La oportunidad perdida

La posición del partido socialista francés de cara a las elecciones del 2012 se ha visto comprometida el pasado fin de semana por el nuevo escándalo del Director de Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss- Kahn (o DSK, como se le conoce en la prensa mundial). Tan sólo su rival dentro del partido socialista, Martine Aubry y su mujer, la periodista Anne Sinclair, parecen creer en su inocencia hasta que se demuestre lo contrario. El hecho de que DSK presentara rasguños en su torso y que llueva sobre mojado en lo que se refiere a líos de faldas, no ayudan a creer a su abogado (el mismo que defendió en su momento a Michael Jackson) que aseguran que a esa hora estaba comiendo con su hija antes de coger el taxi que le llevaría al aeropuerto. La fianza le ha sido denegada.

Pero más allá de lo estrictamente policial, nos encontramos ante una bomba que salpica a una de las instituciones más cuestionadas de nuestra era, el Fondo Monetario Internacional. Fue creada al mismo tiempo que el Banco Mundial por británicos y estadounidenses para controlar el sistema monetario internacional cuando, al acabar la Segunda Guerra Mundial, Mr. Keynes y Mr. White pusieron encima de la mesa sus respectivas fichas de dominó. Hoy en día el FMI no cumple realmente ninguna de las funciones que pretende: fomentar la cooperación monetaria global, asegurar la estabilidad financiera, facilitar el comercio internacional, promover el empleo y el crecimiento económico sostenible y reducir la pobreza en el mundo. Los resultados son exactamente los opuestos. De lo contrario, habría servido para algo en la reciente crisis financiera y no ha sido así. Su solución, acabar con la deuda mediante la deuda, es, más bien, suicida.

Por desgracia, la caída de DSK no va a traer consigo un replanteamiento acerca de la necesidad de esta institución, sino que ya hay lista de candidatos. Las presiones de Merkel apuntan a un nuevo director europeo. En ese caso la ministra de economía de Francia, Christine Lagarde, es la favorita. La otra corriente defiende una candidatura de un país emergente. Pero nada de cuestionar su disolución. Una oportunidad perdida.

Publicado en La Razón (20-05-2011)

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One thought on “La oportunidad perdida

  1. Cada institución es un arma contra sus víctimas potenciales y un bastión contra sus enmigos electorales.

    Forma parte del instinto depredador de las castas suplantas de la política. Cuantas más instituciones, más opciones de botín y de guaridas para los suyos. En las votaciones donde los confirman sus respectivas víctimas, podrán obtener más o menos votos, pero siempre quedarán acantonados en alguna instituicón de entre tantas, donde hacerse fuertes para practicar la extorsión o represión sobre terceros.

    España es un campo minado de instituciones inútiles para los paganos, pero sumamente útiles para los tres millones de ‘no parados’ que las ocupan y para los parásitos que los utilizan.

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