La ofensa

Ofender, según el Diccionario de la R.A.E. es humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o con hechos. Esa definición declara la ofensa como algo subjetivo, y para remate, el verbo en pronominal se define como sentirse humillado o herido en el amor propio o la dignidad.

La cosa tiene bemoles porque la subjetividad es doble: uno se siente ofendido, pero además el daño es a su dignidad o en su amor propio, que también es subjetivo. Así, no se sentirá nunca ofendido quien no tenga mucho amor propio o tenga un sentido particular de su dignidad. Eso suena regular, porque parece que se tacha de tener poca dignidad a quien no se siente ofendido, o a quien no se da por ofendido. Sin embargo, es al revés. El que está seguro de sí mismo y se tiene en alto concepto, no admite ser herido en su orgullo más que por un igual, y considera despreciable ofensas (o intentos) de cualquiera que venga a fastidiar.

La segunda parte de la definición es más claro: poner a alguien en evidencia con palabras o hechos. Es decir, ridiculizar, exponer al menosprecio o a la burla del grupo a alguien con o sin justificación.

El mundo de la publicidad está lleno de ridiculizaciones: gorditos, feos, empollones, frikis, flacuchos, gafotas, marujas, horteras… cualquiera está expuesto a salir en un anuncio y ser ridiculizado para que la marca de pastelitos venda más, o de chicles, de colonias, de detergentes para lavadoras, coches…

Esta reflexión viene a cuento por la noticia de esta semana según la cual Nike y Mars han retirado sendos anuncios porque ofendían a los gays. En el caso de las barritas Snickers, aparecía M.A. Baracus (del Equipo A) disparando a un deportista “caracterizado como homosexual” mientras le gritaba que era “una desgracia para la humanidad” y que le “iba a enseñar a correr como un hombre”. Sinceramente, un anuncio de pésimo gusto.
Lo que me llama la atención es que ya todos sabemos que hay gays musculosos, debiluchos, militares, pacifistas, gordos, flacos, blancos y negros… ¿se caracteriza a alguien como gay simplemente por ser debilucho y correr con amaneramiento? Hay bastante cursi amanerado a la par que hetero. El anuncio es muy malo en general y además porque saca el estereotipo caduco. Pero ¿no han protestado los colectivos de gordos, o los colectivos de negros por caricaturizarlos como perseguidores de gays? ¿y los colectivos de gays gordos, negros, no han protestado?


El segundo anuncio, el de Nike, muestra una fotografía en la que mientras un jugador de baloncesto salta para hacer un mate, el otro jugador que salta a la vez (pero menos) tiene justo la cabeza a la altura de los genitales. El lema: That ain’t right (Eso no está bien). Los gritos que claman al cielo acusan a Nike de “homofobia implacable” porque “muestra lo más humillante que le puede pasar a un jugador en una cancha de baloncesto”. Yo, personalmente, estoy con la interpretación del Capitán Achab que ve un golpe genito-nasal, más que otra cosa. Pero, de nuevo… es subjetivo.

Lo tremendo no es tanto que el anuncio sea zafio (como dice el Capitán), que lo es, sino los argumentos del colectivo de turno. ¿Es lo más humillante? ¿Han preguntado a todos los jugadores de baloncesto? A lo mejor para muchos que se rompa la goma del pantalón y se tecaigan al suelo en pleno mate es más humillante, como le ha pasado a algún futbolista.
Y ¿es homofobia IMPLACABLE?


Y yo aquí me pierdo. El tema de la homofobia me tiene desconcertada. Nunca me he considerado homófoba… hasta que leí el artículo de Jesús Encinar (C.E.O. de idealistapuntocom) en su blog. Jesús aborda siete falacias que perviven en las mentes sobre la homofobia. Da qué pensar. Hay que leerlo varias veces para captar el mensaje además del “recado” (que diría el del santo de hoy). Frases como:

La homofobia no es patrimonio exclusivo de los heteros. Mi primer paso para superar mi homofobia fue aceptarla. La homofobia es algo que respiramos todos, homosexuales y heteros, a lo largo de generaciones. No importa lo liberal que uno sea, todos tenemos prejuicios que nos hacen ser, queramos o no, machistas, racistas y también homófobos. Para la Real Academia la tolerancia es “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias las propias”. Toleramos aquello que nos molesta. Lo que está mal. Lo que no nos gusta. Toleramos el ruido, los malos olores, el calor, los dolores de dientes, las colas de espera. Tolerar la homosexualidad es una forma de homofobia.

Le dejan a uno perplejo, en especial, porque están redactadas en primera persona. No está acusando, sino explicando una reacción humana. Me tranquiliza porder decir: soy homófoba, o no lo soy, soy racista o no lo soy, tengo este prejuicio más desarrollado que este otro sin que me insulten, me tachen de facha o de intolerante (los mismos gays, extranjeros, etc., lo que te piden es tolerancia… pero los que te lo exigen son los que no lo son pero se declaran “defensores de”).

Me gusta sobre todo la conclusión:

La homofobia es un error de la inteligencia que tiene su base en el miedo al que es distinto. Como todo prejuicio, se basa en la etiquetación de una persona como parte de un grupo. Pero no existe una única forma de ser gay, igual que no existe una forma única de ser milanés o veinteañero. Cada persona es distinta. Dejar de ver la persona como individo para ver sólo la persona como parte de un grupo es el origen de los prejuicios sobre “las mujeres”, “los catalanes” o “los gays”. Aceptar a los demás como son y aprender de todos es la forma de disfrutar y aprender de la enorme diversidad de la humanidad.

Estoy de acuerdo. Pero, volviendo al caso de los anuncios, ¿qué hacemos con los que no saben aceptar, ni están dispuestos a aprender de la diversidad? ¿les toleramos?¿cómo defenderse de la ridiculización se sea gay, mujer, católico, moro, retrógrado, progre o lo que sea?
En el caso de los anuncios, es fácil: boicotee a Nike, boicotee a Mars… pero esos mensajes que se lanzan abanderando colectivos, no ayudan a ver al gay, a la mujer, alcatólico, al moro, retrógrado, progre, etc. como individuos sin etiquetar. Al revés. Creo que son contraproducentes y que, tal vez, habría que pensar en una defensa más imaginativa. Yo, en concreto, elijo el desprecio de no hacer aprecio. El tiempo pone a cada cual en sus sitio.

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