Carta de ajuste

Cuando no hay programación, sale por la tele la carta de ajuste. Esta semana me he quedado sin fuelle, y tengo la sensación de que lo único que puedo emitir es mi propia carta de ajuste. No hay tema interesante, por más inundaciones y tsunamis anunciados en Australia, cambios en el sistema de financiación autonómica, patochadas de Liendre Pajín, y repiqueteos de Twitter… Todo sigue igual, somos tan inconstitucionales, bárbaros, mentirosos como el resto pero seguimos apuntando a los demás sin mirarnos al espejo… tal vez para no salir corriendo del espanto de reconocernos en nuestra sublime estupidez.

Así que mientras transcurre el tiempo y el curso parece no cerrarse nunca, reviso la prensa y leo en Le Monde que en Francia hay un Movimiento por el derecho y el respeto de la generaciones futuras. Se dedican a protestar por el uso de pesticidas en los productos agrícolas. ¿Y no protestan por la deuda pública? ¿Nadie va a defender el derecho de las generaciones futuras a no pagar los excesos de hoy en día? Tal vez si el déficit público no fuera inodoro e invisible las cosas cambiarían. Se padece en la disminución del poder adquisitivo, pero ese mal se diluye, se puede camuflar, disimular… sin embargo, si oliera a huevo podrido estoy segura de que aparecerían hordas de eco-héroes dispuestos a acabar con la deuda cuanto antes.

Y esa es la razón de que vídeos como el que cuelgo más abajo proliferen, muestra visualmente qué significa la carga estatal… en sentido literal.

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