Liberalismo a la carta

El martes fui a la reunión liberal de liberales en el Ateneo. Fue decepcionante. Mientras estaba allí sentada expectante, sin saber qué quería oír o para qué servía aquello, entendí cómo se sienten mis amigos no liberales cuando leen escritos liberales para liberales: perplejos.

El lenguaje era muy repetitivo, los ponentes excesivos (¡¡doce!!), el debate inexistente y los mensajes contradictorios. Muy contradictorios.

Ya sé que la explicación de mi decepción me define como ingenua, pero para mí eso no es necesariamente malo, y solamente pone de manifiesto que tengo cierta fe en el ser humano. Tal vez tenía que haberme dado cuenta de que aquello no iba por buen camino. Nada más llegar confundí a un chico cuya cara me sonaba mucho con un compañero de trabajo e hice el ridículo (lo siento, Antonio). Cuando aquello tocaba a su fin, mi amiga Mayte se despidió de mi y no la vi a pesar de estar mirándola. Lo sé porque Antonio Chinchetru se quedó de piedra, aunque me parece que sabe que no distingo caras a cierta distancia. No fue nada comparado con el patinazo final cuando a la salida me dirigí a un joven que hacía vídeos, que también me resultaba familiar y le dije “Yo te conozco” y me respondió “No creo” y efectivamente no nos conocíamos. Afortunadamente es un tipo muy simpático y su buen humor facilitó que no me sintiera demasiado ridícula. (Gracias, Gonzalo).

Centrándome en el contenido de la reunión:
Albert Rivera, muy simpático, de tu a tu, tiene opiniones más cercanas a mi que las de la mayoría de los ponentes. En el púlpito, es un político y su mensaje es genérico, céntrico, y político…

Pablo Casado, político en prácticas, explicó que ha ido a un cole inglés muy estupendo y demostró que se ha leído las lecturas obligatorias, las complementarias y que se sabe la lección. No sé si después de unos años la “razón política” le lleve a no liberalizar las farmacias, limitar los horarios comerciales o limitar las alturas de los edificios.

Los conservadores sacaron los hitos que les definen como conservadores: en especial, no al matrimonio gay, y menos a la adopción, la tradición, los valores, de siempre, la economía capitalista ma non troppo. Y dejaron claro que no saben qué significa liberalismo progresista.

Los progresistas respondieron y envidaron más repondiendo a lo del matrimonio, la adopción y añadiendo las meteduras de pata del PP, el reparto de jueces en el CGPJ, la alianza con la Iglesia Católica y la escasa o inexistente oposición. Y también dejaron claro que no entienden qué significa liberalismo conservador.

Ambos afirmaban al comienzo que no iban a etiquetar porque eso es excluir, repartir carnets, y demás y acababan su discurso especificando qué no es ser liberal. Excepción, el profesor Quintana de UPyD que sí declaró que le parecía que no es nada malo decir quiénes no son tus compañeros de viaje. Me dio la sensación de que su mensaje era “y ustedes que no son liberales, no lo son”. Pero quienes fueron después a tomar una caña me contaron que de tu a tu, la cosa cambia y el tipo es menos tajante. Por otra parte los UPDeros del público en vez de preguntar o debatir se empeñaron en hacer campaña electoral contra el PP. Personalmente creo que no era el momento, pero tal vez la cercanía de las elecciones gallegas, vascas y europeas les pone nerviosos y como cualquier político que se precie van a saco a rascar votos de liberales y de quien sea menester… como el resto.

Oí cómo un señor que se declaró liberal, afirmaba que el estado debe imponer el estudio de matemáticas a un niño, y meter en la cárcel al padre que se niegue a ello. Una señora pepera de Valladolid dijo que hay que refundar el capitalismo (desde arriba) estableciendo controles sobre finanzas y mercados.

Eché de menos a Miguel Sebastián que explicaba hace un par de años en los cursos de verano de El Escorial que el liberalismo no se refiere solamente a liberalizar los mercados exclusivamente en la medida que haga ganar dinero a quien lo liberaliza, ni se refiere solamente a aspectos económicos, también se refiere a libertades civiles: libertad de expresión, libertad educativa, etc. Por eso el liberalismo objetivamente no es progre o conservador, de derechas o de izquierdas. O no debería ser así.

También había algún independiente (como José Montoto, que me pareció el mensaje más reconocible de la tarde). Y entre unos y otros, entreveradamente, se defendió la libertad de expresión, del conocimiento y la tecnología como apoyo de la libertad, la responsabilidad individual.

Eso sí, Margarita Rabassa, encantadora, se desvivió para que todo estuviera a punto. Me encontré con blogueros que hacía mucho que no veía (Prevost), puse cara a alguno más (Anghara), y vi de nuevo a amigos con quien no coincidía hace tiempo (Paco, Chin, Álvaro…).

Liberalismo español= confusión de confusiones….

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