Justicia o venganza: la vulnerabilidad de los grandes

En 1759, Adam Smith afirmaba en su Teoría de los Sentimientos Morales que “no hay mayor tortura para el ser humano que el resentimiento violento que no puede ser satisfecho”.

La semana pasada fuerzas militares de los Estados Unidos, siguiendo las órdenes del su Presidente, mataron al terrorista más buscado de la década: Osama Bin Laden.

Las circunstancias particulares del acontecimiento: una operación ultra secreta en la vivienda del terrorista en la ciudad paquistaní de Abbottabad, delante de una de sus hijas, junto a su mujer y otro hijo, y el hecho de que el terrorista estuviera desarmado, no parecen sugerir al público norteamericano que algo no cuadra en todo esto.

Más bien al contrario, al saber la noticia corrieron a la zona cero de Nueva York, donde el terrorista perpetró uno de los atentados más crueles de nuestro tiempo, y el único en territorio estadounidense, para regocijarse coreando las siglas “USA”, como muestra de la gran verdad mencionada en las primeras líneas, escrita siglos atrás por el filósofo escocés.

El problema es bajo qué etiqueta archivamos la muerte de Bin Laden. Por lo que he leído hasta ahora, la mayoría justifica que la ley de los Estados Unidos prescribe que es legal torturar fuera del territorio de los Estados Unidos, y es legal abatir a tiros a un criminal no armado fuera del territorio de los Estados Unidos, y explican por qué matar a Bin Laden no tiene nada de ilegal. Pero creo que hay que ir más allá de eso. Para quienes estamos en contra de la pena de muerte, la cosa está clara. Si todo el mundo merece un juicio justo y la posibilidad de defenderse, tal vez el mayor terrorista de la historia estadounidense también. ¿O no?

La excusa de que se trata de un acto de guerra y que en esas circunstancias ya se sabe, primero se dispara y luego se pregunta, no es nada convincente. Una guerra es un conflicto armado entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación según nos dice el diccionario. No hay una guerra contra el terrorismo. Hay una lucha contra esa lacra, contra un grupo armado que pretende manipular un país mediante el terror. Eso no es una guerra.

No es difícil imaginar qué sintieron los familiares de los miles de muertos en el atentado del 11-S, no es imposible empatizar con los millones de estadounidenses que se alegraron de la muerte de Osama Bin Laden. Pero, o nos importa el cómo además del qué, o nos igualamos a los otros. En mi opinión, lo que dice la ley estadounidense confirma que nos encontramos ante un acto de terrorismo de Estado. Y no me parece justificable. Probablemente habría sido más humillante un juicio justo, una condena a muerte (aunque ya he dejado clara mi postura al respecto). Tampoco ayuda que sospechosamente tiraran el cadáver al mar. No tiene sentido. Como no aumenta la credibilidad que justifiquen el abatir a un hombre desarmado argumentando que no se rindió, o que daba la impresión de que su mujer iba a coger un arma. ¿Por qué no mataron solamente a la mujer? Pero ese no es todo el análisis que se puede hacer del tema, y al fin y al cabo mi opinión no es más que eso, una opinión.

La venganza, individual o colectiva, muestra la imposibilidad del individuo de aceptar el dolor de sentirse vulnerable y, así, ante un acto de violencia contra él, necesita devolverlo para recuperar seguridad en su capacidad de autoprotegerse. La justicia, que es una construcción humana, es la canalización civilizada de ese sentimiento moral, de esa necesidad de venganza social. Y, precisamente, fue Adam Smith quien escribió en la obra anteriormente mencionada que la justicia no tiene por objeto reparar a la víctima, que suele ser imposible, sino absorber la natural indignación popular que se traduce en devolver el daño. De esta forma, los estadounidenses, que ven su ciudadanía atacada en su propia casa, no pueden sino salir a la calle a gritarle al mundo que siguen siendo los más capaces de vengarse, y que si no manchan la moqueta, es hasta legal. De lo que nadie puede convencerme es de que el asesinato de Bin Laden es parte del fin de Al Qaeda, en este caso, muerto el perro no se acabó la rabia. Más bien lo que se espera es una reacción.

