Las dos democracias

Mi segundo columnista español favorito es, sin duda, Álvaro Delgado-Gal. Esta semana nos cuenta en ABC la borrachera rousseauniana que explica el comportamiento patético de nuestros gobernantes. Él pone el tema de los obispos como ejemplo, pero es claramente generalizable. Y así, diferencia entre la democracia liberal y la actual, à la mode de Rousseau.
No estoy de acuerdo con Álvaro en algunas cosas, desde luego:

Es cierto que la democracia liberal pura ha sido rebasada por la inercia de los acontecimientos. Los gobiernos se han empeñado en infinidad de tareas, y el proceso es irreversible. El que sea irreversible, no significa, sin embargo, que no se pueda moderar.

No sorprenderá a nadie que yo crea que el proceso, no solamente se puede moderar, sino que sí es reversible. Difícil, costoso, a largo plazo… pero no es imposible. Para mi tampoco es imposible que la gente retome poco a poco las riendas de su vida y recupere la responsabilidad individual cedida ciegamente a los gobernantes. Iba a escribir “cedida ciegamente al Estado” pero estos señores que lo okupan se han encargado de que el Estado deje de tener el mismo sentido que tenía para los clásicos.

Más aún que con su definición de democracia liberal que demanda un Estado mínimo (lo que sería un paso enorme en la dirección que me parece correcta)

Lo importante, para un liberal, es que el poder esté muy limitado. Precisamente porque estima que la voluntad general es una superchería, el liberal se resistirá a reconocer prerrogativas enormes al gobierno. Lo propio de los gobiernos será que se dediquen a hacer lo que no pueden hacer agregadamente los ciudadanos. Lo demás es secundario, y ha de ser resuelto de modo empírico y sin confundir el tocino con la velocidad.

me identifico con la idea de que la sociedad no tiene vida propia, ni unas preferencias homogéneas que expresa como quien pide un cortado en el bar:

No creo en la «la sociedad», entendida como una suerte de ente mayúsculo y dotado de personalidad propia. Y aunque admito que en ocasiones ciertos lugares comunes predominan sobre otros, no adivino la razón por la que los lugares comunes preponderantes habrían de ser por definición los más correctos.

Y ese es el punto clave que la gente no ve: lo que dice la mayoría, no solamente no siempre es lo mejor, es que a veces son solemnes estupideces. Pues eso.

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