El salario del miedo

Publicado en El Semanario Atlático hoy domingo (merece la pena suscribirse):

Parece que Occidente se enfrenta a esta segunda década del siglo XXI acompañado de nuevos enemigos que se suman a los conocidos. Tenemos entre nosotros al gran oso ruso, sin bota soviética (de momento) pero que sigue metiendo el dedo en el ojo cada vez que mira alrededor con intención de aliarse con los peores macarras del patio. Sigue entre nosotros la amenaza de los radicales islámicos que se comen gran parte del presupuesto de los Estados Unidos en defensa, lucha anti-terrorista y demás sistemas preventivos. No solamente no han desaparecido sino que se reproducen como cucarachas las dictaduras latinoamericanas hijas del castrismo. El comunismo chino aparece con nuevos ropajes, los del comercio internacional abierto, que le dan un aspecto más aseado: mismo perro con distinto collar.

Pero ahora hay que contar con nuevos enemigos: los especuladores. Sea en versión patria o como primos cercanos europeos, son la amenaza real más novedosa y dañina de Occidente. Antonio Miguel Carmona, economista y miembro activo de la Federación Socialista Madrileña y tertuliano ubicuo donde los haya se atreve a asegurar que conoce personalmente a esos tres o cuatro especuladores malintencionados que el pasado martes 4 de mayo provocaron una caída de la Bolsa española del 5%. Y afirma que esos elementos deberían estar en la cárcel. Tal vez también sepa quiénes están detrás de los altibajos que padeció el Dow Jones el jueves siguiente. Y probablemente, quién es el responsable del asesinato de Kennedy y dónde está Wally.

Lo cierto es que es un recurso facilón el de Carmona: culpar a los demás jugadores incluso si siguen las reglas aceptadas por todos. Eso es acudir a lo más esencial de la naturaleza humana Cuando hay una situación de emergencia extrema todos necesitamos señalar con el dedo a alguien o algo como responsables de nuestro miedo, y lo más fácil es apuntar a alguien lejano e inaccesible: los dioses, los ricos, los extranjeros… Pero la estrategia de Carmona es mucho más peligrosa, casi mesiánica: “En verdad os digo que uno de vosotros es el traidor, y no solamente lo conozco sino que sabía de la traición desde el día de ayer”. Sólo le falta caminar sobre las aguas. Y todo para ocultar el análisis básico que cualquier economista debería tener en mente.

El mercado de deuda existe, en primer lugar y por más que parezca una boutade, porque los gobiernos se endeudan más de lo que deberían. Y eso no es nuevo. Ya desde el siglo XVI la Hacienda Real se veía obligada a hacer virguerías para cerrar cada ejercicio económico. No en vano Felipe II decretó suspensión de pagos en cuatro ocasiones entre 1557 y 1596 y se desencadenó una emisión intermitente pero imparable de juros, la primera versión de la deuda pública. También entonces los soberanos (y la sufrida nación) estaban en manos de banqueros internacionales.

Pero las cosas han cambiado. El patrimonio del monarca y el público están claramente diferenciados, la gestión del dinero de los ciudadanos corre a cargo de quienes el pueblo ha elegido libremente. Los electores tenemos a nuestra disposición los programas electorales y aquí no ha habido engaño: Zapatero se ha auto coronado como el rey del gasto, social o no, pero gasto. Así que, como es lógico, ha crecido la deuda pública y, para poder devolverla, se ha colocado en el mercado internacional.

Pero cuando uno decide jugar en este mercado y vender en él su deuda soberana está diciendo al menos dos cosas al respetable. Primero, que lo hace porque necesita financiarse, nadie le obliga. Segundo, que está dispuesto a aceptar las reglas del juego y sabe que el mercado es impersonal: alguien compra tu deuda, pero no sabes si es amigo o enemigo.

Así que culpar ahora del descalabro del IBEX a los malditos especuladores es esconder el excesivo endeudamiento español y las causas que han llevado a nuestro gobierno a ello. Y solamente hay una razón: el clientelismo electoral.

Zapatero gasta de más por culpa del pacto no firmado en el mercado laboral, por la inexistente reforma de las administraciones territoriales y la consiguiente duplicación de gastos en los presupuestos nacional, autonómicos y locales, gasta de más en las subvenciones a diestro y siniestro, a organizaciones de amigos nacionales y extranjeros, como por ejemplo dos millones de euros para la construcción y el equipamiento de almacenes y talleres de reparación de material eléctrico de la policía palestina, o las decenas de millones de euros para el fortalecimiento de la igualdad de género en países como Camboya y Timor Oriental. Y en casa, casi cinco millones de personas en paro y una deuda de 1,1 trillones de dólares según el New York Times.

