El elefante de oro

Esta semana que acaba el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, ha protagonizado una cadena de declaraciones y matizaciones que han reabierto una vieja herida: la del oro.

El día 7 de noviembre Zoellick afirmaba que, a la hora de promover un nuevo acuerdo monetario internacional que sustituya a Bretón Woods, “…el sistema también debe considerar el empleo del oro como un punto de referencia internacional de las expectativas del mercado sobre la inflación, la deflación y los valores futuros de divisas”. Tres días después, el presidente del Banco Mundial, que participaba en una conferencia sobre proyectos de infraestructura organizada por el Gobierno de Singapur, se vio obligado a aclarar que no estaba promoviendo un regreso al patrón oro para los tipos de cambio, pero insistió en que las autoridades monetarias harían bien en reconocer al oro como “el elefante en la habitación”. Y añadió: “Los mercados ya están usando al oro como una alternativa de activo monetario dado que la confianza es baja, lo que indica que tenemos un problema que debe ser resuelto”.

La simple constatación de un hecho, que la confianza en el mercado financiero es baja y los inversores, de nuevo, se refugian en el oro, ha hecho saltar las alarmas de todos. Por un lado, las de aquellos que rechazan el sistema monetario fiduciario vigente y pretenden sustituirlo por alguno menos arbitrario. Por otro lado, las de quienes se apresuran a acusar a los primeros de soñadores utópicos, recuerdan los problemas del patrón oro del siglo XIX y enlistan los problemas de crecimiento que tendría como consecuencia una vuelta a patrón oro tradicional.

Efectivamente, el anclaje a un metal como el oro sin más es problemático porque no tiene una oferta que se pueda ajustar al crecimiento del comercio. En ese sentido, algunos analistas se plantean cómo se habría producido el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación si estuviéramos sometidos a las rigideces del patrón oro de antaño.

Por otro lado, los entusiastas del oro blanden la historia reciente como argumento. A pesar del persistente aumento del precio del oro en la pasada década, comparado con el valor del dólar, del euro (desde su creación), del yen y del yuán, el oro es el activo más estable de todos en el pasado siglo y lo que va de éste. Precisamente eso es lo que hace del metal amarillo el refugio de los inversores cuando la cosa pinta mal: no genera rendimientos en sí mismo pero es estable. Y eso, en los tiempos que corren es muy importante. No hay que olvidar que Zoellick ha sugerido considerar el oro como punto de referencia del mercado monetario internacional en medio de una situación complicada. Las tensiones en el mercado de divisas crecen. Mientras que la mayoría de los países se dan cuenta de que hay que mantener cierta disciplina cambiaria para mantener el equilibrio, China se niega a abandonar su política intervencionista. En un país en el que la intervención es la norma y el Partido Comunista Chino es el decisor supremo, es normal que si lo conveniente es mantener el tipo de cambio del yuan bajo para ser más competitivos, el gobierno no ceda a presiones occidentales.

Lo cierto es que la idea del viejo patrón oro se aleja bastante de la realidad y el mercado financiero va canalizando las demandas con respuestas nuevas a problemas nuevos. Cada vez aparecen más activos financieros respaldados con oro: por ejemplo, los Gold Bullion Securities (100% respaldado por lingotes de oro físico nominativos, custodiados por un depositario), futuros de oro, fondos cotizados sobre acciones mineras de oro y fondos cotizados de empresas propietarias de oro.

¿Y qué hacemos con nuestro deslucido sistema monetario fiduciario? ¿Cómo recuperar la confianza en un “mandato” internacional que debía habernos prevenido de toda gripe financiera?

Decía Adam Smith que una de las tareas del soberano era la de respaldar un sistema de justicia que asegurara la vida, la propiedad y el cumplimiento de los contratos. Tal vez con eso simplemente baste como punto de partida. Constatada la enorme dificultad de que los acuerdos internacionales se cumplan, cedamos el sitio a los contratos y liberemos la moneda. Devolvamos al Tesoro la facultad de emitir y eliminemos esa función de los bancos centrales.  Si se permite que cada cual emplee la moneda qué más confianza le inspire sobrevivirá la más fuerte, la mejor respaldada. Y en esa situación, probablemente la que tenga al oro como referente último se llevaría el gato al agua.

 

(Publicado el domingo 14 de noviembre en el suplemento Mercados de El Mundo)

 

 

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8 thoughts on “El elefante de oro

  1. Muy interesante, y tienes razón. No obstante, creo pasará mucho tiempo hasta que esta reforma se plasme. Dada la atmósfera política en Washington, muy pocos se atreverán a defender algo como esto, salvo los valientes de siempre como Ron Paul. Es casi imposible que Obama secunde una medida de este tipo, y aunque lo hiciera, arrinconado por la realidad económica, es casi imposible que todo el Congreso americano se ponga de acuerdo para reestablecer el patrón oro que Nixon masacró en los 70. Además, es un tema con algo de complejidad, muy difícil de explicar en campaña, y muy fácil de demonizar por parte de los populistas.