Será interesante seguir por las redes sociales qué dicen los imanes en la oración de hoy viernes para tomar el pulso de la cuestión, si se manifiesta resignación, alivio, rabia o sed de venganza. Más venganza.

(Artículo publicado el viernes 6 de mayo en la página del Instituto Juan de Mariana)

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18 thoughts on “Justicia o venganza: la vulnerabilidad de los grandes

  1. Con lo buenos que son los estadounidenses haciendo películas y ahora van y salen con un argumento nada convincente, un desenlace nada creible (¿dónde se ha visto que se deshagan de los cadáveres lanzándolos al mar?) y un héroe (Obama) que queda como el villano en esta película. Porque digan lo que digan, al hombre más buscado del mundo lo encuentran en una casa de un barrio cualquiera y lo atrapan como a una mosca.
    …dice USA que la vivienda fue construida hace 5 años y con ver las imágenes se sabe que tiene más de 20…anuncian su muerte y en el mismo anuncio salen las fotos del Presi siguiendo la acción en directo, y por si fuera poco ya tienen una recreación por ordenador de la acción…
    ¿Desde cuando se tiran cadáveres al mar? Cuando lo más lógico es comprobar si realmente ese cadáver era Bin Laden…
    …todo esto me recuerda a un presidente que murió de un disparo y del que nunca se supo la verdad.

  2. Puede ser que sencillamente hayan pactado mutuamente la escenificación de la muerte virtual de Bin Laden, como líder de la organización terrorista al Qaeda, pero no físicamente.

    Nadie sabe quién es Al Qaeda más allá de Bin Laden y su lugarteniente Al Zawahiri. Nadie conoce el proyecto político ni sabe exactamente los objetivos reales de Al Qaeda. Una organización terrorista no se organiza para matar gente por el mundo porque odia a los EE.UU. Los atentados atribuidos a esa organización casi siempre han sido identificados como franquicias. ¿Donde está la banda de Al Qaeda y cuantos atentados han facturado con su cuño? Se les atribuyen fanatismo religioso y miles de muertos, como sus únicas señas de identidad, pero nadie sabe quien, para qué ni por qué. Nadie sabe si realmente son autónomos o sirven o franquician a terceros. El fanatismo religioso es antiguo y abundante así como el terrorismo. Al Qaeda no es una novedad en ninguna de sus dos facetas exclusivas. ¿Por qué nunca han reivindicado objetivos políticos o religiosos antes de asesinar, reservando esa opción como baza coactiva? ¿Por qué Obama agota su legislatura sin hacer efectiva su promesa de desmantelar Guantánamo? ¿Que ha sabido Obama que no sabía en campaña electoral? Tal vez el problema de los presos allí confinados no sea lo que han hecho, sino lo que han visto hacer, siendo conveniente que no deban decir lo que saben fuera de allí.

    Sin embargo las masacres, sean de quien sean, han servido de justificación a Occidente para destruir totalmente Afganistan e Iraq, arrojando un saldo de muertos y destrucción, por ambos bandos, muy superior al producido por el terrorismo presuntamente liderado por Bin Laden. Después de todo Bin Laden recibió educación occidental, trabajó para la CIA durante la ocupación de la URSS en Afganistán, y su familia aún mantiene un importante volumen de negocios petroleros con la familia Bush. El móvil señala indefectiblemente a las familias Laden y Bush. Cuando menos deben ser consideradas sospechosas, ambas por igual.

    ¿El líder terrorista más millonario, de la familia más millonaria, y más buscado del mundo, vive en una ‘mansión’ con aspecto de chabola, solo y desarmado con una de sus nueve esposas y un hijo, cuatro guardaespaldas, al lado de un cuartel militar de un país aliado a los EE.UU y sin dejar sus memorias a un notario por si muere violentamente? ¿Lejos e incomunicado de su lugarteniente y único militante de una banda de la que solo se conocen dos?

    Todo esto permite sospechar la posibilidad de que este elemento ha podido ser ‘jubilado’, vendiendo su muerte como razón, previamente a una buena cirugía plástica que le proporcione un retiro feliz y placentero en alguna lujosa mansión -esta de verdad- por algún lugar de las costas de California, mientras un biógrafo escribe sus peripecias como industrial indú exportador de sedas y flautas encantadoras de serpientes, a condición de que determinados documentos descansen en paz en las cajas fuertes de algunos notarios repartidos por el mundo cuya identidad solo él conoce.

