Lenguaje del demonio

La palabra es una de las armas más sofisticadas del ser humano. Con la palabra puedes despertar simpatía, puedes seducir al de enfrente, puedes hipnotizar, puedes hablar con Dios y contigo misma, puedes convencer a una masa de una mentira, puedes llevar ante los tribunales a un hombre inocente, y puedes perder amigos. Pero una palbra no es una acción, como un insulto no es un crimen.

Gran parte del poder de la palabra reside en la percepción del que escucha. Muchas veces una sugerencia suena como una orden o un halago sincero como un cebo de ligón barato. O una opinión sobre un cantante hace que todos los admiradores de su música se den por aludidos. Por eso es tan importante el gesto y la mirada, porque ayudan enormemente a entender el tono y la intención con la que se habla. ¿Quieres tener una bronca? Llama por teléfono para arreglar un entuerto, lo más probable es que alguna palabra se malinterprete y sea peor el remedio que la enfermedad. Y por eso, también, el mejor piropo que me ha dicho alguien que me ve habitualmente es “escribes como hablas”. Aunque sé que no es del todo cierto.

Es tan importante, que la ley se mete en lo que se debe o no decir. En mi opinión, cada uno debería poder expresarse libremente. Se llama libertad de expresión, y no existe en nuestro mundo civilizadísimo y tan occidental. En algunos sitios no se puede ofender de palabra a Dios sin entrar en si quien habla cree o no en Dios, la esencia de Dios, y si a Dios le molesta o no que un pobre diablo diga nada sobre él. No sabemos nada de Dios pero sí que si en Irlanda blasfemas cometes un delito.

Creemos que si nadie dice nada ofensivo existirá paz social y eliminaremos problemas. Pero yo no estoy tan segura. Si obligamos a que todo el mundo le caiga bien a todo el mundo conseguiremos lo opuesto. Quienes no puedan expresar su desacuerdo y su ira con la palabra, pasarán a los actos, y desde luego, las enseñanzas a sus hijos serán mucho más agresivas. La represión (ni la buenista, como ésta, ni la otra, más evidente) llevan a ningún puerto deseable. Hay un efecto colateral añadido: se exime a la cada uno de nosotros, como individual aislados y como miembros de un grupo que convive, de una responsabilidad que es nuestra. ¿Cuál? Ocuparnos de qué hacer con el disidente.

Un ejemplo real y dramático: una mujer musulmana embarazada de tres meses es asesinada en el juzgado delante de su marido y su hijo. Terrible. El asesino fue un tipo en paro, que no quiso levantarse para dejarle el columpio en un parque al niño de dos años, a petición de la madre. El hombre, alemán de origen ruso, la llamó terrorista, islamista y prostituta. La mujer, egipcia de 30 años le denunció y el joven de 28 años parado fue condenado a pagar una multa de 780 euros. Como siguió en sus trece ante el tribunal con su discurso racista, hubo apelación y nuevo juicio. Y ahí fue donde el hombre apuñaló a la mujer. Dieciocho veces en 30 segundos. Hirió al marido, que está grave, cuando trató de defenderla.

¿Qué pasaría si los insultos, las declaraciones xenófobas, racistas, machistas, no estuvieran prohibidas por ley? ¿si no fuera el Estado el encargado de defendernos o de solucionar estas cuestiones?¿si dependiera de nuestra impermeabilidad, o de nuestra capacidad como individuos, como educadores, como miembros de un grupo que voluntariamente convive, para que esa convivencia tenga los menores roces posibles?

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