Eurovisión y las revueltas africanas

Hace menos de veinte días que pasó lo de Túnez: revuelta popular, el presidente Ben Alí se va con el oro a otra parte, la sociedad trata de reorganizarse… Y recuerdo que, en una de esas tertulias a las que voy en donde todos «sabemos tanto de todo», un compañero negaba que, tal y como contaba un español que llevaba un año viviendo en Túnez, la gente que se echó a la calle no tenía la idea de hacer dimitir al presidente, sino que simplemente protestaba por desbordamiento de la indignación. Robar, robar, todos robaban, pero al parecer Ben Alí, su señora y la familia política al completo se habían pasado de la raya, provocando ese sentimiento que, con la excepción de España, campeona mundial de tragaderas, lleva a que la gente salga a la calle a montar el pollo. Por el contrario, el contertulio defendía que todo estaba orquestado por los hermanos ultra islamistas que querían ganar un país más para el burka-style.

El caso es que en estos 16 días, ha pasado lo mismo en Egipto, y al parecer, Jordania, Yemen y Libia pueden contagiarse de este espíritu revolucionario repentino.

¿Están detrás los hermanos musulmanes más radicales o es el tránsito hacia una inevitable democracia? Como decía alguien en Twitter este fin de semana, nadie tiene un alelo de ADN demócrata o anti demócrata, sea uno musulmán o no. Y es verdad, pero sí existen culturas propicias o incompatibles. Y también existen perversiones de la democracia que sirven al interés del tirano (véanse Castro o Chávez). A pesar de lo complejo que es todo, los occidentales, con el respeto por el prójimo que nos caracteriza, no podemos evitar opinar, juzgar, diagnosticar y pronosticar el futuro.

Y no es que no nos afecte. El petróleo es importante. Túnez está aquí abajo, como quien dice a la vuelta de la esquina. Egipto es eslabón de muchas rutas comerciales y parte del equilibrio imposible del Medio Oriente. Así que, de repente, los mandamases que dicen que nos representan se ven compelidos a responder a preguntas como: «¿Quiénes son los buenos?» o «¿Dónde estaba mirando usted mientras esta gente que ahora se lanza a la calle sufría en silencio la dictadura?». Y ahí te quiero ver. En un primer momento, daba la sensación de que Obama no sabía si Mubarak es «uno de los nuestros» o no. Zapatero esta mañana, simplemente decía que nadie podía anticipar todo esto (misma respuesta que cuando le preguntaron que porqué había tardado tanto en tomar medidas ante la crisis), Israel reclama apoyo para Mubarak… y el resto disimula. Yo confieso mi ignorancia. Personalmente eliminaría a quienes explotaran al prójimo en cualquier sitio. Pero me da la sensación de que, como decía al principio, robar, robar… aquí no se libra nadie, y que la clave está escrita en código de equilibrio político internacional, no es un problema de acabar con dictaduras. Ya Louis Napoléon de Francia demostró en el siglo XIX que uno puede ser insurgente, presidente de república y emperador 3-en-1, y no pasa nada. Esto es Europa y ya hemos visto de todo. Por tanto, los de a pié, que vivimos a años luz de los entresijos de la alta geopolítica, no nos enteraremos realmente de quién está detrás, qué se cuece y quiénes son los buenos.

Y eso es así porque no hay un Uribarri de la política internacional. Lo que vemos es que Israel le da 12 puntos a Mubarak y que Estados Unidos solamente 1. Nuestro Zapatero, Berlusconi o Sarkozy dicen Guayomini, tguá puán («Royaume-Uni, trois points»),  pero no está el inefable Uribarri para anticipar los votos y explicar la verdad de los apoyos. ¡Lástima!