Hoy como ayer… la salud es lo primero.

Hoy como ayer… no acudiré a las urnas. Una mayor participación no implica una democracia más sana. Cuando la elección se realiza con des-información, contra-información, con cadáveres calientes, amenazas, una mayor participación no indica que somos más demócratas que nadie, sino que vamos a seguir haciendo como que les hemos vencido, como que esto funciona.
Recuerdo una demócrata de toda la vida, casada con un demócrata de toda la vida, que me decía haciendo aspavientos, cuando se enteró de que nunca había votado por cuestiones de conciencia:

¿Escrúpulos de conciencia? Tienes que ir a votar como vas a casarte… ¡¡tapándote la nariz!!

El marido se pintó una sonrisa esforzada y benevolente hacia la salida de tono de su mujer y bajó la vista.

Me parece mal. No haría ninguna de las dos cosas con esa actitud.

Mi postura se explica perfectamente en el artículo de Selwyn Duke Why Most Voters Shoun’t Vote. La política es un proceso entendido como conjunto de acciones que se encaminan a un fin. Y en ese sentido, estoy interesada en la política, discuto, actúo, participo. Pero no veo que los actores políticos, quienes hoy piden la confianza de los ciudadanos, se preocupen, de verdad, de informar, de invitar a la participación en el proceso… solamente piden la acción final, el voto.

Y además, instar a la gente a que se acerque a votar, poniendo el énfasis en ese acto y transmitiendo el mensaje de que es lo más (¿lo único?) importante, provoca que el voto sea desinformado, no comprometido con el proceso, de urgencia, y eso no ayuda a que el sistema actual sea más sano.

Me uno a MuGar que dice en su entrada La democracia como arma:

En primer lugar abogo por dejar de lado la palabra. No sólo está manida y sucia sino que además resulta poco util. Esconde más de lo que enseña. Resulta mejor referirse, en su lugar, a ‘sistema electoral’, como el método utilizado para organizar las relaciones entre los sujetos políticos, al hacerlos pasar por la prueba, o el filtro, de las elecciones.

Quienes me acusan de anti demócrata (que para mi no es un insulto) deberían explicarme para que les tomara en serio si cualquier democracia vale, si la putrefacción que estamos viviendo les parece mejor que plantear una alternativa a esta democracia que lesione menos la libertad individual , sea otra democracia, una república federal o alguna opción más imaginativa (se aceptan propuestas). En contra de lo que algunos (fanáticos encubiertos) se empeñan en criticar, yo no soy dogmática.

Simplemente planteo qué tipo de sistema queremos, alimentamos, al promover el voto masivo, no importa cómo sea la masa. Es irresponsable, desde mi punto de vista.

Este sistema apesta y no voy a ser yo quien alimente al monstruo.

No puedo dejar de aconsejar la visita a Una Palabra Tuya, en donde el siempre genial Hurssel (sí, siento una debilidad especial por este tipo, no lo disimulo) nos ofrece una anécdota que sirve de botón de muestra, y de sonrisa (carcajada en mi caso) en el día de las elecciones.

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