El don de la oportunidad de Elena Salgado

 

Nota de prensa de Presidencia: Los miembros del G-20 destacan la oportunidad de las reformas financieras emprendidas por España.

Y en el texto leemos que es lo que Salgado ha comentado tras la reunión. Ha habido varias menciones a la oportunidad de las reformas financieras en España. Es decir, no son los periodistas que quieren hacer sangre, es ella que toma como un halago estas palabras.

A mi me parecen una crítica con pasada de mano por el lomito. Porque objetivamente ¿han sido oportunas las reformas financieras? Pues depende del objetivo que uno considere. Lo han sido si lo que se pretende es evitar ser intervenidos y quedar como los segundos peores de Europa (después de Grecia) y que te pongan las orejas de burro.

Pero si se trata de estar a la altura de la crisis, pues no. Por más que nuestro sistema financiero no se comportara tan mal como otros por las directrices conservadoras del mismo, el sistema se desangra por la herida de muerte que suponen las cajas. Y ahí ni el PP ni el PSOE tomaron medidas en el momento oportuno. Al revés se sirvieron de las cajas para pagar favores electorales, o para mostrar su poder… cualquier cosa menos plantear una reforma racional para despolitizar las cajas de ahorro. Porque, no nos engañemos, el mal de las cajas es su politización.

Eso sí, ahora vamos de adelantados porque aplicamos Basilea III antes que nadie. Pero ahí sigue el problema principal sin resolver. Y eso es como aprobar gimnasia y suspender lengua y matemáticas.

El circo sin pan

 

(Publicado en la página del IJM el 9 de febrero)

Ayer se dieron a conocer a las directrices generales del Plan Nacional de Control Tributario. No es algo excepcional, está previsto por ley que se publique cómo pretende el gobierno mejorar la eficiencia recaudatoria y la lucha contra el fraude fiscal durante ese año. Sin embargo, resulta más doloroso hoy que antes por las circunstancias económicas que atravesamos. Pero claro, ¿quién puede estar en contra de un plan que trata de eliminar el robo de unos ciudadanos a otros? Ese es el enfoque mezquino que se esconde detrás de este tipo de iniciativas. Y para explicarlo a quienes no tenemos problema alguno en cuestionar lo que haga falta, se recurre a la falacia más grande de todas.

Los impuestos deben pagarse como aportación a la financiación de los servicios comunes que todos utilizamos y por solidaridad, para que todos disfrutemos de determinado nivel de vida, se nos dice. De esa forma, cuestionar los impuestos es declararte en contra de pagar la parte que te corresponde de aceras, iluminación pública, etc., y también se entiende como defender que los viejecitos pobres se mueran por las calles y los niños, desnutridos, no estudien y acaben por llevar una vida miserable, probablemente en el mundo de la delincuencia.

Sin embargo, una cosa es estar de acuerdo en que si todos utilizamos servicios y bienes comunes como las calles o el transporte los gastos van «a escote», y otra aceptar que las cosas se hagan de cualquier manera. No todos los impuestos se utilizan para esos costes comunes, también se financian partidos políticos, sindicatos, fundaciones de todos los pelajes y se hacen transferencias a colectivos para las causas más peregrinas que uno pueda imaginar. A eso hay que añadir la corrupción en las instituciones, bien estatales, bien autonómicas y locales. Se financian cadenas de televisión deficitarias, institutos y comités duplicados, clientes electorales. Y, como era de esperar, la gente lo nota, y termina por no rebelarse, pero se siente justificada para incumplir la norma cada vez que puede.

Por otro lado está el tema de la solidaridad. ¿Es el Estado quien mejor asegura la provisión de esos servicios? ¿Como el caso de las pensiones? ¿O de la enseñanza? Y, sobre todo, ¿pueden los individuos elegir quién debe proveerlos? Frédéric Bastiat lo explica muy bien con su ejemplo de la carrera de caballos. Bastiat plantea que la provisión de bienes y servicios no es tanto como una carrera en la que es fundamental que todos los caballos pesen lo mismo para que no haya aventajados. Se trata de que el que corra más rápido llegue antes al campamento para entregar un mensaje muy urgente. Y ahí, si uno de los caballos pesa menos y es más veloz, no importa, porque lo relevante es entregar el mensaje. Es decir, en el caso de la sanidad, la enseñanza, nuestros mayores, niños y enfermos, lo solidario es asegurar que la provisión es universal y la mejor posible. Y no está claro que esa tarea la desempeñe mejor el Estado que la iniciativa privada, muchas veces es al revés. A pesar de lo cual, incluso si aportas datos objetivos, el mensaje sigue siendo que quieres que se mueran todos y eres una desalmada. Y te acusan de querer que haya medicina para ricos y para pobres.

No ayuda nada a sostener sus argumentos el que los gobiernos legislen de manera que establezcan categorías de ciudadanos: los «favoritos» y el resto. Unos, como los diputados, cobran unas pensiones y el resto, otras; o no declaran la mitad de sus ingresos y el resto trabajamos para el Estado la mitad del año. Unos (clientes electorales) reciben suculentas subvenciones para mantener viva una actividad que muchas veces es deficitaria, y al resto nos cuesta mantenernos como autónomos o PYMES.

Por eso es complicado que los ciudadanos de segunda aceptemos de buena gana este plan de lucha contra el fraude propuesto por políticos pillados en flagrantes mentiras y evidentes malos gestores de nuestro dinero.

