El mercado de órganos y la moral

La Organización Mundial de la Salud ha tenido su segunda reunión consultiva global sobre trasplantes en Rotterdam. El cirujano de la Universidad de Minnesota, Arthur Matas, pone encima de la mesa lo absurdo de prohibir el libre comercio de órganos.

La voz mayoritaria, normalmente de quienes no necesitan urgentemente un órgano para sí o para una persona querida, considera inmoral la venta de órganos porque condena a los más débiles a una vida miserable y porque fomenta la delincuencia quirúrgica, por llamarlo de alguna manera.

Pero Matas habla claro: es inmoral dejar morir a la gente que necesita un órgano, o condenados a vivir esclavos de la diálisis cuando se trata de un riñón, pudiendo hacer algo para evitarlo. Esa es la moral del médico.

Son la prohibición y la regulación las que generan el mercado negro y sube el precio más allá del que el mercado naturalmente fijaría. Ahora mismo, el precio de un riñón anda entre los 500 dólares si lo compras en Irán, hasta los 1000 de la India o los 5000 de Turquía. Esa es la lógica del mercado.

Hay quienes argumentan que el libre mercado de órganos perjudicaría la donación voluntaria. Que es voluntaria porque dona quien quiere, pero es obligatoria porque no hay varias opciones y no se sabe si el bondadoso donante sería menos altruista si hubiera un precio de por medio. En cualquier caso, suplir la necesidad de un órgano para seguir viviendo no pasa por la caridad, pasa por conseguir ese órgano y salvar la vida del enfermo.

Y, desde luego, el pobre que vende un órgano, con todo lo que ello implica, debería poder hacerlo abierta y legalmente. Es terrible, efectivamente. Tanto que la lógica me dice que si pudiera salir adelante de otra manera, lo más probable es que lo haría. Pero por terrible que sea ¿quién es nadie para decirle a una persona cómo debe ganarse la vida mientras no perjudique otro? Y esa es la libertad individual que lleva a la libertad de mercado.

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9 thoughts on “El mercado de órganos y la moral

  1. Yo no soy juez moral, Entropía. Mi moral la dejo para mis actos particulares.Así que si alguién vende su corazón sabiendo lo que implica, y otra persona lo necesita y está de acuerdo en el precio, no seré yo quien lo impida, y defenderé su derecho a hacerlo.A lo mejor con ese dinero sus herederos se pueden pagar un colegio, o dejar de prostituirse, o cualquier otra cosa. Tampoco soy quien para decidir en qué debe gastar nadie su dinero. Mientras no sea una agresión a terceros.

  2. Pues yo lo veo muy claro: el dueño de mi cuerpo soy yo y vendo (o regalo) lo que me da la gana. Lo que otros hagan ni me parece ni me deja de parecer. El estado en estas cosas, como muchas otras otras del ámbito personal, no tiene NADA que decir. Yo tampoco.

  3. Me pregunto cuántos riñones se donan en vida (digo donar, es decir, gratis). Me da que muy pocos. Sólo se me antoja habitual en casos de personas muy cercanas. Si cobrando puedes dar de comer a tus hijos, ¿por qué prohibirlo?

  4. Básicamente, no es posible comprar un órgano, porque el donante y el receptor tienen que ser biológicamente compatibles. Para saber si lo son, hay que pasar unos protocolos y análisis médicos. No puedes comprar un riñón a cualquiera, sólo a las personas compatibles.Personalmente, siempre he pensado que el tráfico de órganos es una leyenda urbana.Respecto de una posible compraventa, creo que sería injusto que la vida de una persona dependiera de su capacidad económica. Si hay un órgano, dos posibles receptores y no consta la voluntad del donante, no debería haber una subasta (por ejemplo, por los herederos). Ahora bien, si decido voluntariamente dárselo a alguien, creo que debería ser perfectamente legal, independientemente de las razones de mi donación (¿no se donan órganos a parientes?)euribe

  5. Euribe, es obvio… Pero igual que compras pilas de un tipo determinado o una pieza de recambio (que en realidad eso es un riñón) muy específica, puede haber mercado para riñones detal tipo, y sabiendo que tu cuerpo puede rechazarlo o no. Nunca he visto un contrato así pero imagino que en los contratos de compra de órganos deben estar previstas esas cosas. No son una leyenda urbana.

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