Mentar a los muertos

 

Todos tenemos muertos. Unos nos dejaron desde su cama, otros en un accidente de tráfico, en una guerra… pero todos tenemos los nuestros. Y a la mayoría nos duele que nos los nombren. Mentar a los muertos me parece una cobardía. Es eficaz pero poco noble.

La semana pasada se montó un revuelo enorme en internet porque Nacho Vigalondo, haciéndose el gracioso, bromeó con el Holocausto y con la bala que mató a Kennedy (“ahora que tengo nosecuantos miles de seguidores y me he tomado dos copas de vino, puedo decirlo: la bala que mató a Kennedy sigue por ahí y el Holocausto es mentira” fue más o menos su gracieta). La familia del presidente de EEUU no se ha pronunciado sobre el particular, pero los defensores de mantener la memoria viva del Holocausto, sí. Especialmente a través de Twitter. Tanto que El País ha dejado de contar con él y hasta han eliminado el blog de Vigalondo de la plataforma virtual de El País. De nada ha servido que Vigalondo haya dejado claro que no tenía intención y que no cuestiona nada de nada.

Y entonces se ha vuelto a montar un revuelo enorme en internet por parte de quienes defienden el sentido del humor de Vigalondo. Incluso hay un manifiesto de apoyo con recogida de firmas, en el que se habla de tergiversación, de acoso y se recuerda la frase de Woody Allen quien afirmaba que cuando oía a Wagner le daban ganas de invadir Polonia.

A los pocos días César Calderón (@netoraton) criticaba a las señoras con el abrigo de visón de cuello vuelto y los señores de bigotito, de la manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo del 5 de febrero, y proponía escribirle un musical tipo Sweeney Todd (el subtítulo es “el barbero diabólico de la calle Fleet“) al “peluquero” para hacerle famoso. El “peluquero” es Francisco José Alcaraz, convocante de la manifestación, ex presidente de la AVT y hermano y tío de asesinados por ETA.

Mientras que Vigalondo claramente no tenía intención de otra cosa más que escandalizar, Netoratón atacaba con rebaba macarrónica a quienes se manifiestan contra los asesinatos del grupo terrorista que forma parte de nuestra vida política y, lamentablemente de nuestras instituciones, desde la época del dictador de bigotito.

Sin embargo, nadie dice ni pío, es más, los mismos que le pasan la mano por el lomo al gurú mediático son quienes aplauden que se meta en la cárcel para siempre jamás y se cierre el negocio de gente como Pedro Varela.

El conocido como “el último neonazi” era propietario de la liberaría Europa, en la que se distribuía propaganda negacionista: libros y carteles. En la sentencia condenatoria se explica que no se puede exaltar un régimen que admite el uso de la violencia indiscriminada ni la distribución de libros que nieguen el Holocausto y consideren que los judíos son los culpables de todos los males de la Humanidad. Y está justificado en este caso la supresión de la libertad de expresión. No voy a entrar en el apoyo políticamente correcto a Obiang o a quien haga falta si hay petróleo, o lo que sea, por medio. Me centro en los límites de la libertad de expresión. Para mi, el límite es la mentira, no la intención. La intención es interpretable, los hechos no. El problema del Holocausto y el negacionismo o revisionismo es el mismo que aparece en cualquier investigación histórica. Pero para mi, el Holocausto lo será sean cien personas menos o más asesinadas. Un genocidio es lo que es. Igual que te puede caer mal Alcaraz, te puede parecer que la gente que acude a sus manifestaciones es poco moderna, e incluso rancia, pero los muertos de ETA siguen ahí, esperando justicia.

Yo defiendo la libertad de Varela y la de César Calderón. Incluso si Pedro Varela paga con la cárcel defender esas ideas (que para mi son aberrantes) a las que no reniega, y César Calderón dice esas barbaridades mientras cobra por dar clase en ICADE a los nietos de las señoras del abrigo de visón (@O’Mullony dixit). Es más, le animo a que le eche narices y le monte al peluquero un musical tipo Sweeney Todd. Seguro que Público se lo financia y sus amigos van a verlo encantados. Hasta puede sacar un sobresueldo.

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13 thoughts on “Mentar a los muertos

  1. Eso es lo malo: que depende de quién diga. La doble vara de medir, como siempre. Mira, si no, cuando las alusiones a la Pajina: la del alcalde de Valladolid se consideró poco menos que un delito de lesa feminidad, mientras que la del Enano Dakota (aka José Miguel Monzón, «Gran Wyoming»), bastante más soez y ofensiva, pasó prácticamente de puntillas por los informativos.