    No han arrojado al terrorista al mar, sino que han enterrado los escombros del WTC, resolviendo cuentas pendientes ocultando su cierre en falso. La nota de veracidad la pone su correligionario mitad de la banda, confirmando la noticia de su muerte y lo malos que van a ser por eso. ¿Cómo sabe que murió si no estaba allí y nadie ha visto el cadáver? ¿Lo ha leído en el New York Time?

    De todo esto me quedo con que nunca reivindicó la masacre del 11 M. Algo a lo que nunca habrían renunciado de haber sido de su autoría. Acertadamente se olió la chapuza y decidió no ‘franquiciar’, creyendo que serían descubiertos.

    El enemigo de Occidente es Occidente, como queda claro en la España zp, y en la Europa rendida al moro. Un zp inútil, zafio y chapucero que se obliga a doblar la cerviz ante los terroristas por razones obvias indemostrables aún. Porque tengo mis sospechas de que las torres gemelas fueron dinamitadas y el 11 M se fraguó en Madrid, muy lejos de Al Qaeda y de su conocimiento.

  3. En cualquier caso, si se violan “nuestras” creencias y lastiman nuestras particulares sensibilidades, es preferible que lo hagan quienes nos protegen y no quienes nos atacan y/o ponen en peligro la vida de los nuestros.
    La realidad es que, aunque seamos legales, “ellos”, los malos, no lo van a ser nunca.
    Y si para protenegernos hay que hacer como ellos, pues bien que se haga…

  4. Es curioso: los que afirman que en sentido estricto la “guerra contra el terror” no es una verdadera guerra porque no se establece entre dos estados o dos facciones de un mismo estado (guerra civil, la peor especie de conflicto conocido), usan ese argumento para conceder más derechos a los terroristas de los que tendría un soldado uniformado. Cuando debería ser al revés: los derechos de la Convención de Ginebra no se aplican por ejemplo a los espías, que tradicionalmente han sido ejecutados sin los beneficios concedidos a los combatientes regulares, sin que nadie se rasgue las vestiduras. Y los terroristas son incluso peores que los espías, ya que sus acciones no van dirigidas contra el ejército enemigo, sino contra civiles inocentes.

    A veces creo que Occidente no solo no va a sobrevivir, sino que ni siquiera lo merece: se ha embarcado en un viaje suicida hacia la autodestrucción. Cuando se pierde el instinto de conservación el fin está próximo.

    1. El instinto de conservación es inútil si se identifica erróneamente la amenaza. Occidente es exigir la fundamentación racional de la administración de justicia. El suicidio de Occidente es corear la ejecución extrajudicial de un sospechoso al que se le ha asignado el papel de “hombre del saco”/chivo expiatorio no sobre la base de pruebas fehacientes, sino la de reiterada propaganda que no soporta un escrutinio mínimamente crítico. ¿Quiénes son los auténticos terroristas? Mi instinto de conservación me dice que mire hacia aquellos que utilizan artificios propagandísticos orientados a la propagación y explotación del miedo, como la “guerra contra el terror”, para conseguir fines particulares incompatibles con la supervivencia de los valores que definen a Occidente.

      1. Imposible ser más tonto (o más malvado): ¿”sospechoso” “chivo expiatorio” “verdaderos terroristas” “mi instinto de conservación”?
        Jubal: no te mereces vivir la vida que vives, sea esta la que sea (sabes leer y escribir, te conectas a internet, participas en este “foro”, seguramente ya has desayunado y apuesto a que no pasas frío… no parece una mala vida)… no la mereces porque esa vida te la proporcionan y garantizan otros que se juegan la suya para cuidarte, para que puedas incluso escribir sandeces tranquilamente desde una computadora…
        Tú sí eres un “auténtico terrorista”, pero no de los que matan a otros, sino de los que se autodestruyen supeditando sus opiniones a sus creencias y no al razonamiento lógico de alguien dotado de capacidad de pensamiento.
        Por suerte no es con gente como tú con quienes cuenta occidente para sobrevivir. Mi instinto de conservación me dice que ojalá no tenga yo la mala pata de tenerte de compañero de viaje en esta hermosa pero muy corta vida.