Cuando me planteo cómo salir de la situación tan delicada en la que se encuentra la economía española me acuerdo de la película que titula el artículo, El Salario del Miedo, basada en el libro de Georges Arnaud y protagonizada por Yves Montand en 1953. En ella se narra la historia de cuatro europeos contratados por una multinacional petrolera norteamericana, con pozos de extracción en Sudamérica, que tienen que llevar un camión de nitroglicerina urgentemente para apagar uno de los pozos que está en llamas. Ni que decir tiene que los caminos son los peores del mundo y las situaciones que se dan bastante rocambolescas. Cada pequeño bache puede hacer que todo salte por los aires.

En esos momentos lo que no facilita las cosas es azuzar el pánico instintivo al rico, al extranjero o al diferente, lo que hace falta es un conductor con nervios templados que sepa, al menos, qué pedal es el acelerador, cuál es el freno y cuál el embrague. Y da la sensación que lo último que condujo el presidente español fue la bici con ruedines por las calles de su infancia.

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2 thoughts on “El salario del miedo

  1. El especulador es una casta parasitaria, terriblemente gravosa e irreductiblemente insertada en todas las sociedades durante todos los tiempos. El especulador es el cáncer inextirpable en todo mercado, debilitando e incluso acabando con la vida de economías sólidas y saneadas. Es criminal y debería haber sido tipificado como delito muy grave, desde tiempos ancestrales, y de hacho así habría sido de no ser por su cercano parentesco con el segundo cáncer de toda sociedad y econmía, formado por sus propias castas politicas.

    Dicho esto, y situándonos en nuestro escenario actual, además de los terribles efectos de la especulación, sufrimos la mofa y prepotencia de los especualdores, buscando culpables entre los especuladores y rasgándose sus vestiduras pidiendo que sean perseguidos, tras seis años presumiendo con soberbia desmesurada, de ser sus pasajeros de lujo y sus beneficiarios predilectos, sin dignarse mirar hacia abajo, donde ya se chapoteaba sobre el lodazal de la miseria.

    Pero hete aquí que estamos integrados en un ‘bloque democrático impenetrable y bla, bla, bla…” imposible de contaminar por ningún corrupto ni especulador de tres al cuarto: La UE. Anteayer dio sus ‘golpes sobre la mesa’ y le puso las pilas a los PIGS y a los PIIGS, e inmediatamente después le puso miles de millones a los ‘especuladores’ corruptos y delincuentes de estado, en sus garantías y en sus zarpas para que no les falte de nada. Para que sigan ahogando a sus naciones. Para que sigan endeudándose. Para formar su ‘África particular’ en su ‘particular Europa’, una vez sobreesquilamada y super amortizada la auténtica, siglo tras siglo.

    Me lo decía Anghara ayer y tiene toda la razón. Hacen con los PIGS, lo que han hecho toda la vida con los gobiernos africanos y añado latino americanos. Corromperlos para expoliar sus recursos y esclavizar a sus pueblos hundidos en deudas hasta las bolas, cuyo movimiente es permanentemente creciente.

    El comercio trajo la paz que acabó con las angrientas incursiones bárbaras, pero fue a cambio de obtener el saqueo mediante el juego sucio del unte y la corrupción que les facilita la vehiculación del expolio a sus especuladores. Grecia ya es ‘África’ o PIGS para siempre y oficialmente. Seguiremos nosotros, Portugal, Italia y algunos más aún por decidir o definir.

    La humanidad no ha dado un solo paso al frente desde que existe. No se ha movido un milímetro. Saquear los bienes ajenos, violando los derechos ajenos, es u vieja, oerenne y única máxima. Los más bárbaros y crueles, despojarán a los más débiles e ingenuos.

    Antaño lo hacían a degüello directamente. Ahora con especuladores y corruptos, reservándose el derecho al degüello. Necesitan los esclavos. Matarlos es un error. De hecho los importamos a pesar de no tener como mantenerlos. Diferentes modos para los mismos resultados, sobre mismos objetivos, bajo técnicas de mayor rentabilidad, sin apenas tiempo para las ‘cosechas’.

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