Re-flexión, reflexión

Re-flexión sobre el atentado: estoy plenamente convencida de que si hubiera “voluntad política” hace muchos años que se habría acabado con ETA. Sale más rentable en términos de votos alcanzar un “umbral de muertes aceptable” y tratar de ganar las elecciones. Y van todos en mi saco. Todos los partidos políticos que han estado en el gobierno y han tenido la oportunidad de hacerlo. Las dos flexiones de la re-flexión se corresponden con las dos votaciones con la bala presente.

Reflexión sobre la litteraclastia (razón aquí):

El fuego es digno de respeto. No se puede tirar cualquier cosa al fuego. Es purificador, liberador, adecuado para mártires, santos, brujas. Quemar libros es propio de instituciones terribles que no hacen sino dignificar el libro escrito aunque sea una porquería, simplemente porque lo subliman, lo convierten en respetable.

Tuvo que ser Prometeo el que nos lo regalara (además de enseñarnos tantas cosas) después de robarlo a los dioses. Es un símbolo sagrado para todas las civilizaciones. Y además de iluminar como Prometeo a los hombres, quema a los curiosos como Epimeteo, el hermano inconsciente que abrió la caja de la bella y artificial Pandora (con la que se casó).

El fuego es noble, es algo hermoso, que atrae y hechiza hasta la enfermedad (la piromanía). El fuego del infierno, el fuego de la pasión, el fuego fatuo de los muertos, el fuego de la literatura (Vargas Llosa dixit). Fueron lenguas de fuego lo que se les posaron en la frente a María y los apóstoles, según dicen los que saben de esas cosas. Todo el mundo sabe que no se juega con fuego (y lo que te pasa por la noche si no haces caso).

Se quema la punta del cuchillo para desinfectarla antes de sacar la bala en vivo, se queman, si acaso las cartas del pasado cuando se quiere romper con él y pasar página. ¿Pero los libros malos? ¡No, por Dios!

Véndalos al peso, haga marionetas para los niños con cola de pegar y un poco de pintura, calce una mesa coja, déselos al chucho para que tenga algo que mordisquear o, si son venenosos… póngalos en un sitio visible, para no olvidar el daño que puede hacer la palabra. Pero no los queme. A menos que quiera usted redimirlos.

Y eso sería darles un puesto de honor… ¿no quedamos en que no lo merecen?

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