      2. Jubal

        Estoy completamente contigo. El salvajismo solo se justifica en situaciones tan límites, como el desesperado ejercicio de la legítima defensa. Occidente en general o cualquier nación civilizada en particular, debe ejercer su derecho a legítima defensa desde el rigor de la Justicia. Aplicar al enemigo el mismo o superior salvajismo y los mismos procedimientos crueles del enemigo, desde una posición de poder agresor obviando la opción de hacer justicia, nos pone a su altura. Esto nos iguala en la degradación y nos deslegitima en la sinrazón.

        Soy partidario de la persecución implacable contra el crimen organizado, especialmente el de estado y el de terrorismo, y por ese orden, aplicando todos los medios que para ello disponga el estado de derecho, solo rebasables en situación clara de emergencia y en evitación de un mal mayor. A un delincuente se le debe disparar si este está armado y hace uso de su arma.

        No soy partidario de la pena de muerte. Entre otras cuestiones de principios, porque se libra al reo de su justo castigo, durante largos años, además de la opción de poder redimirlo en el supuesto de que en algún momento se pueda establecer su inocencia, como ha ocurrido con no pocos presidiarios, y siendo demasiado tarde para algunos por haber sido ejecutados.

        La civilización se basa en la capacidad de discernir entre lo justo y lo injusto definiendo las bases del ideal de convivencia en paz, y se diferencia del barbarismo en la madurez racional de regular lo justo para instrumentar a la Justicia, frente al visceralismo instintivo de la venganza, que incita a la crueldad fanática en el empleo de la fuerza bruta.

        Pero no tengo la menor duda de que el grueso del terror que padece la humanidad tiene su origen en los estados, incluidos los muy civilizados y occidentales. Son organizados, financiados, amparados y legitimados por los estados. Lo estamos padeciendo en España. El mundo está lleno de ejemplos en China, la antigua URSS, Vietnam, Birmania, Palestina, Cuba…

        Dudo que bin Laden haya sido abatido físicamente. Creo que ha sido ‘jubilado’ mediante cambio de aspecto y de identidad. Era un exCIA y la CIA no es otra cosa que una organización terrorista al servicio de los EE.UU de América. Y eso es una realidad objetiva de dominio público, totalmente exenta de cualquier connotación ideológica. Los agentes de la CIA, saben como las gasta la CIA y se protegen de ella, chantajeándolos por si deciden ‘jubilarlos’ por la vía ‘rápida’, y lo hacen acumulando gran cantidad de documentación comprometedora en lugares seguros.

        Si Laden hubiera sido ejecutado, es incomprensible que a estas horas la prensa internacional no esté llena de titulares con asuntos sucios y muy sucios, de la Administración norteamericana.

        Aunque esto no sea indicativo de que bin Laden no haya sido abatido, tampoco libra de la inmoralidad y del barbarismo rampante de los EE.UU y del resto de los estados que se sirven del terror para dilucidar asuntos de estado, convirtiendo a esos estados en más repugnantes y punibles, que al propio terrorismo que utiliza como parte de su normalidad cotidiana, sin que se les caiga la cara de vergüenza.

        Si miramos a zp a la cara podemos observar que la vergüenza no ha causado el desprendimiento de ninguno de sus trozos, ni la dureza ha conseguido cuartear la dureza de su envolvente. Algo que lo excluye de toda posibilidad y sospecha, de su pertenencia al cualquier presunto e hipotético sector político, decente y honorable, que pudiera formarse alguna vez.

      3. RAM:

        Gracias por darme, a alguien tan tonto como yo, una lección de opinión supeditada al razonamiento lógico en lugar de a las creencias. El frío y aséptico rigor de la razón rezuma por los cuatro costados de tu respuesta. No obstante, la lección resulta algo confusa en cuanto a tus premisas. ¿Será una de tus premisas que vivo la vida que vivo por dedicarme a algún negocio como la fabricación de armas o el tráfico de drogas o la construcción de oleoductos o el crudo poder político? ¿O tal vez la premisa en cuestión sea que la prosperidad es un juego de suma cero, en el que la formación de capital que debemos a nuestros padres y abuelos no tiene mayor relevancia? Bueno, perdona, son tonterías mías. Sin duda nada hay más importante para conservar nuestra riqueza que matar hombres, mujeres y niños en Afganistán y Pakistán… estoo, quería decir, causar bajas colaterales en Afganistán y Pakistán (sí, ya sé, se supone que también se están haciendo cosas buenas en Afganistán, no me olvido de ello). No sé cómo no se me ocurrió nacer en Suiza, para llevar una vida todavía mejor sin debérselo a los riesgos que asumen los soldados de la OTAN.