    Lo que no sé es si se han dado cuenta de que Ahmadineyad dice lo mismo (respecto del Holocausto) y de que el Mein Kampf es el segundo libro más leído en el mundo musulmán tras el Corán. Pero claro: si jalean la defenestración de Mubarak (uno de los suyos, teniendo en cuenta que hasta ayer formaba parte de la Internacional Socialista), ¿cómo iban a darse cuenta de ese otro pequeño detalle?

    En fin. Misterios sin resolver, que dijo el otro 🙂

  2. A este post le falta algo. Y me refiero a tu habitual forma de desnudar los conceptos que suele ser impecable, aunque no siempre coincida con la opinión propia, la mía en este caso.

    Dices: “Me centro en los límites de la libertad de expresión. Para mi, el límite es la mentira, no la intención. La intención es interpretable, los hechos no”.

    Los hechos son evaluables pero el resto, incluida la mentira, sigue siendo algo subjetivo por falta de perspectiva o, incluso, porque no interesa tenerla en según que casos.

    Por supuesto que los muertos son un hecho, pero los relatos no. Y sobran ejemplos por todos los lados/bandos. Los hechos tienen contextos, no se miden aisladamente. Y las consecuencias de lo que se “interprete” no van a cambiar el pasado, pero sí influyen en el presente y/o en el futuro.

    Personalmente, jamás cuestiono la libertad de expresión. Otra cosa es la preocupante situación del todo vale y de opiniones prêt-à-porter que nos invade. El problema está en la libertad y capacidad de análisis. Pero esta es mi opinión, claro.

    1. Isabel, es que me salía un post-sábana. Pero lo he dejado “indicado” (como las operaciones aritméticas) en la idea “El problema del Holocausto y el negacionismo o revisionismo es el mismo que aparece en cualquier investigación histórica”. Quiero decir, cuando estudias la saca de metales preciosos del Nuevo Mundo, cuando analizas datos que supuestamente son puros… te das cuenta de que de puros, nada, que es difícil concretar estadísticas, medir, también los muertos, las víctimas, etc. Con eso quiero decir que ese es el supuesto respaldo de quienes revisan el tema del Holocausto. Y por eso he minimizado el tema del dato numérico, porque es la exterminación de lo que se trata. Es cierto que en las guerras hay muertos de primera y de segunda, dependiendo del punto de vista. Por ejemplo, las miles de mujeres alemanas violadas y asesinadas por los aliados son invisibles para la historia.

      La manera de evitar el todo vale es repudiar a quienes lo practican, que es como decir, “ejerce” tus principios en tu círculo. No estar tan pendiente de que se te vea posicionándote, que parece que nos da miedo. Lo que no funciona es que la moralidad y las buenas costumbres se impongan por ley.

      No sé si la extensión mejora o no el post 🙂

      1. Gracias por tu ampliación. Lo cierto es que es fácil hablar de los muertos de las barbaries colectivas, por más racionalidad que se le eche. Hay pasiones y heridas que no se pueden ventilar eternamente, lo cual no quiere decir dejar que sigan, por supuesto.

        En un post reciente dice Gonzalo Martín algo que creo que deberíamos haber aprendido:

        “El perdón o si, en realidad, tu no tienes nada de qué culparte porque ni lo viviste ni tuviste que ver, reside en conflicto con el dolor y el más duro aún sentimiento del sarpullido de la impunidad. Pero en algún momento se alcanza ese punto en que otro muerto más no puede resolver lo que no se resolvió y que sólo conduce a tu propia miseria moral. Hay venganzas que no se pueden consumar nunca, hay justicia que nunca llega. Vivir con ello resulta ser una verdad incómoda, pero seguramente un hecho y no una interpretación con la que construir tu propia vida, la única que puedes vivir”

        Pero mejor leerlo entero porque siempre se descontextualiza al separar una parte, claro.

  3. La libertad de expresión … le pones el límite en la veracidad … Comparto que ahí hay un límite pero más que de libertad de expresión es, en mi opinión, de honestidad.

    No logro separar el concepto libertad de expresión de libertad así, sin más, sin apellidos y para mí el límite de la libertad está en el hecho cierto de que la mía termina dónde empieza la del vecino, y tenemos la obligación de respetar la libertad del vecino igual que el derecho de que sea respetada la nuestra.

