Beba Ketchup a morro

Escribe Federico N. Fernández una nota en Facebook sobre la mojigatería que nos invade…

El modus operandi del los neo-pacatos difiere de la típica usurpación de derechos a la que nuestros gobiernos nos tienen acostumbrados. Así, mientras que los robos y estafas estatales suelen ser de un sólo golpe como, por ejemplo, la nacionalización de las AFJP o el “corralito”, la violación de las libertades individuales es gradualista. Comienza despacio y crece poco a poco, extendiéndose como una mancha de aceite que todo lo cubre.
En este punto se me podría recriminar que mis palabras son alarmistas e injustificadas. A ello respondo contando una conversación que tuve hace poco con una amiga, la cual creo sirve para mostrar la peligrosa progresión del obrar mojigato. Estábamos los dos sentados en el bellísimo patio del bar “Rock & Feller’s”: habíamos ido afuera porque allí (aún) se permite fumar. La noche estaba fresca, haciendo de nuestra estadía allí algo no muy placentero. Mientras ella fumaba (yo no lo hago) le comenté sobre el avance gradual, pero firme, de las violaciones de derechos individuales. Mi amiga me contestó que le parecía exagerado mi parecer, que las cosas no estaban tan mal. A lo que repliqué preguntando si hace sólo cinco años, hubiera creído posible que, en 2008, estaría prohibido fumar en todos los establecimientos cerrados de la ciudad. Lo reflexionó un rato y me contestó que no, que le hubiera parecido imposible semejante cosa. Y creo que es así, hace cinco o diez años muchas de las cosas que están sucediendo nos hubieran parecido disparatadas. Las espantosas escenas de segregación de los fumadores parados en la puerta de un bar como parias. Regulación horaria para el expendio de bebidas espirituosas. Tener la ciudad minada con falsos controles de alcoholemia (cuyo principal fin es el de recaudar) que castigan al bebedor social imponiendo una “ley seca” de facto. Digo falsos porque: a) no son de alcoholemia, pues no miden el alcohol en sangre sino que hacen una tosca extrapolación en base al aliento; b) si poco tiempo después de enjuagarse con “Listerine” una persona es testeada, corre serio riesgo de dar por encima de la medida permitida aunque no haya probado una gota de alcohol; c) las máquinas son poco confiables y están mal calibradas. Lo que más asusta es la tendencia omni-abarcativa del nuevo puritanismo. Porque, tras la triunfal persecución del alcohol y la semi-criminalización del tabaquismo, las tendencias mundiales y locales indican que los “moralistas” ya han encontrado un nuevo enemigo a combatir: la obesidad. O mejor dicho, las personas obesas que serán las víctimas de turno. Sin buscar darles ideas a los “preceptores” de la vida ajena, no parece muy lejana, por ejemplo, la regulación calórica de menúes de restaurant, la “judicialización” de las dietas o la “vida sana” obligatoria.

Pues sí. Pero a esto hay que añadir (como le comento en la nota) que no nos dejarán beber, fumar, comer, pero siempre nos quedará el ingenio para inventar nuevos “males” y seremos adictos al café, nos morderemos las uñas, beberemos ketchup a morro y cosas así..

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