Reflexiones espirituosas

Ya es un clamor popular. Aunque quien maneja nuestra barca no tiene escrúpulos a la hora de blandir el argumento del gasto social para engrosar el agujero negro de la deuda pública, los mismos barqueros se han dado cuenta de que esto empieza a oler fatal y hay que cubrirse y han resuelto: subamos los impuestos.
Pero, claro, señores… ¿qué impuesto subimos? El impuesto sobre la renta y el de sociedades es intocable. Quedan IVA y los Impuestos Especiales. Si subimos el IVA se nos echan a la calle las gentes insolidarias. Bueno, quedan los especiales: tabaco, vino, cerveza, bebidas espirituosas e hidrocarburos. Algo retocaremos los hidrocarburos, podemos decir que ha bajado el petróleo. El vino… ¡hombre! se nos van a enfadar los diputados de regiones afectadas y sus amigos y aliados, así que son mayoría, porque el que más y el que menos tiene un amiguete con bodeguita… La cerveza se cubre con la venta de las sin alcohol.
¿Quién queda? Las bebidas alcohólicas de alta graduación y el tabaco. La subida en el impuesto sobre el alcohol representan una broma en comparación con lo que se pretende que cubra. No importa que no solucione el problema, y que no suponga un alivio real… es el gesto político lo que importa. No nos centremos en analizar si afecta al turismo, que afecta, y más que el vino y la cerveza, porque en España, el gasto de los lugareños en hostelería en su mayoría es en bares y locales, después en cafeterías y después en restaurantes, y mientras que el 40% del vino se consume en casa, los copazos se consumen fuera en un 80%. Hay argumentos económicos fuertes para no subir el impuesto a las bebidas de alta graduación, pero los partidarios de subirlo tienen la razón de las razones: la salud. ¿Quién puede defender que no se suba el precio del alcohol que tan perversos efectos tiene en la población?¿quién duda de la misión salvadora de la moral de los gobernantes?
En Estados Unidos, según leo a Kent McManigal, están pensando en establecer un “soda tax” sobre los refrescos, para evitar el exceso de consumo de azúcar (otro invento del demonio más que debe ser regulado por los sabios gobernantes recaudadores). Lo que digo.
Me pregunto qué más alimentos pueden servir de excusa moral para recaudar y justificar el enorme aumento del gasto en que estamos incurriendo. 
La sal, sin duda, que endurece las venas y aumenta el gasto sanitario y tiene historia. El chocolate, por supuesto, que genera obesidad y eso es pecado. ¿Y qué más?
¿Las chucherías?¿la chistorra y las morcillas?¿la marihuana? Ah! que aún no es legal!  🙂
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