Hay muchos liberales pero Bastiat era un ultra

Eso es lo que salió por la boca de un compañero y profesor de Historia del Pensamiento Económico ayer por la mañana. Dos horas más tarde, Carlos Rodríguez Braun, compañero, profesor, y además maestro, le daba la réplica. Hay dos tipos de liberales: los que consideran que la libertad no se negocia y quienes son capaces de afirmar yo soy liberal y los demás son unos ultras. Suelen ser los mismos que se rasgan las vestiduras ante afirmaciones como yo soy liberal y los demás son unos socialistas. Y no caen en la simetría de ambas afirmaciones.
Personalmente, no me ofende que me llamen ni liberal ni socialista, por más que yo me considere liberal porque mi ideal es la defensa sin negociación de la libertad. Es como si me llaman alta o baja. ¿Comparada con quién? Es cierto que la defensa de la libertad varía dependiendo de cómo la entienda uno: como un medio o como un fin. Para mi es un fin.

Pero volviendo a Carlos Rodríguez Braun, ese debate tuvo lugar en el V Encuentro Iberico de Historia del Pensamiento Económico que tiene lugar estos días en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid. En él, Carlos ha presentado su reedición del clásico Sobre la Libertad de John Stuart Mill que saldrá en breve (espero que muy en breve porque pretendo regalarlo por Navidad junto con una taza del Instituto Juan de Mariana).

En su exposición de ayer planteó el dilema siguiente. John Stuart Mill fue considerado un representante del liberalismo hasta por Friedman, y en su época incluso le consideraron un liberal radical.

Esta idea se sustenta en propuestas de Mill como la liberalización de las drogas, el ataque a la educación pública generalizada, la idea de que un país en el que ferrocarriles y carreteras y demás son públicas, por más que tenga libertad de prensa no será un país libre, la advertencia del riesgo del socialismo para la economía y la libertad, el que no creyera en la igualdad salarial, ni en los derechos sociales sino solamente en los individuales, el ataque a los impuestos sobre los salarios, la idea de que la democracia puede ser opresiva y debía limitarse para evitar que atacara la libertad…

A pesar de ello, tanto Mises como Hayek entendían que Mill era socialista y muy peligroso. El mejor patrocinador del socialismo y más peligroso que el mismísimo Marx, según Mises. ¿Cómo se casan las dos ideas teniendo en cuenta que, para Carlos Rodríguez Braun, Mises y Hayek tenían razón?

La respuesta… en el prólogo del libro.

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