Liberalismo sentimental

El jueves tuve un cordial encuentro con el decano de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UPF, Jordi Guiu. Un tipo encantador. No pude responder a casi nada de lo que me preguntaron ni a los argumentos de Jordi (ajustes de organización).

Alabó mi apasionamiento al explicar qué entiendo por liberalismo “liberal”, es decir, sin más apellidos. Y afirmó que además de la ética, la política, los temas sociales… estaban los sentimientos, que son muy importantes, en especial… el amor.

Tengo entendido que lo grabaron y que se colgará de YouTube. Y además una editorial está interesada en publicar las charlas. Así que tampoco me extenderé en lo ya dicho, solamente en lo que me quedó en el tintero. Como el tema de los sentimientos. Cuando volvía en el tren me planteé si los liberales parecemos seres fríos y poco afectivos. Tal vez pedir que la ayuda humanitaria, el altruismo y la cooperación sean voluntarias y no por coacción denota poco amor. Tal vez la defensa de la libertad individual, del derecho de cada cual a decidir sobre su tiempo y sus recursos es poco sentimental.

En aras del sentimiento mi amable co-ponente proponía sueldo mínimo para quienes trabajan y también para quienes nolo hacen, y sueldo máximo para quienes tuvieran la desfachatez de ganar “demasiado” y, por supuesto, abolir el derecho de herencia, porque lo que tu has ganado con tu esfuerzo una vez que mueres no es de tus descendientes, sino que pertenece a la sociedad, a todos. Aclaró que no es estatista, sino partidario de la propiedad comunal basada en pequeñas cooperativas. Ya digo, una buena persona. Defendió la libertad individual pero siempre que todos tuviéramos la misma cuota de libertad. La libertad individual repartida igualitariamente. Mi respuesta fue que se es libre o no, uno no tiene una cuota de libertad como una no está un poquito embarazada. Y desde luego, desde su punto de vista, el mercado es mal mecanismo redistribuidor como lo demuestra que hay empresas que tienen demasiado poder. Tanto, que pueden más que los propios políticos. No cayó en la cuenta de que muchas de las grandes empresas son aquellas privilegiadas por el poder político.

A mi me dejó muy inquieta. ¿Me preocupo demasiado poco por los sentimientos? Entonces recordé a Ayn Rand y la frase que está en mi perfil de Facebook:
I swear, by my life and my love of it, that I will never live for the sake of another man, nor ask another man to live for mine.
(Juro por mi vida y mi amor por ella que nunca viviré a costa de otro hombre, ni pediré a otro hombre que viva a mi costa).
Añadiría que la excepción es que nadie me obligue a ello, ni yo obligue a nadie.
¿Hay un acto de amor mayor que ese?
Una sociedad verdaderamente caritativa no es aquella en la que se obliga al reparto sino aquella en la que la generosidad y el altruismo son valores en alza y como consecuencia de ello los menos favorecidos tienen ayuda.
En una sociedad en la que se quita al que tiene demasiado y se asegura una renta al que no hace nada se anulan los incentivos. Se predica que unos pocos productores mantengan al resto, y que quienes por su ingenio o posibilidades pueden producir más dejen de hacerlo ya que no van a poder disfrutarlo. Es un sistema que justifica el vampirismo.

En su comedia Pluto, Aristófanes nos presenta al agricultor Crémilo que se rompe la cabeza porque no sabe quéeducación darle a su hijo, si enseñarle la honestidad del mundo agrícola (que lleva a una vida de trabajo y pocas alegrías económicas) o el arte del timo y el engaño de los sicofantes de la ciudad (que aseguraría una vida de abundancia económica a su hijo).
La sociedad que planteaba Jordi, con su mejor intención, era una en la que la gente se vería abocada a vivir de los demás. A menos que todos fuéramos buenos y estuviéramos deseosos de ayudar al de al lado. Y en ese caso, ¿por qué no hacerlo sin coacción? ¿por los gorrones? También se incentiva el gorroneo en su modelo. Y si no, miremos alrededor…

Pero queda otra cuestión ¿quién dice qué es “demasiado”?¿quién establece quién necesita más, quién debe aportar más? Ese “alguien” es un ser humano con poder… es decir, susceptible de ser corrompido.

El conocimiento del ser humano, de su comportamiento, de sus inclinaciones y su reacción ante unos y otros incentivos es algo que no se puede olvidar. Y menos poniendo como velo que todo lo cubre el sentimiento y el amor.

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