Pero hay un caso en el parece que hay consenso. Se trata del respeto a la propiedad privada de los beneficios. Quienes guardan sus fortunas en «paraísos fiscales» tienen muy mala prensa y en estas directrices del Plan se expresa el propósito de luchar para que desaparezcan estos lugares en los que la tributación es menos estricta. Eso sí, se rechaza cualquier intento de Angela Merkel o Nicolas Sarkozy de homogeneizar fiscalmente la Unión Europea con argumentos olvidados cuando hablamos de fuga de capitales. Somos soberanos para establecer un sistema impositivo en nuestra nación, pero los países a donde los capitales de los ciudadanos españoles van no lo son tanto. El deber del Estado es crear un marco atractivo para que los inversores nativos se queden e incluso para que vengan los de fuera. De ahí que el Reino Unido haya tomado medidas para atraer a los inversores de fuera.

Finalmente, teniendo en cuenta la subida de impuestos reciente que no ha sido acompañada por un contundente esfuerzo de reducción del gasto, qué tipo de legitimidad tiene el gobierno de Rodríguez Zapatero para hablar de ajustar el presupuesto, sea de cara a la galería de la Unión Europea, sea porque no le llega para pagar a sus asesores. Ninguna, en mi opinión.

Pero no pasará nada. Mientras no prohíban el circo, nos quedaremos sin pan y tan contentos.

Mentar a los muertos

 

Todos tenemos muertos. Unos nos dejaron desde su cama, otros en un accidente de tráfico, en una guerra… pero todos tenemos los nuestros. Y a la mayoría nos duele que nos los nombren. Mentar a los muertos me parece una cobardía. Es eficaz pero poco noble.

La semana pasada se montó un revuelo enorme en internet porque Nacho Vigalondo, haciéndose el gracioso, bromeó con el Holocausto y con la bala que mató a Kennedy (“ahora que tengo nosecuantos miles de seguidores y me he tomado dos copas de vino, puedo decirlo: la bala que mató a Kennedy sigue por ahí y el Holocausto es mentira” fue más o menos su gracieta). La familia del presidente de EEUU no se ha pronunciado sobre el particular, pero los defensores de mantener la memoria viva del Holocausto, sí. Especialmente a través de Twitter. Tanto que El País ha dejado de contar con él y hasta han eliminado el blog de Vigalondo de la plataforma virtual de El País. De nada ha servido que Vigalondo haya dejado claro que no tenía intención y que no cuestiona nada de nada.

Y entonces se ha vuelto a montar un revuelo enorme en internet por parte de quienes defienden el sentido del humor de Vigalondo. Incluso hay un manifiesto de apoyo con recogida de firmas, en el que se habla de tergiversación, de acoso y se recuerda la frase de Woody Allen quien afirmaba que cuando oía a Wagner le daban ganas de invadir Polonia.

A los pocos días César Calderón (@netoraton) criticaba a las señoras con el abrigo de visón de cuello vuelto y los señores de bigotito, de la manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo del 5 de febrero, y proponía escribirle un musical tipo Sweeney Todd (el subtítulo es «el barbero diabólico de la calle Fleet«) al «peluquero» para hacerle famoso. El «peluquero» es Francisco José Alcaraz, convocante de la manifestación, ex presidente de la AVT y hermano y tío de asesinados por ETA.

Mientras que Vigalondo claramente no tenía intención de otra cosa más que escandalizar, Netoratón atacaba con rebaba macarrónica a quienes se manifiestan contra los asesinatos del grupo terrorista que forma parte de nuestra vida política y, lamentablemente de nuestras instituciones, desde la época del dictador de bigotito.

Sin embargo, nadie dice ni pío, es más, los mismos que le pasan la mano por el lomo al gurú mediático son quienes aplauden que se meta en la cárcel para siempre jamás y se cierre el negocio de gente como Pedro Varela.

El conocido como “el último neonazi” era propietario de la liberaría Europa, en la que se distribuía propaganda negacionista: libros y carteles. En la sentencia condenatoria se explica que no se puede exaltar un régimen que admite el uso de la violencia indiscriminada ni la distribución de libros que nieguen el Holocausto y consideren que los judíos son los culpables de todos los males de la Humanidad. Y está justificado en este caso la supresión de la libertad de expresión. No voy a entrar en el apoyo políticamente correcto a Obiang o a quien haga falta si hay petróleo, o lo que sea, por medio. Me centro en los límites de la libertad de expresión. Para mi, el límite es la mentira, no la intención. La intención es interpretable, los hechos no. El problema del Holocausto y el negacionismo o revisionismo es el mismo que aparece en cualquier investigación histórica. Pero para mi, el Holocausto lo será sean cien personas menos o más asesinadas. Un genocidio es lo que es. Igual que te puede caer mal Alcaraz, te puede parecer que la gente que acude a sus manifestaciones es poco moderna, e incluso rancia, pero los muertos de ETA siguen ahí, esperando justicia.

Yo defiendo la libertad de Varela y la de César Calderón. Incluso si Pedro Varela paga con la cárcel defender esas ideas (que para mi son aberrantes) a las que no reniega, y César Calderón dice esas barbaridades mientras cobra por dar clase en ICADE a los nietos de las señoras del abrigo de visón (@O’Mullony dixit). Es más, le animo a que le eche narices y le monte al peluquero un musical tipo Sweeney Todd. Seguro que Público se lo financia y sus amigos van a verlo encantados. Hasta puede sacar un sobresueldo.