Daniel Moon, Herbert Spencer y el stalinista.

Daniel Moon se ha acordado de mí al leer esta parrafada de Herbert Spencer (la traducción es mía):

No ha sido por el mandato de ningún gobernante por lo que algunos hombres han llegado a ser manufactureros mientras que otros han seguido siendo cultivadores del suelo. (…)

Ya no es por el rey en tanto que héroe sino por la sabiduría colectiva por lo que los hombres se han segregado en productores, distribuidores al por mayor y distribuidores al por menor.

La totalidad de nuestra organización industrial, desde las características más evidentes hasta los menores detalles, ha llegado a ser lo que es no solamente sin guía legislativa sino, en gran parte, a pesar de los estorbos legislativos.

Ha surgido bajo la presión de los deseos y las necesidades humanas. Mientras cada ciudadano ha perseguido su bienestar individual y sin que ninguno pensara sobre la división del trabajo, e incluso, sin que fuera consciente de la necesidad de ello, la división del trabajo nunca ha sido tan completa“.

Me dice Daniel, desde Nueva York (USA), que está rodeado de marxistas. ¡Qué suerte! Ayer me monté en el taxi de un stalinista, partidario de Chávez, para el cual Castro es una dama de la caridad. El tipo era, por supuesto, partidario de la nacionalización de todo. “Lo mejor siempre llega con sangre, señorita“, me desperté de inmediato, por supuesto, y comprobé que iba hacia mi destino. Este amable conductor me explicó que la única actuación posible era tirarse a la calle con las armas que cada cual tuviera, pero se daba cuenta de que esa era una solución para hombres y “casi no hay de esos en este país“; para el resto, cabían dos posibilidades: suicidio a pistola o suicidio por envenenamiento para damiselas de cualquier sexo.
Además, tenía la solución (la única) para salir de la actual situación: eliminaría vía tiro en la sien a la mayoría de la población española (la iba a dejar en dos millones), “todos esos ladrones y sinvergüenzas, fuera“. Me dió dos monedas de cinco pesetas (de las del rey) en lugar de dos de cincuenta céntimos en el cambio. Y yo que no veo ni con luz, en la penumbra del taxi a primerísima hora de la mañana, ni me dí cuenta, pero al pagar el café…

Pensé que este tipo era un suicida o un candidato a presidente del Partido Stalinista Español… exento de la purga, de suicidios y apto solamente para guiar a los demás. Otro mesías.

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