    Un abrazo
    Berta

    1. Claro Berta, el caso es que un robo es una sustracción de una propiedad privada que se puede probar; yo me puedo sentir herida por tus palabras o no, pero acusarte de faltarme al respeto, o de atentar contra mi dignidad, y ser mentira. Además la dignidad es subjetiva. A mi una prostituta me ha presentado a su hija de 12 años y me ha dicho “Mi hija sabe todo de su madre y ya le explicado que tiene que tener la cabeza muy alta porque soy una persona muy digna”. ¿Quién puede negárselo? Nadie, porque lo que para mi es digno para ti es una aberración.
      Así que lo único que entiendo es el repudio del que trata de herir, la credibilidad de uno mismo, el respeto a la propia palabra… Mentir es acusar a uno de algo que es falso. Y ese cero que es el límite. Acusar a alguien de algo que es verdadero, incluso si es con intención de herir, no debe ser en mi opinión restringido LEGALMENTE. Hablo de la ley. Otra cosa es rechazar personalmente, afear la mala intención (que es lo que he pretendido en este post), y responder con inteligencia, o con la misma moneda.
      Estamos demasiado acostumbrados a dejar en manos del Estado legislador la defensa de lo que es intrínseco de la persona.

      1. En el aspecto legislativo coincido contigo, no podemos pretender que papá Estado haga lo que nosotros, como sociedad, no hacemos; el respeto no puede imponerse por Ley ni Real Decreto.

  4. Desde determinados pedestales a los que los autodenominados gurús se han subido, parece que se pueden permitir emitir cualquier comentario y sus palmeros, que los tienen, hacerles coro.

    Un abrazo

  5. Para tener un límite claro, deberíamos atenernos al Código Penal. Ése debería ser el único límite. La presión social ha producido una forma de censura (y, lo que es mucho peor, de autocensura preventiva) equivalente a la de los regímenes oficialmente totalitarios. Lo malo es que esa presión social no es espontánea, sino que ha sido -está siendo- fabricada para servir a intereses concretos.

  6. Sticks and stones can break my bones, but only words can break my heart. Es difícil destrozar una vida sólo a base de puñetazos. En cambio, puedes matar y destrozar miles de vidas por completo con las palabras.Es mil veces más dañina y peligrosa la palabra que cualquier otra cosa. Sólo nuestra cobardía física nos hace fingir que creemos lo contrario. Por eso vivimos en una sociedad de rufianes.

  7. “Sólo nuestra cobardía física nos hace fingir que creemos lo contrario. Por eso vivimos en una sociedad de rufianes.”

    Lo suscribo. Cobardía y Rufianes, palabras claves

    Adjudicar bondad a la agresión del enemigo, aparentando que no es necesario hacerle frente, encubriendo así nuestra cobardía. Reconocer y admitir la intromisión en lo más íntimo de nuestro yo, nos sitúa en el brete de tener que reaccionar en legítima defensa de nuestra libertad y dignidad. Eso solo es posible desde unos valores y principios a los que ya hemos renunciado, suplantándolos por la ‘confortable’ cobardía que apunta Davar, y que de hecho nos convierte en una sociedad envilecida y servil al poder, a la espera de que este nos resuelva los problemas que él mismo nos crea, facturándoselos a otros mediante el uso de instrumentos legales que ese poder pone a nuestra disposición, contra otros. Contra nosotros.

    Avestruces que enterradas su cabezas, para evitar la vergüenza de lo que ven al verse, hacen uso legal de sus patas para salpicar y embadurnar de tierra y lodos a sus vecinos, aún sin verlos. Sin conocerlos. Aporreándose incesante y legalmente unos a otros, en lugar de aporrear todos juntos, al agresor de todos.

  8. > Pero para mi, el Holocausto lo será sean cien personas menos o más asesinadas. Un genocidio es lo que es.

    Pues estamos buenos.

    Holocausto será si hubo sacrificio con fines expiatorios. No lo hubo, sino un persecución de tantas. Como la de los cananeos, amorreos y demás, por antepasados de los judíos.

    Y genocidio habrá si hubo eliminación de una etnia. No consta, aunque hubo intención.

    Si usamos las palabras a nuestro gusto, porqueyolovalgo, no hará forma de razonar.

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