        Además de que nada tengo que ver con los negocios de las armas, las drogas, el petróleo y el poder, puedo asegurarte que no soy inspector de Hacienda, así que puedes estar tranquilo, que no soy tu “compañero de viaje”. Como compañero de viaje seguro que prefieres a Michael Chertoff, así que puedes estar satisfecho. Quienes valoramos en algo nuestra dignidad, no lo estamos, pues preferimos a Rafi Sela.

        Por último, quiero matizar que cuando escribí “¿quiénes son los auténticos terroristas?” no quería decir que Osama bin Laden fuera un santo, sino que la verdadera amenaza está dentro. Me temo que, para quien a estas alturas, diez años después del 11-S, todavía se crea a pies juntillas la versión oficial de lo ocurrido aquel día y se trague ahora la del asesinato de Osama bin Laden sin cuestionársela, comprender esto puede ser un salto demasiado difícil: tiene mucho trabajo pendiente.

      4. Clandestino:

        Veo que estamos de acuerdo y, además, lo has expresado de forma muy elocuente, como de costumbre. El uso de la violencia, para que sea legítimo, debe ser justo y necesario, aplicando con mucho rigor estas condiciones. Y hay que entender que una política exterior agresiva lleva aparejada la erosión de las libertades en el interior. Desgraciadamente, demasiadas personas son ciegas o indiferentes respecto a estas cuestiones. Esa ceguera/indiferencia es el suicidio de Occidente y la civilización.

        Tu teoría sobre el anuncio del asesinato de bin Laden encaja perfectamente con los puntos más opacos de la historia que nos han contado. Como tendía a creer que llevaba ya tiempo muerto (se hablaba de insuficiencia renal, necesidad de diálisis, síndrome de Marfan… ), no lo pensé hasta que te leí. Dado que las personas corrientes no tenemos los medios para comprobarlos, los rumores sobre sus graves dolencias lo mismo pueden ser información que desinformación y tu teoría podría ser muy certera. No sé si llegaremos algún día a saber toda la verdad.

