas por parte de los convocantes lo que resta necesariamente representatividad a los elegidos.

    La actitud abstencionista desagrada no poco a unos políticos que en el fondo la consideran casi como una afrenta y preocupa por lo que puede suponer si cunde por el efecto contagio y se llega a extender en la base electoral, provocando en cualquier caso un temor tanto más acusado cuanto más se amplía, pues el significado simbólico de la mayoría representativa importa y mucho que no se diluya en la percepción popular si se pretende reclamar la obediencia a las leyes y mandatos del gobernante electo.

    Por ello, no es casual que periódicamente se pongan en circulación y se hagan de uso común falsas ideas como aquellas que tratan de extender la especie de que los abstencionistas favorecen a unos u otros cuando precisamente sólo perjudican a todos o aquellas otras que sugieren y dan por hecha la existencia de una nueva categoría de ciudadanos de segunda clase constituída por los que al no ejercitar su derecho de sufragio deben asumir que les caducan el resto, con la clara intención de pretender inocuizar del efecto-contagio por la vía de señalar a los abstencionistas como infectados a aislar del resto del cuerpo electoral.

    Como aquí hemos tenido un amplio elenco ejemplificativo al respecto de ambas actitudes no creo necesario referirlas de nuevo de manera específica.

    Bienaventurados pues los abstencionistas, que se niegan a dar cheques en blanco, retienen en su poder el derecho soberano primigenio de que son titulares en vez de transferirlo y sólo participan en aquellos asuntos públicos que les interesan cuándo lo estiman oportuno, guiados por su razón, y sin seguir en ningún caso las consignas al uso que otros repiten.

    No pocas veces olvidamos que la más elemental libertad consiste como pura rebeldía y afirmación personal en decir simplemente NO.

    Nada menos.

  13. Erase una vez un paisano que vivía en un pueblo allá por las montañas. Este paisano tenía la firme convicción de que la poda de los árboles del parque había que hacerlas allá por febrero y no en octubre cuando el alcalde se empeñaba en hacerlas porque de esa manera evitaba tener que limpiar las hojas durante semanas hasta que éstas acababan de caer. Hete aquí que ante su actitud beligerante se decidió someterlo a referéndum en un acto de acercamiento de posturas por el que el alcalde consideró que para evitar el malestar de unos cuantos por su acción él se sometería a lo que el pueblo dijera.

    Una vez llegado el momento de celebrar el referéndum este buen hombre se manifestaba diciendo que lo que se debía hacer se debía hacer independientemente de lo que dijera la mayoría porque la razón la tenía él.

    A pesar de lo visto, y visto, pues que el empecinamiento de se buen hombre no tenía freno alguno, se celebró el referéndum. Al contar los votos Todos fueron a favor. Ninguno en contra.

    No digo que la razón la tenga la mayoría en cualquier caso. La poda de los árboles es mejor hacerla cuando hace frío para que las heridas que sufre el árbol sean menores pero como hay interpretaciones en todo y en ocasiones hay que elegir qué hacer y el cómo hacer, el decidir no hacer, el decidir no participar en la decisión, absolutamente respetable, en ningún momento he dicho yo nada de eso, lo único que garantiza es que las otras opciones tengan la mayoría. Que n o se sepa qué piensan los que no participan, puesto que pese a que puedan manifestarse en contra del método, si no se propone nada alternativo que la gente pueda elegir…. de nada vale.

    Muy bonito lo que dices, muy largo…. pero … no sirve para nada.

    La abstención es la nada.

    En vez de ello se podría tratar de aunar fuerzas entre todos los que piensan igual y lograr participar en la democracia para cambiar las cosas. Pretender cambiar las cosas desde la nada…. no es el método.

  14. Elegir Poda en febrero sí o no (y prescindo de que hay razones objetivas para decantarse a favor de una opción) es algo concreto y te permite participar directamente a través de ese referéndum en una toma de decisión real, y no a través de intermediarios

    Elegir PSOE o PP es otro cantar.

    El salto lógico al equiparar una y otra alternativa se me escapa

    En cualquier caso es significativo que se vean equiparables y análogas dos situaciones tan disímiles.

    Verbigratia: No hay alternativa a aceptar la poda en Octubre cuando el alcalde PPSOISTA de turno lo decide así porque tiene la mayoría gracias a los entusiastas votantes que lo pusieron ahí y se “sumaron al cambio” porque “el trabajo es lo importante” .

    Y bien mirado, como el alcalde trabaja por el “cambio” es bastante lógico y hasta coherente que elija Octubre para la poda.

    Pero sobre todo, cuando alguien plantea la disensión, y pretende cuestionar Octubre en favor de Febrero, la opción que se ventila ya no es la defensa de lo que conviene al árbol, sino la defensa del alcalde que es de los nuestros, nos representa y para algo lo hemos votado y frente al disidente opositor, aunque en principio parece aparentemente que coincide con nuestra opinión en esto, no debemos fiarnos en el fondo porque seguro que algo trama.

    Total que tragamos la poda en Octubre sin rechistar aunque luego en la barra del bar, eso sí nos desquitemos a costa de los escasos conocimientos botánicos del alcalde.

    Y marchando otra de gambas

    Esa es sólo una entre las mil posibles que sin despeinarse nos hacen tragar desde el primer día, pero claro, como hay que elegir el menor entre dos males

  15. La cuestión es que los árboles no son de tu exclusiva propiedad, sino de todos y hay que hacerlo, si o si.

    El decidir cuando y como puede ser por decisión arbitraria del alcalde o de a cuerdo con el resultado de un referéndum. El no participar no te va a ayudara que seda como tu dices que hay que hacerlo.

    Y por dejarlo claro…. No estoy diciendo que tengamos que elegir entre PP o PSOE, ni entre cualquiera de los que han obtenido representación parlamentaria o han estado cerca. Lo que digo es que la abstención, legítima, legal, comprensible, con la que puedo estar de acuerdo en sus razonamientos, no me ayuda, no te ayuda, no nos ayuda a cambiar las cosas.

    Nos ayuda, además de la divulgación, la participación política porque de lo que estamos hablando es de política, de lo que nos afecta a todos.

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