Que se mueran los ricos

Todos recordamos el estribillo de la vieja canción de Los Sirex «Que se mueran los feos». Pero pocas personas se han parado a pensar cuál es la razón para desear que se mueran los feos, más allá de consideraciones estéticas. Veamos:

Que se mueran los feos/ que se mueran los feos/ que no quede ninguno, ninguno, ninguno de feos.

Pues les quitan las chicas/ que tienen mucha vista/ nadie sabe que tienen un arte especial para las conquistas.

Resuelto: los feos deben morir porque tienen éxito. Como los ricos, los feos tienen algo especial que los demás no, en este caso, se ligan a las chicas, y ojo… es que ellas tienen mucha vista, no son tontas, eligen lo mejor. Ese algo especial es un arte, no se aprende. Por más que se publiquen libros de autoayuda nadie tiene el secreto para ligar, ni para ser rico. Sin embargo, igual que le pasa a los feos en la canción, los ricos no tienen muy buena prensa en la sociedad. Bueno, algunos ricos. A los que se les nota. Los ricos sin complejos son denostados, culpabilizados de todos los males de la sociedad, en especial de la pobreza de quienes no son ricos, y son el objetivo de la frustración de quienes no tienen tanto arte o tanta suerte.

Y así tenemos al presidente del Gobierno y a más de media España reclamando un impuesto para los ricos, con el argumento de que ellos que tienen más deberían ayudar a los que tienen menos. Y algunos, como Nacho Escolar se preguntan

¿Por qué el tijeretazo social empezará en junio y la subida de impuestos para los más ricos será, según Zapatero, “en su momento”? ¿Por que los demás países europeos que se han apretado el cinturón, como Portugal, Italia, Francia o incluso Grecia, han mezclado las de cal con las de arena para que la crisis no sólo la paguen los más desfavorecidos, mientras que Zapatero, de momento, sólo ha concretado los recortes? ¿Por qué el Gobierno se ha pasado una semana lanzando mensajes contradictorios sobre los impuestos para ricos en lugar de anunciarlo todo junto en el Parlamento?

Como si Zapatero fuera a proteger a los ricos, por Dios, ¡¿cómo puede ser que se le pase por la cabeza, ?! ¡¡ni que le financiaran las campañas electorales!!

Yendo más allá, Rosa María Artal, directamente considera porqué no se puede molestar a los ricos con impuestos y cree que aunque nuestros «más favorecidos» se largaran ante un aumento de los impuestos, tampoco sería tan grave. Al fin y al cabo, nuestros ricos (Inditex, Telefónica, algún banco y algunos clubes deportivos, lo que parece un poco estrechito de miras) no despiertan pasiones fuera (dice ella, fijándose en el puesto que ocupan en una lista). Y además, qué narices, nuestros ricos lo son, sobre todo por invertir en Bolsa y eso no crea empleo. Pues, nada, que se piren… que se vayan todos los capitales de los ricos, malos, abusones, que se vayan a otro sitio a… invertir. Porque al revés de como dice Artal, resulta que además de gastar en bienes de lujo, clubs elitistas y yates (vaya paletada, oiga, se ha documentado en el ¡Qué me dices!) la gente de dinero, además de vivir como le viene en gana, mueve el dinero; y resulta que las acciones son participaciones en empresas… vamos, que a pesar de lo mal parido de nuestro sistema financiero, una parte respetable tiene un referente en la economía real. Como lo demuestra que la crisis financiera ha generado una recesión en la economía real, y que los problemas del mercado de deuda (que es papel mojado) y del interbancario, afecta a las economías reales (producción y empleo). No todo o no todo lo que debiera, de acuerdo, pero el lado financiero y el real tienen un correlato, señora.

En cualquier caso, nosotros los españoles, que vivimos del turismo, y que nos gustaría vivir MÁS del turismo de lujo, del que deja dinero, y no tanto del mochilero, nos permitimos señalar a los ricos y desear que se vayan, o que se mueran (al menos en sentido figurado), bien por ignorancia, estupidez o por puritita envidia. No por justicia o solidaridad.

Y digo eso, porque justo es que cada cual con lo suyo haga lo que quiera sin que coactivamente se lo quiten como si la propiedad privada fuera delito. Y solidario es que uno ayude a otros porque es un valor humano, no que coactivamente los políticos o los envidiosos, decidan cuánto he de aportar y que me lo quiten por la fuerza, como es el caso. Y no es justo ni solidario que el gobierno dilapide el dinero que nos falta ayudando a sus clientes electorales. Ni lo es tampoco que los señores y señoras diputados y diputadas tengan las dietas que tienen, incluidos los meses en que no hay actividad parlamentaria. O que muchos europarlamentarios vayan los viernes a Bruselas, recojan el cheque y regresen a seguir viviendo en su tierra. Escolar y Artal hablan como si los ricos fueran «los otros», y obviamente, no es así. Esa es la razón para que dejen tranquilas las SICAV… ¡porque es donde tienen sus patrimonios los pastores del rebaño! (entre otros).

Parece que lo suyo, para ser más progre y más guay que nadie, es desear que la gente dotada de medios (por herencia o iniciativa propia) y de «arte» (sí, me refiero a los especuladores que se arriesgan y se adelantan a lo que va a pasar en el mercado) se vaya bien lejos y solamente quedemos una clase trabajadora escasa sin capacidad para financiar nada y sin incentivos para ahorrar y mover sus ahorros, y una enorme masa de parados, sin expectativas de encontrar empleo en un país sin inversores.

¿Qué iba a ser de nuestros políticos y sus amiguitos?