  5. A ver, Jubal; eres un caso típico de aprendiz (¿o víctima?) de progre aún sin argumentos propios y seguramente sin saberlo siquiera, convencido de ser anarco liberal librepensador antisistema… etc…
    Dices refiriéndote a mi comentario: “la lección resulta algo confusa en cuanto a tus premisas”… para, inmediatamente, exponer unas “premisas” que no son mías, sino tuyas… o sea, que te las inventas e insinúas en mi “boca” para apoyar el discursito que a continuación pretendes colar. Se comprende por qué te describes como “alguien tan tonto como yo”… aunque de lejos se nota que no eres un tonto, sino apenas un ignorante; y entiende que esto último no es nada vergonzoso.
    Aunque sobra decirlo, lo diré para que no haya margen de dudas: no me refiero a “de qué” vives sino a “como” vives. Un “como” que se refiere a un modo de vida, el occidental de hoy día, muy alejado del que debiéramos estar viviendo si fuéramos un común y natural animalejo que no razona. Me refiero a ese sencillo pero maravilloso modo de vida que te describí y del que no disfrutarías si no fuera porque trabajamos todos, tú incluido, día a día para procurárnoslo, ese que adjetivamos con vocablos como bienestar, paz, amor, algo de felicidad, y que tampoco sería posible si no nos protegiéramos de todo lo que resulte perjudicial para los resultados que obtenemos, sea un terremoto o un terrorista. Así de simple.
    Seguramente eres joven (eso espero, por tu bien), y te llamo aprendiz porque aún no has captado las sutilezas del argumentario exacto de la progresía, sin el que te pones en evidencia repitiendo lo que malamente has ido captando y que delata tu nula capacidad de razonamiento: no son lo mismo “la fabricación de armas” y “la construcción de oleoductos” que “el tráfico de drogas”; se lo puedes escuchar decir a diario a cualquiera que de esos que ejercen “el crudo poder político”… Mezclar tan lucrativos negocios puede sonar rimbombante, pero eso de nada sirve, porque nada argumenta.
    Sé que cuando hablas de “riqueza” te estás refiriendo al dinero y a todo aquello que puede ser intercambiado por él; aunque, no hay que esforzarse mucho para saber que quien piensa como tú no puede ser precisamente un creador de riqueza ni un esforzado currante empeñado en sacar adelante a su familia y dispuesto a lo que sea para proteger ambas cosas. Pero, permíteme alertarte de que la única riqueza verdadera que tenemos es nuestra propia vida, y “sin duda, nada hay más importante -que- conservar -esa- riqueza “, riqueza que perdieron alrededor de 3000 personas hace 10 años en el Trade World Center. Y claro que prefiero como compañero de viaje a Michael Chertoff, tanto como a Rafi Sela, antes que a alguien que, como haces tú, ironiza acerca de hombres, mujeres y niños muertos en Afganistán y Pakistán, omitiendo miserablemente a quienes fueron asesinados en Nueva York.
    Por último, la verdadera amenaza está en que tengan que existir versiones oficiales, manipulaciones, tiradera de paños tibios y justificaciones para defender el simple acto de cargarse a quienes asesinan a miles de personas inocentes, porque cretinos aburridos andan usando la libertad que otros le garantizan con su propia vida para babosear teorías conspiratorias antiamericanas, antijudías y antioccidentales detrás de una computadora.

    Para una vez que un gobierno hace algo que se supone sea lo que debe hacer, venimos todos a tirarnos de los pelos. Da igual que el Laden haya muerto hace 7 años, o que pillara una gonorrea hace cinco: para todo el mundo, desde hace unas semanas, está muerto. No sé si estamos más o menos seguros: los muertos del TWC están vengados y tienen fecha de materialización de esa venganza.
    Y, antes de que me vengas con complejos por esa “poco correcta” expresión humana, te dejo lo que solía decir Alfred Hitchcock: la venganza es dulce y no engorda.

    1. RAM:
      Que no entiendas por qué he mencionado el tráfico de drogas junto con los otros tres negocios no significa que mi “capacidad de razonamiento sea nula”. Solo muestra que he dejado varias pistas en mi anterior mensaje con la vana esperanza de que te replanteases algunas cosas y las investigaras. Aunque acalarar esto es más respuesta de lo que merece tu permanente ataque “ad hominem” cargado de prejuicios. Lo creas o no, no tengo tiempo para esto. No voy a decir más. Haz felices a tus seres queridos y deja vivir en paz a quien te deje vivir en paz.

  6. Ok, Jubal, comprendo que no tengas tiempo para pensar, pero, no pretendas abandonar barriendo o intentando echar en patio ajeno la basura que ensucia este debate: los únicos prejuicios que aquí aparecen son esos “anti” que te he señalado, “antiamericanas, antijudías y antioccidentales”, y que son la verdadera premisa de tus ingenuas creencias.
    Saludos.

    1. Posicionarse incondicionalmente en pro de la injusticia, no convierte a nadie en antiamericano, ni antijudío, ni antinadie. Es situar el fiel en su justo lugar como única forma de garantía de paz y de convivencia.

      Los únicos “antis” son los que se marginan de la Justicia y se ocultan de la verdad, sean quienes sean y de donde sean. Y si esa Justicia ratificada en tratados nacionales e internacionales, es violada, automáticamente convierte al violador en criminal. Si lo hace cometiendo asesinato, es un asesino. Si roba es un ladrón, Si comete actos de terror es un terrorista. Sea norteamericano, judío o mongol. Sea progre, liberal o benedictino.

