¿Le molestan los inmigrantes? ¡Anímese y tenga usted hijos*!

Hoy he asistido a un seminario en el que se ponían en perspectiva histórica algunos tópicos acerca de la inmigración. El análisis se centraba en la emigración española a América Latina en el XIX y a Europa a mediados del XX y contrastaba si los tópicos que tenemos hoy los españoles hacia quienes vienen a trabajar se daban entonces entre los que nos íbamos fuera de nuestro país.
Algunas conclusiones:

1.- La emigración no está causada por la pobreza y la miseria, sino por la privación relativa, y como corolario, el crecimiento económico de los países pobres aumenta la emigración. Es decir, el re-pobre no tiene ni medios ni recursos para irse, pero cuando mejora sus situación tiene capacidad para emigrar. Esta idea sería aplicable a la inmigración actual. De ahí que, si ahora la inmigración de subsaharianos es alta, cuando Senegal y otros países crezcan un poco, sea previsible esperar un aumento en el número de llegadas.

2.- Quien emigra no suele ir a un mundo ignoto del que no sabe nada: había redes de familiares, amigos, vecinos que te contaban cómo se vivía, qué trabajadores se necesitaban, etc. En el caso de la emigración del siglo XX había canales oficiales de información.

3.- No eran analfabetos. Ni siquiera los emigrantes a Alemania, ya que aunque no estaban cualificados, se les exigía desde el país de origen, tener estudios primarios.

4.- No emigrábamos para establecernos. La tasa de retorno era alta. Hoy en día este factor es importante. La mayor libertad de entrada y salida favorece que la tasa de retorno sea alta, mientras que si la legislación es restrictiva el emigrante no vuelve a su país por miedo a que no le dejen volver y perder esa oportunidad. Un dato: los turcos hoy tiene una tasa de retorno mucho más baja que los emigrantes italianos, irlandeses o españoles de finales del XIX.

Los dos catedráticos (la ponente y el comentarista) coinciden en que, mientras que la emigración histórica española se explica por el diferencial salarial entre España y el país receptor, la situación actual es distinta, y el motivo principal es la disfunción demográfica de los países receptores como el nuestro (la estructura por edades está descompensada por la decisión de los ciudadanos de no tener hijos hace treinta años), y de los países de origen, en los que la tasa de crecimiento de la población es muy alta. La excepción es Estados Unidos, que sigue siendo atractivo por su riqueza económica.

Así que, si a usted le molesta que vengan inmigrantes, sea consecuente y ¡tenga usted hijos*!

* Este post está dedicado a Luis Coase 🙂

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