Día de asueto: la luna roja

Sin que sirva de precedente, hoy voy a hacer un pequeño paréntesis. La semana ha sido dura en el trabajo y en lo demás, y necesito un respiro.

Esta semana de luna roja ha sido especial para una persona en particular, que se ha batido en duelo, entre sonrisas y chascarrillos, con una dura adversaria. Dice el autor de A Vuelapluma, al hilo de la noche del eclipse,

Siempre llueve la noche antes de la batalla. Dicen que también llovió sobre las murallas de Troya la víspera de su caída, la misma noche en la que Odiseo tejió el ardid, un atisbo de cáncer, que arrasaría el imperio troyano desde sus entrañas. Porque las noches de lluvia son el descanso del guerrero. El combate se paraliza. Cada cual se retira a su cubil, depone las armas con las que porfía jornada tras jornada y firma una tregua consigo mismo. Bajo el ensueño del repiqueteo del agua, a la hora en la que los solitarios se lamen las heridas y los gatos duermen enroscados, el cristal de la ventana, cegado por las sombras de afuera, también nos devuelve, sin paliativos, nuestro verdadero rostro, que a uno nunca le termina de parecer perfecto, porque nada puede ocultarse a sí mismo. Esa cara que nos escruta entre las sombras al otro lado del cristal nos mira con ojos acusadores, desenterrando viejos fantasmas, y nos recuerda, una vez más, que estamos solos.

Llovió antes de la batalla también esta vez y mi amigo aprovecho ese momento de soledad interior para revestirse de coraje. Y no escatimó…

El caso es que la luna roja del eclipse, que a otros nos secuestra y nos lleva a pasar un rato con nuestros fantasmas, a él le infundió de heroicidad. Es gracioso que días antes, el propio protagonista de la historia se entretuviera intentando distinguir entre un héroe y un superhéroe, reflexionando sobre el significado actual del superhombre y el superhumano.

Yo creo que la función real del superheroe, y válgame el topicazo, es la de enseñar. Un superheroe es un hombre valiente, comprometido con la sociedad, que lucha por la libertad y el bien, y siempre trae esperanza al menos favorecido. Entonces, después de esta reflexión ¿Estamos ante un superhombre o ante un superhumano?

Por culpa de estas palabras me asomé, de nuevo, a Los Héroes de Carlyle y le vi allí, a mi amigo, al del sentido del humor como arma suprema, rondando entre los Grandes Hombres:

Las jóvenes generaciones del mundo, que poseían la lozanía de los niños y la madurez de los hombres maduros, que no pensaban haber acabado con todas las cosas del cielo y de la tierra con sólo aplicarles nombres científicos, sino que habían de mirarlas directamente como eran, con temor y maravilla, sentían mejor lo que es la divinidad en el hombre y en la Naturaleza.

En la mazmorra de la noche de insomnio, pensaba en la luna roja, en la fragilidad y la fortaleza de los héroes, y me dejaba mecer por la melancolía. Algunas personas se suben a la vida como a una cinta transportadora del Metro. Te lleva sin que tu hagas nada, mientras escuchas alejarse el violín inmigrante, mientras otros te adelantan por tu izquierda sin mirarte, sin preguntarse por qué no avanzas por ti mismo y sólo te dejas llevar. Para mi, que no soy heroína, ni superhumana, sino que me identifico más con las palabras de Hierro (esta cabeza ha saboreado licores negros, ha mordido panes amargos, frutos podridos), la vida es como una hilera de hormigas que, como personas, camina sin mirada, sin voz, sin boca, siguiendo el reguero de sudor de los demás, persiguiendo inconscientes el olor a sucio, a quemado, que lo invade todo aquí abajo, donde los colores palidecen de asfixia.

Y en medio de todo eso, yo no puedo dejar de plantearme seriamente dónde estoy respecto a algo, respecto a cualquier cosa, como quien va a la guerra, a una guerra que no es una lucha por la opulencia, por el dominio de lo ajeno, sino una defensa de mi propio territorio, de mi propia esencia. Me cuesta menos cuando me encuentro un compañero de viaje que lleva su alforja con la alegría y la valentía de mi amigo. A lo mejor todo es así de sencillo, a lo mejor queda algún Gran Hombre por el mundo…

Después de la luna roja, me han contado que este gran tipo aún sigue en plena guerra, pero está ganando todas las batallas. Todas.

Sigo con los dedos cruzados…

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