Ultracorrección financiera

Don Fernando Lázaro Carreter en su Diccionario de términos filológicos (1953) define la ultracorrección como

El fenómeno que se produce cuando el hablante interpreta una forma correcta del lenguaje como incorrecta y la restituye a la forma que él cree normal.

Ejemplos de ultracorrección es la propia palabra “ultracorrecto” que hace pensar que se refiere uno a algo más que correcto, o “buebo” para corregir güevo, “bilbado”, “expléndido”.

La Reserva Federal Americana y la mayoría de la gente, en general, son partidarios de medidas “ultracorrectoras” ante las dificultades que las grandes empresas financieras están teniendo. Parece que ante un problema de uno de los grandes (Lehman, Fannie&Freddie, o más reciente aún, AIG) lo que hay que hacer es apelar al Gobierno personificado en la Fed para que venga y salve a los ciudadanos del malvado capitalismo.

Como escena de culebrón no está mal, pero resulta que no todas esas empresas eran completamente privadas (y eso NO es una empresa capitalista) y la nacionalización no era la única alternativa (como nos explica Juan Ramón Rallo). Desde luego, es muy conveniente para todos los gobiernos, no solamente el americano, que el público visualice a los bancos centrales como Los Rescatadores (en la imagen), y que todo el mundo piense que aquí lo que falla es el mercado, el capitalismo, el neoliberalismo y que necesitamos una mano protectora y visible que nos guíe aunque mientras nos meta mano a la cartera.

Esos grandes –too big to fall– no van a ser plenamente responsables de sus errores, ni los clientes tendrán una percepción REAL de que una mala inversión empobrece (porque siempre habrá una Fed que venga a paliar los desperfectos). Quienes braman contra el neocapitalismoliberal (o neoliberalismocapitalista, da lo mismo, no saben realmente qué es de lo que hablan) son los mismos que callaban cuando había ganancias, incluso a costa de sembrar los vientos que hoy son tempestades. Es decir, su crítica no es verdaderamente hacia otra cosa que “quien me haya hecho perder”. Esta actitud es comprensible y humana. Necesitamos UNA explicación. Ante un fenómeno de gran alcance (la crisis) necesitamos un culpable y una solución que podamos entender. No es necesario que sea LA explicación, o LA respuesta, es más importante que la entendamos dlo más inmediatamente posible y que nos permita dedicar energía a cosas menos frustrantes, más a nuestro alcance, como cambiar la rueda de un coche o ligar con el vecino del 5º.

Decirle a la gente “el sistema monetario fiduciario tiene estas cosas, habría que pensar en uno alternativo” incluso si es cierto, parece que no vale. A la gente le resulta difícil imaginar un cambio semejante, es mejor recurrir a figuras cercanas, están más dispuestos a creer esa mentira. Hay que señalar a alguien, al hombre del saco, al lobo malo… y proclamar un salvador, un príncipe azul, que todo lo solucione de manera “indolora”. A nadie le gusta que la cura sea dolorosa y la frase “te duele porque está cicatrizando” no consuela mucho, más bien te hace sentir impotente. Pero esa es la realidad: hay que sanear, eso duele, y duele incluso buscando la mejor alternativa.

La nacionalización bancaria ultracorrecta no va a conducir a nada bueno ni es lo menos malo que se puede hacer.

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