De ratas y palomas

Hoy es día de fiesta en España. La Virgen de Agosto que dicen por mi tierra. Respiro para quienes trabajan en este mes (saludos a becarios recién salidos de la facultad, se acabó la buena vida). Azote para los veraneantes que ven aumentar la demanda en chiringuitos, bares y restaurantes. Por mi parte, en virtud de esta modorra veraniega que me invade por primera vez en muchos años, cada día me cuesta más escribir una entrada. No es que haya noticias, es que desde la poltrona de la pereza, todas me parecen irrelevantes o estúpidas.
Frenazo en seco de la economía española“. ¿En seco? Seamos serios, muchos llevamos ya unos meses (casi un año) avisando “¡Que viene el lobo!” no me diga que el lobo ha llegado por sorpresa.
Los políticos tienen planes que presentarán en los próximos meses, los catalanes quieren lo prometido, la oposición hace oposiciones para sacar la plaza de opositores, la gente se da cuenta de que hay que ahorrar, las Cajas reconocen que no hay nada que rascar, otra guerra en algún lado lo suficientemente cerca como para comentar en el bar y lo suficientemente lejos como para que el comentario sea liviano pero la afirmación contundente, en fin, que sí hay tela que cortar, soy yo que me apetece más leer y comentar a otros que contar lo que pienso.

Hoy, sin embargo, me he chocado con este artículo en el que explican un experimento con ratas. Se le pidió a un grupo de científicos que testaran el rendimiento de un grupo de ratas con un coeficiente intelectual anormalmente alto. Los científicos debían comparar los resultados con un grupo de ratas normales. Efectivamente, los informes atestiguaban que las ratas listas resolvían mejor que las ordinarias.
Lo divertido es que el experimento no estaba centrado en las ratas, sino en los científicos.Todas las ratas eran normalitas. Se quería comprobar el efecto de la información previa, de los prejuicios, en la evaluación experimental. Los científicos juzgaron sesgadamente, por muy científicos que fueran.

En un mundo obsesionado y saturado de información, de opiniones, de gurús, expertos, enterados, autoproclamados estudiosos, afirmar que uno no tiene prejuicios es de risa. La diferencia entre propaganda y proselitismo se difumina (y yo juraría que no son lo mismo).
Este es un facha. Este es liberal. Este es supercon. Este es progre.” Y con eso quedamos marcados como ganado, y desaparece lo que cada cual hace, la formación previa, la mesura o desmesura con que cada uno hace uso de la palabra. Nada más fácil que el desprestigio, y mucho más si es porque sí. Todos vamos a caer en el prejuicio.

Pero hay otra lectura. Todos somos como las ratas listas y las ratas normales: no importa lo que hagas, lo único relevante es el grupo al que te asignen los demás. Por eso hay pusilánimes que están más preocupados por la percepción de “los demás” que por su propio criterio y evitan acercarse a ningún grupo, o a ninguna persona que esté en un grupo, “no vaya a ser que me confundan y luego puedan decir: Tu ibas con estos.”

Como es la Virgen de la Paloma, le dedico este post a mi profesora de Literatura de 7º de EGB (si no recuerdo mal), que nos mandó hacer un comentario sobre el poema de Alberti “Se equivocó la paloma“, y me suspendió porque mi interpretación no era la oficial. Me echó de clase porque le pregunté si se la había contado el propio autor o había dejado por escrito cómo tenía que ser interpretada su poesía. Y además se lo dedico a la tía Manana, esté donde esté.

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