Me sobra un hervor, dicen.

Hoy en la tertulia de Cierre de Mercados en Intereconomía me he dado cuenta de que voy sobrada de hervores, en cuestión de cinco minutos mi sangre entra en ebullición. Es cierto que los dos temas que me han espoleado claman al cielo y también que he canalizado mi indignación con tranquilidad.
Un tipo presidente de la asociación de hoteleros española o algo parecido (realmente me da lo mismo, y si no es ese el nombre ¡mejor!, así no le doy publicidad) ha exhibdo impúdicamente lo estupendísimo que le parece que turistas americanos ocupen sus hoteles cubanitos y engrosen sus beneficios. Hasta ahí, puede tener un pase. Lo terrible ha venido después cuando ha explicado que los hoteles españoles tienen ya una larga historia de éxito empresarial en Cuba, la perla del Caribe. Como si fuera Praga o Venecia, como si existiera libre empresa en Cuba, como si no supiéramos que instalar un hotel en una dictadura comunista como la de Castro tiene una factura que se paga al tirano.

Y a continuación, preguntado por los efectos de la crisis en el sector ha afirmado, completamente convencido, que apenas ha afectado porque la gente tiene las mismas ganas de viajar y que, de hecho, viaja por el mundo igual que antes…

Les he recomendado a los hoteleros españoles que compadrean con el tirano la lectura del libro de Antonio José Chinchetru Bajo el signo de Fidel.

El otro tema que me ha encendido es el de la ampliación del subsidio de desempleo. Se me ha ocurrido preguntar si los parados, los parados potenciales, los de largo recorrido, los que están en la frontera de la exclusión social… van a reclamar resposabilidades a los gobernantes presentes y pasados que no han tomado las medidas necesarias para que merezca la pena ofrecer trabajo en este país, y que el mercado de trabajo no esté tan bloqueado como está. Y he planteado una protesta ciudadana como la que hoy ha tenido lugar en Estados Unidos ante la subida de impuestos, la mala gestión del dinero de los contribuyentes y el despilfarros, y la posibilidad de insumisión fiscal, una idea ya propuesta por Henry David Thoreau en su Desobediencia Civil.

Pues alguien ha comparado esa medida con el secuestro de empresarios en Francia, han justificado la ampliación del subsidio para evitar la violencia social y la delincuencia, y poco más o menos que se han rasgado las vestiduras.
Fuera de programa, la misma persona (de UPD), que me ha llamado radical, ha reconocido que la sociedad española está adormecida y no reacciona y que sería deseable que se removieran conciencias. Y, a continuación, frente a una cámara de televisión ha afirmado que las pensiones son muy modestas, que hay que mantener el sistema actual (versión matizada del timo piramidal) y casi mejor subirlas que cualquier otra cosa.

¿Cómo no va a estar la sociedad adormecida, aniquilada, devastada y, sobre todo, aburridísima de tanto cachondeo?

Pero no hay que dejarse impresionar por el Tax Day Tea Party americano. Como escribe Anthony Gregory en la página de Lew Rockwell, los mismos conservadores que protestan reclaman más gasto en guerras y en proyectos que les favorecen.

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