      Todo el mundo razonablemente inteligente y decente, lamenta todas las muertes violentas en cualquier forma, incluidas por supuesto, las provocadas por cualquier tipo de terror, incluido el terror de estado, incluido el norteamericano o el judío o el andorrano, si así se demuestra. Todo el mundo desea que los culpables paguen su ignominia. Pero también todos y sobre todo las víctimas desean Justica por encima de cualquier otra cuestión o posicionamiento. ¿Porqué unos quieren justicia y otros aplauden la sistemática eliminación de las pruebas? ¿Por qué además acusan de “anti” a los que solo desean que el castigo recaiga sobre los culpables y no sobre quien venden como tal? ¿Cómo se establece la culpabilidad de alguien que no es juzgado? ¿Quién la establece y en base a que conceptos jurídicos, ineludibles en todo juicio y sentencia?

      La muerte de bin Laden, si es que se ha producido, es tan inútil y falsa para la Justicia como los que volaron en Leganés. En ambos casos se escamotea a las víctimas y a sus nacionales, el derecho a procurarles la justicia a la que tienen derecho. Lo único peor que un asesino terrorista, es la denegación de justicia a sus víctimas. Lo único más grave y miserable que un acto de terror, es un estado que se inhiba del deber de suministrar esa Justicia a las víctimas. El estado español lo hace sistemáticamente. El Norteamericano no lo sabemos, pero al menos yo lo sospecho, en base a las evidencias que él mismo la convierte en una realidad. Y de ninguna manera eso me coloca frente a los ‘americanos’, sino al lado de la verdad y de la Justicia.

      Solo la Justicia impartida con la ley sobre la verdad, puede llevar algo de paz a las víctimas. Tienen derecho a esa Justicia y a esa verdad. Tanto las del WTC, las de Madrid, Londres o Marruecos o todas las demás. Pero eso tampoco implica que también lamentemos que la forma de hacer justicia con los terroristas sea mediante el mismo terror que se persigue, gratuitamente y siempre que se pueda evitar. No implica que deseemos que la Justicia caiga sobre sus autores y no sobre quien una parte interesada señale como autores y los ejecute sin permitir aclarar los hechos que así lo corroboren. Justicia. No más asesinatos obstruyendo a la Justicia.

      Que se ha hecho justicia con las víctimas del WTC, lo dirás tú y te lo creerás tú. Estás en tu derecho. Pero permíteme que yo no lo crea, como no me lo creo con las de Madrid. En cuanto que no se ha permitido el esclarecimiento de toda la verdad. Eliminar al principal testigo, me da derecho a sospechar de los que unilateralmente burlan a la Justicia. Y no voy a dejar de sospechar porque sean americanos, o judíos o leperos. Tengo ese derecho y lo ejerzo. Me importa un bledo que me tachen de anti o pro de nadie ni de nada. Sencillamente las víctimas merecen justicia, y no un camelo. No que les den una satisfacción ejecutando a un individuo que nadie sabe qué ha hecho realmente. Porque todo el mundo sabe que bin Laden es un terrorista asesino sanguinario, pero nadie ha aportado una sola prueba que así lo demuestre. Nadie ha demostrado la existencia de su famosa banda al Qaeda. Nadie ha demostrado su implicación ni su autoría en los atentados que se les imputan.

      Al Qaeda y bin Laden son tan fantasmas como los asesinos del WTC, los de Madrid, los de Londres o Marrakech. Muertos, terror, horror. Ni una sola pista de los asesinos. Ni una sola investigación para saberlo. Querer saberlo es un derecho y un deber de todo ciudadano vivo, como garantía a su propia seguridad. No coloca a nadie frente a americanos o cualquier nación, sino frente a los asesinos, sean americanos o de cualquier nación.

      De momento lo único seguro del asunto es que el terrorismo goza de una salud envidiable, y la Justicia ni está ni se le espera.

      De momento lo que tengo seguro es que seguiré reclamándola, aunque le moleste a los proamericanos, a los prorusos, a los promanchegos o a alguno de sus proamiguetes.

  7. Se acerca el undécimo aniversario de un día funesto.

    La vulnerabilidad de “los ignorantes”: ¿Quién quiere un juicio cuando basta un video de cinco minutos para resumir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad que todos “los que no son ignorantes” conocen?

    Por si acaso hice mal en darlo por sobreentendido en su momento, mi agradecimiento a Clandestino por compartir sentido de la justicia y manifestarlo.

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