  2. Perogrullo ha hablado…Robert Zoellick no ha dicho nada nuevo….coincido con el comentario anterior aunque se ha desatado una sospechosa campana por la compra de oro en los Estados Unidos que como sucede ultimamente esta expoliando a los ahorristas y a la spersonas con responsabilidad para sacarle las castanas del fuego al gobierno y sus big brothers…

  3. Lo preguntaba en “A pesar del Gobierno” y Don Carlos R. Braun me ha dirigido aquí. Espero que mis preguntas tengan sentido, aunque tal vez sean muy simples. Y que me las pueda responder aunque sea someramente.

    No entendí esta parte de su artículo:
    “…Devolvamos al Tesoro la facultad de emitir y eliminemos esa función de los Bancos Centrales.”

    Y estas fueron las preguntas que me surgieron, incluyendo la parida final.

    ¿Existe el Tesoro Europeo? ¿Defiende que todos salgamos del Euro?¿Qué importa que quien emita sea el Tesoro o el Banco de España? ¿Antes emitía el Tesoro? ¿Existen los mapas secretos?

    1. Los mapas secretos deben existir pero no los conozco… son secretos :))
      No existe el Tesoro Europeo, se ocupa cada país. Mi idea es desmantelar los Bancos Centrales, por eso he dicho lo del Tesoro. Defiendo la moneda libre, es decir que usted pueda utilizar la moneda que le parezca teniendo en cuenta que los comerciantes, banqueros, etc le aceptarán aquellas solventes. Es decir, no habrá una autoridad que “decida” qué moneda hay que utilizar y a continuación se dedica a minar su credibilidad con determinadas políticas. Que sean los mercados (es decir las personas) quienes confíen o no en esta u otra moneda. Creo que es la manera de que si hay demanda de una moneda respaldada por el oro, se ponga en circulación y que sea el público la que la demande para aquello que le parezca conveniente.

      1. Si yo creo que entendí el fondo del artículo. Lo que no entendí es lo del Banco Central/Tesoro (o mejor TesORO). Es decir, si ambas son instituciones públicas no veo la liberalización en que sea una u otra la que emita la moneda (algo que también parece sugerir C d LM). Puede que sea porque desconozco el fundamento de éstas. Muchas gracias por su respuesta. Visitaré su blog ahora que lo conozco.

  4. Todo el mundo da vueltas al melón intentando ver un pez que parezca una gallina.

    Quemar el dinero. Moneda nacional solo para mercado interno. Comercio internacional, mediante acuerdos bilaterales liquidando el grueso de los mismos mediante intercambio de mercancías. Férreo control democrático sobre los gobiernos. Férreo control sobre gestión de partidas presupuestarias.

    Las ayudas internacionales en especies, equipamientos y personal cualificado. Se acaban las ONGs y la sangría de billones de dólares que nadie sabe donde van a parar.

    La recuperación económica tanto en niveles nacionales como mundial, pasa por proteger y recuperar la independencia de los mercados nacionales. Quemar hasta el último dólar y hasta el último euro, acuñando moneda nacional y empezando de cero todos los países del mundo, invalidando y recuperando para su hábitat natural, el expolio de riqueza que anarcoespeculadores y corruptos parásitos, han saqueado a los mercados nacionales globalizados, mediante corrupción de poderes del estado y maniobras especulativas.

    A partir de ahí el que trabaje y produzca, sobrevivirá, el que no perecerá. Las monedas nacionales se utilizarán solo para el mercado interno. Los estados controlarán sus economías y solo dependerá de cada cual la suya. Si un país se hunde, a los demás se la repanfinfla. Si una moneda sube u otra baja también. Pago dos toneladas de mis excedentes de patatas, por una y media en trigo, que soy deficitario. Y eso es una constante invariable entre dos estados con acuerdos bilaterales y explotaciones agroalimentarias estables, en ambos productos. O de lavadoras, o de frigoríficos, o de terneras. Reducirá a la mínima expresión, el poder de especulación con maniobras que modifiquen artificial y fraudulentamente la oferta y la demanda, como se hace en un mercado global, con moneda global, con un comportamiento similar al de la marabunta.

    Mercado global es ruina global, al canalizarse, desviar y quedar atrapada e inmovilizada la riqueza que generan los mercados, fuera de los mercados y paralizándolos por falta de liquidez al no circular el dinero, algo imposible o muy difícil cuando el valor de intercambio es la propia producción en especies.

    La riqueza no es el dinero, sino lo producido. El dinero solo es un contravalor cuya propiedad es de justicia que pertenezca al productor. Hay que repetirlo millones de veces para que todos se enteren. Cuando todos se enteren todos se enterarán de que la riqueza pertenece al que la produce y no a los que con sus habilidades “austriacas” o “chicagenses” o de cosecha personal, acaparan su contravalor en metal. De ahí la necesidad de excluir o reducir el dinero, como valor de intercambio comercial, usando las propias mercancías.

    Las mercancías tienen propiedad incuestionable. El dinero “no es de nadie”.

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