El dedo en la llaga: informe del Circulo de Empresarios

Fernando Eguidazu, Antonio Álvarez-Ossorio y Juan Carlos Martínez Lázaro fueron mis compañeros de ayer en la tertulia de Cierre de Mercados. Entre los temas que se pusieron encima de la mesa, Fernando Eguidazu resumió el informe recién publicado por el Círculo de Empresarios, Reflexiones y Propuestas para la Próxima Legislatura.
Como le hizo notar Juan Carlos Martínez Lázaro, el fallo es que se trata de un informe posibilista que depende directamente de la voluntad colaboradora de los dos grandes partidos políticos, que es tanto como decir que las propuestas son inalcanzables.

Aunque, desde mi particular punto de vista, las medidas son muy insuficientes y es bastante más inmovilista de lo que a mi me gustaría, el informe trae a colación defectos muy importantes de nuestro panorama, muchos de ellos denunciados desde hace tiempo en distintos medios: la flexibilización del mercado de trabajo, la estabilidad presupuestaria, la reducción del tamaño del sector público, son algunos de los puntos a mejorar. Hay mucho que discutir desde un punto de vista económico acerca del cómo se pueden hacer.

Pero, además de esos lugares comunes, me llamaron la atención, en especial, dos puntos en los que se incide en el resumen ejecutivo: la importancia de un marco institucional adecuado, creíble y sólido, por un lado, y la necesidad de una sociedad civil que lidere su propia transformación.

Ahora es cuando yo llamaría a mi colega de charco, Paco Beltrán y compartiríamos un paquete de Kleenex (de nuevo) deshechos en lágrimas.

El cachondeo institucional generalizado a que nos ha llevado la partitocracia reinante, propio de películas de paletos entrañables, en palabras de Nicholas van Orton, va calando. Casi no hay instituciones creíbles y sólidas, más allá de las privadas: tu familia (no, no entro en fangos), tu videoclub y tu gimnasio. Y si restringimos el vistazo a instituciones políticas, ya ni eso (no tengo familia política).

Lo de la sociedad civil es aún peor. Dice el informe:

El Círculo también desea hacer un llamamiento para que la sociedad civil, por medio de sus instituciones, participe en los procesos de consulta, decisión, gestión y control de las políticas públicas, tal y como ocurre en los países avanzados. Por lo tanto, aboga por una sociedad civil con capacidad para liderar su propia transformación.

Estamos perdidos. La sociedad civil española no puede liderar su propia transformación porque carece de madurez, está infantilizada, acostumbrada a caminar de la mano del Estado de la cuna a la tumba (como recordaba Ángel el otro día, citando el libro de Pedro Schwartz). Es necesario que cada uno de nosotros nos demos cuenta de la engañifa, del modo patético en que nos tratan y simplemente no sigamos su reclamo, que es lo que hacemos, como los borregos obedecen los ladridos del perro ovejero. Y para colofón resulta que esa acción civil depende de las instituciones que, como ya hemos dicho, no son creíbles ni sólidas.

Paco, al charco…

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