Colaboracionistas

Sábado de agosto. Hora de la siesta. Modorra. The Firm, de Sidney Pollack. El protagonista habla con un tipo del departamento de justicia que le informa de que en el despacho de abogados en el que trabaja se cometen todo tipo de barbaridades, las típicas de la mafia. A saber: extorsión, soborno de jueces y altos cargos públicos, tráfico de armas, narcotráfico… Tom Cruise, que como siempre hace de abogado imbécil al que dan ganas de partirle la cara, se ve en ante el dilema de omitir y, por tanto, ser cómplice, o trabajar para el FBI y el departamento de justicia (que torean al alimón).

“No puede decir que no”, he pensado. ¿Cómo va a callar y colaborar con esa barbarie? Y me he levantado a ponerme un café. Mientras removía el azúcar me he dado cuenta de que aquí, al otro lado de la pantalla, todos somos colaboracionistas de unos “jefes” que participan de ese tipo de cosas. Ya. Ya sé que parece muy radical pensar que todos los gobernantes están metidos en el narcotráfico. Lo demás: extorsión, manipulación de la justicia y compra venta de armas es bastante obvio. Pero pensemos en la visita de Moratinos (que tiene un “jefe” que le aplaude) a Venezuela, y la conexión entre Chávez y los terroristas y narcotraficantes. Y después recordemos que el “jefe” de la ONU (a quien los “jefes” de todas las naciones rinden pleitesia) felicitaba a Ahmadineyad, quien ha nombrado ministro a un terrorista buscado por la Interpol (fíjate, Pepiño, alguien vendrá que bueno te hará).

Ni usted ni yo tomamos las decisiones, no somos responsables, pero trabajamos en ese despacho de abogados corruptos y mentirosos, somos Tom Cruise sudoroso, escandalizado al enterarse de la verdad. Somos él cuando se va dando cuenta de que efectivamente le vigilan, hay micros en su salón, saben qué hace, con quién y cuándo. Y aún más… son ellos quienes han comprado su silencio con una casa estupenda, un coche, una posición. Tal y como le explica el tipo del departamento de justicia, ese es su modus operandi: y cuando ya estás establecido, tus hijos van a un buen colegio, tu mujer va al club y tu juegas al golf, te dicen la verdad, y tu te callas porque tienes demasiado que perder. Es decir: compran tu silencio.
¿Y nosotros? Bueno, es algo diferente, nosotros pagamos dinero a un “jefe” que se encargue de hacernos felices a todos, acabar con la pobreza, cuidar de la salud física y mental de todos… pero sabemos que nos mienten, que despilfarran, que dan a quienes más votos les aseguran, que se gastan el dinero de los abstencionistas en financiar a los partidos políticos, o en proyectos de cooperación peregrinos en los que ni usted ni yo querríamos meter nuestro dinero. No hay micros en nuestras casas (de momento), pero te meten en la cárcel si te niegas a participar.

Más aún: si un país se sale de la manada y promulga leyes que dan libertad a sus ciudadanos para hacer con sus recursos lo que quieran, son presionados, señalados con el dedo por la “comunidad internacional”. Es el caso de Suiza, en donde su ley en defensa del secreto bancario, vigente desde 1930, está en lo alto de la picota y se ha visto permanentemente cuestionada a lo largo del siglo XX. Pero es este año cuando Suiza ha cedido y ha aceptado los protocolos standars de la OCDE, y cuando, en marzo, UBS (Union de Banques Suisses) acepto filtrar a EEUU los nombres de 250 clientes. El tema es que los ciudadanos americanos sacan su dinero de los bancos americanos y abren cuentas en Suiza para no tener que pagar impuestos en su país de origen. Como hay secreto bancario, es dinero no declarado. Así, verde de rabia e impotencia, la administración americana con todo su peso, ha mantenido un pulso con un banco que simplemente cumplía la ley de su país. El miércoles pasado, EEUU aceptó abandonar el litigio con UBS a cambio de más soplos (atentados contra el secreto bancario). Pero el que el gobierno haya dado vía libre a la demanda y haya propiciado el acuerdo puede envalentonar a los americanos que podrían poner demandas y presionar con litigios de años a la banca privada suiza. La gestión de fortunas privadas en este país mueve muchísimo dinero, y la presión exterior podría acabar con lo que caracteriza a su banca: el secreto.

Es como si viene el vecino y le dice a usted cómo debe usted regir su hogar. Lo normal es que usted replique “Oiga, en mi casa mando yo”. Pues no, con la globalización bancaria como excusa, lo que los bancos privados hagan en sus respectivos países es cosa de todos, y no vale solamente con seguir lo que marque la OCDE… hay que cumplir la ley americana en territorio no americano. Imperialismo. Consentido, aplaudido y jaleado por quienes luego se ponen pegatinas de No a la Guerra, y se van a la manifa porque son más modernos que nadie.
Algún amigo me apuntaba que esa ley del secreto bancario asegura que el dinero del narcotráfico, del comercio de armas o del tráfico humano está bien guardado. Es muy duro. Cierto. Pero, ¿justifica que un país soberano no pueda poner la ley que le parezca?¿las leyes nacionales deben ser consensuadas por esa “comunidad internacional” que se codea con tiranos, ladrones, corruptos y amiguetes de narcotraficantes y terroristas? Me parece que no es muy coherente.
El acuerdo entre UBS y Estados Unidos es otro escalón en el sentido equivocado, y nos perjudica a todos… todos los que miramos a otro lado o nos dejamos convencer de que es inmoral, mientras financiamos inmoralidades con nuestros impuestos.

Vamos apañados.

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