Mi seminario con Robert Lucas.

He tenido la suerte de organizar el seminario de profesores con Robert Lucas, premiado con el Nobel de Economía en 1995 y economista de la “Nueva Economía Clásica”, la versión moderna de la Escuela de Chicago. El profesor Lucas me ha parecido un americano afable y educado, sencillo, nada soberbio o pretencioso, y me comentaba Pedro (el catedrático de la asignatura y director del seminario): “¿Ves lo prepotentes que son las personas sabias?” Nada… nada prepotentes. Al menos en este caso. En otros…

Durante una hora y media, además de dar una pequeña charlita acerca de cómo estamos, se ha sometido a las preguntas de Alfonso Novales, Pedro Fraile, Ramón Febrero, el propio Pedro Schwartz y el respetable, que finalmente llenó la sala (pequeña, era un seminario, no una conferencia multitudinaria).

Lucas se podría definir como ortodoxia monetarista moderada. Así que finalmente sigue las doctrinas monetaristas, pero modificadas por la fuerza de los hechos. No le he preguntado por su impresión sobre la revivida Escuela Austriaca o por sus ideas acerca de cómo la teoría del ciclo austriaco encaja más que otras a la hora de explicar las crisis. Cuando ha afirmado que nunca hemos tenido libere mercado monetario y que sería imposible ponerlo en práctica, he tachado mi pregunta y he pensado en otra.

Es profundamente anti-keynesiano, como ha puesto de manifiesto al responder a una pregunta de un neokeynesiano (que no hablaba inglés). Ha atacado el modelo de Keynes, pero también el de Walras por ser altamente ficticio. Y ha remarcado que Keynes no explica la curva de oferta de trabajo, no explica cómo se llega al desempleo. Solamente propone cómo salir de una situación de paro.

Fantástica la anécdota de Samuelson que le pregunta a Hicks cuál es la burbuja más grande y extensa de toda la historia económica y Hicks le contesta que la Revolución Industrial.
Inesperadas frases como “Todo es comportamiento humano” por venir de quien viene. O su desconfianza en el FMI (“Sus logros son muy limitados”), su perspectiva de la política económica de Obama en los Estados Unidos (“El gasto de Obama no es especialmente popular”).

Mi pregunta: en un país como España con un paro del 20%, la gente necesita culpar a alguien de la crisis. Los periódicos y los gobiernos culpan a los economistas por no haber predicho la crisis y por haber animado al libre mercado. ¿Qué debemos responder como economistas cuando nos pregunten de quién es la culpa?

Su respuesta: pues hay que decirle a la gente que la culpa es de la gente… que se equivoca a veces. Hay gente en esta crisis que se creía que sabía. Por ejemplo, Alan Greenspan. Al principio, la gente creía que Greenspan lo sabía todo y, por tanto, creía que tenía facultad para tomar todo tipo de decisiones. Incluso llegó un momento en que el propio Greenspan creía que lo sabía todo y podía hacer lo que le diera la gana. Y entonces pasó lo que pasó.

Se hizo corto.

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