Los ejes del mal

Le Nouvel Observateur dedica un especial a la España de Zapatero. En el curso del artículo de Claude Weill y Sandrine Morel se dan las claves de la estrategia de nuestro idiot savant favorito.

De acuerdo con una persona “cercana” a ZP, el presidente electo tienen dos ejes estratégicos para esta segunda legislatura.
Primero, la igualdad integral encarnada en la ministra de Igualdad. De esta manera, se ganan votos de la clase media ya que la batalla por la igualdad es un reclamo transversal en la sociedad.
Segundo, el papel del Estado. Zapatero se ha dado cuenta de que a lo largo del mandato precedente, enfocado en el tema nacionalista (País Vasco y estatuto catalán), el Partido Popular le ha comido sitio en el terreno de la solidaridad y ha decidido corregir el tiro. Ya que en tiempos de crisis la gente no quiere menos Estado, sino más Estado; y en España, más Estado quiere decir, más España. De ahí la nominación del nuevo ministro, Sebastián, muy cercano a Zapatero,que pasa por claramente más intervencionista, colbertista, que el ministro de Economía, Pedro Solbes.

¿Cómo se les queda el cuerpo? Colbertista. Ese término aparentemente inofensivo significa intervencionista radical. Jean-Baptiste Colbert, ministro del rey francés Luis XIV, se hizo famoso por acabar con las intrigas de Mazarino, pero también por la regulaciones a destajo que introdujo en la producción y los privilegios a sectores “estratégicos”, de manera arbitraria. Incentivó la manufactura, pero arruinó la agricultura y machacó al sufrido contribuyente (que, recordemos, excluía a la nobleza y la Iglesia).
Del hombre nació el concepto, representativo del mercantilismo francés, el más fiero, que anteponía la grandeza y el poder del Estado frente a la libertad individual. Control del comercio, exceso de regulaciones, privilegios arbitrarios, eso es el colbertismo. Ese es el objetivo de nuestro presidente.

La lucha contra la política económica mercantilista fue la que actuó como espoleta de autores como Cantillon, Hume o Adam Smith, quienes se daban cuenta de la catástrofe económica a que conducían semejantes medidas. El error garrafal de considerar que una nación rica es la que tiene dinero era (y es) la base de las políticas del “sistema mercantil”. Como dice Smith en La Riqueza de las Naciones:

Perjudicar en cualquier grado los intereses de una clase de ciudadanos con un fin que no es otro sino fomentar el de otra clase de ciudadanos es evidentemente contrario a la justicia e igualdad de trato que el soberano debe a todas los súbditos de diferentes clases.

Así de grave.

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