Deudas pendientes: salario mínimo

Mi “Carta a la madre de la Vane” suscitó un puñado de comentarios que me ayudaron a darme cuenta de que muchas veces doy por sentado que la gente ve mis pensamientos. Y resulta que no. Por eso agradezco tanto que los comentaristas no me dejéis pasar ni una (¡y gratis!). Si se hace con el respeto que suelen mostrar los míos (Clandestino, Juan Granados y Al Neri) pues es doble placer para mí.

El tema del salario mínimo es contra-intuitivo, pero es un punto bastante claro cuando se analiza “lo que no se ve” (como decía Bastiat), lo que subyace. Igual que no es el Sol el que da vueltas a nuestro alrededor aunque parece que “sale” y “se pone”, la subida del salario mínimo perjudica a los trabajadores menos favorecidos aunque no lo veamos de manera inmediata. Y hay otras medidas mucho mejores, desde mi punto de vista.

Aprovecho el artículo de la página del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES) de Guatemala, germen de la Universidad Francisco Marroquín, acerca de la crisis.* En él se exponen las siguientes medidas para solventar la crisis (en mi opinión, aunque se refiere a Guatemala es aplicable a otros países):

1.- Respetar los derechos de los trabajadores.
2.- Devolver sus ahorros a los trabajadores.
3.- Incentivar la creación de empleo.
4.- Mantener la apertura comercial
5.- Establecer de manera progresiva y por etapas el sistema de patrón oro y desregular el sistema financiero.

El problema del salario mínimo relaciona los tres primeros. En un momento de recesión, con el paro como está y con una tendencia claramente creciente, el aumento del salario mínimo implica aumentar la rigidez del mercado laboral, de manera que los parados (cada vez en más número) tienen menos oportunidades de ser contratados. Lo que se necesita es lo contrario, incentivar la creación de empleo. Y para ello, parece más eficiente que, en lugar de retener casi el 40% del salario de los trabajadores, el Estado devuelva el fruto de su trabajo a sus propietarios, los trabajadores.

Jorge Valín lo explica muy claramente en cinco puntos:

  • obligar a las empresas a remunerar a sus empleados con un sueldo mínimo significa que los que actualmente cobran una cuantía inferior a éste automáticamente quedan fuera del terreno laboral o bien pasan a cobrar lo mismo pero dentro de la economía sumergida.

  • un incremento en el salario siempre es un aumento en los costes (el sueldo no es más que otro coste sobre el producto). En principio, esto no tiene porque ser maligno, pero si este aumento se debe a la coacción de las leyes que no obedecen la estructura productiva real —o la decisión del consumidor— el resultado serán precios irreales.

  • este encarecimiento sobre algunos bienes serán demasiado caros para que alguien los quiera comprar. En este caso habrá una disminución de la demanda global, y de forma más acusada puede ocasionar que el margen sobrante para el empresario (beneficio puro) sea tan bajo que provoque la desaparición de algunos productores marginales.

  • al reducir coactivamente los beneficios de las empresas, donde las más afectadas serán las pequeñas, éstas se volverán menos competitivas perdiendo mercado y trasladando, consecuentemente, una parte de su demanda a las grandes firmas. La otra parte de la demanda queda literalmente muerta, es decir, la gente y otras empresas (demanda) compran menos debido un aumento de los precios.

  • el inevitable aumento de los precios nacionales convertirá los productos de las empresas extranjeras en más competitivos, y consecuentemente, aumentarán las importaciones y disminuirán las exportaciones. Este hecho aún castigará más a las empresas pequeñas obligándolas a cerrar, o bien, a pasarse a la economía sumergida. Dicho de otra forma, el estado con sus leyes crea competencia exterior a costa de la que podría haber generado el propio mercado nacional de forma libre.

Resulta ahora más claro que no solamente aumentará el número de trabajadores que pasarán al “lado oscuro del mercado”,a la economía sumergida, donde sí que es más fácil que sean explotados porque no hay leyes a las que acogerse, además los empresarios perjudicados serán los pequeños, no los tiburones que nos pintan los vendedores de humo (no me refiero a los comentaristas, sino a los políticos), y de paso se perjudicará la balanza comercial. Todo eso por tratar de darle al trabajador unos ingresos dignos.

¿No hay más maneras menos lesivas, menos contraproducentes?

Esto no son elucubraciones. La historia canta. En Estados Unidos, los aumentos del salario mínimo, por ejemplo durante la era Clinton, no solamente generaron desempleo en especial entre los mas jóvenes y menos cualificados (black teenagers), además aumentó la delincuencia (oiga, hay que vivir), y las empresas cortaron los programas de formación para ahorrar coste laboral.

Jorge Valín habla del salario mínimo más recientemente también aquí.

* Me lo pasó Ramón Parellada a quien mando un fuerte abrazo y le doy las gracias.

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