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La mala educación

9 octubre, 2011

Este principio de curso en la Comunidad de Madrid está siendo especialmente revuelto. La consejera de Economía pide el esfuerzo a los profesores de que trabajen dos horas más a la semana. Pero eso implica muchas cosas, los profesores se rebelan, los sindicatos, como no era para menos, sacan el cuchillo de sacar tajadas, los días de huelga aumentan, y esto parece que no se soluciona.

Los profesores de la pública se quejan de las subvenciones y regalitos que la Comunidad de Madrid ofrece a los colegios de enseñanza concertada, y de las ayudas encubiertas o no a los colegios privados.

Mientras que los sindicatos y profesores dicen que son tres mil los interinos que van a desaparecer, la administración habla de mil. Mientras los profesores explican la importancia de las tutorías, las autoridades autonómicas siguen diciendo que no es así. Unos acusan a los otros de mentir, de no pensar en los niños. Y el espectáculo, visto desde fuera, es penoso.

El resultado es que no se sabe cómo van a recuperar las clases los niños, quienes, además de ser víctimas del sistema, de ser utilizados por unos y por otros, están siendo involucrados por los profesores y padres, quienes les hacen participar y les visten con las famosas camisetas verdes, vendidas por IU.

Una oye en un taxi un debate entre profesores en la Ser y no sabe qué pensar: una profesora quita importancia a la debacle que va a ser tratar de dar todo el temario de este año y argumenta que eso no es nada en comparación con lo que se roba a los niños: talleres de tecnología con 30 alumnos, los profesores de la concertada con ordenadores gratis… En fin, un conjunto de reclamaciones que casi dan ganas de hacerle la ola, invadida por un ataque de compasión, hasta que recuerdo que aquí lo que importa son los niños y su educación. Esas reclamaciones no son la raíz del problema y esos bienintencionados profesores, pero también la Consejería de Educación y la Comunidad de Madrid, están cogiendo el rábano por las hojas.

Y el problema no es si hay una clase de tutorías o dos, sino que este sistema está podrido, es nocivo y hay que cambiarlo de arriba a abajo, o de abajo a arriba. Los diferentes planes educativos de todos los partidos, por más que estén preñados de buenas intenciones, no han servido para nada bueno. La educación politizada no es buena, y usarla para comprar votos es de lo más indigno que se puede hacer, porque se usa como piolet la formación y el futuro de los niños de hoy, solamente para trepar o conservar tu sitio en la poltrona.

La educación no debería ser un tema de debate político, sino que se debería afrontar honestamente, pensando cómo mejorar los alarmantes resultados de nuestros estudiantes. No solamente se trata del fracaso escolar, es un problema sistémico que abarca la educación desde los 4 a los 23 años. Toda la cadena está emponzoñada.

Y ahora viene la pregunta del millón, ¿cómo se sanea el sistema educativo? En primer lugar, no puede ser que un colegio forme en todas las disciplinas de siempre (matemáticas, lengua, ciencias naturales y sociales) y que además se atribuya (o le asignen) la educación sexual, vial, en multiculturalidad… Hay que equilibrar los objetivos con los recursos de que se disponen, y si fueran ilimitados y tuviéramos un presupuesto infinito y días de 48 horas, pues nada, pero es que no hay para todo, y el colegio, el instituto y la universidad tienen unos fines que no se están cumpliendo.

Nadie le quiere poner el cascabel al gato pero yo creo que nada como la pluralidad institucional, la libertad educativa para permitir que afloren resultados en un sistema estrangulado como el nuestro. Está claro que el volumen de gasto no implica mejores resultados, estamos ante una crisis más profunda: de actitudes, de valores. La libertad educativa permitiría que hubiera homeschoolers, que se crearan centros de estudios imaginativos que enseñen a responsabilizarse cada cual de su éxito, y dejar la palabrería y la política de lado.

La competitividad de las generaciones venideras depende de ello.

(Publicado en la página del Instituto Juan de Mariana el viernes 7 de octubre de 2011)

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5 comentarios leave one →
  1. Clandestino permalink
    9 octubre, 2011 11:32

    Lo expones bastante claro, dando respuesta a las dudas. La libertad bajo cobertura institucional, es fundamental para alcanzar las máximas cotas de rendimiento en los profesionales que ejercen en sus diferentes parcelas. Pero habitamos en un entramado de intereses espurios que asfixian toda iniciativa constructiva desarrollada netamente hacia el interés común social, por lo que esa libertad es utilizada para garantizar intereses personales, políticos o a determinados colectivos, en nombre de ese interés común que no interesa a nadie, una vez que el estado es imán y promotor para negocios y juegos sucios.

    La cualificación exigida a los profesionales tanto en servicio público estatal como empresarial, se estalla contra el cemento de las caras de la marabunta ‘política’ ignorante zafia y miserable que malversa su potencial e inculca mezquindad, arrastrándolos a la confusión y al caos, además de desinstrumentarlos en clara extorsión contra su eficacia, mediante planes de enseñanza, normas y presupuestos que la hacen inviable. Entre otras cosas porque entre los propios colectivos perjudicados, numerosos elementos se convierten en perjudicadores y encima les hacen la ola a los causantes, en clara omisión de deberes hacia la búsqueda en exclusiva de sus propios intereses, resultando difícil localizar la existencia de los inocentes en un estado que encubre la corrupción y el delito, y promueve e incentiva la incompetencia y el desacato hacia sí mismo.

    El origen causa de este grave problema como tantos otros, no es político en absoluto, sino de clara ausencia de políticos. Tenemos el deber y el derecho a señalar como mafiosos y ladrones a los que bajo cubierta política y honorable, nos ocupan el estado para sus fines espurios, a costa de degradar y hundir a la ciudadanía en la ruindad, el odio, la confrontación y la ignorancia. Hay que separar la paja del grano y dar a cada cual el tratamiento que le corresponda. Libertad no es libertinaje. La libertad tiene que ser necesariamente garantizada por la Ley justa, aplicada con todo rigor sobre los que viven de perturbarla y prostituirla.

    No hay otro modo. No hay otra solución.

  2. 9 octubre, 2011 12:02

    Muy buen artículo, creo que las claves pasan por más libertad y más responsabilidad por parte de padres y alumnos

  3. 11 noviembre, 2011 15:48

    Yo creo en una libertad educacional absoluta. No me gusta que el Gobierno sea el que diga qué debemos aprender. Dejo esa elección a los alumnos y padres.

    Felicitaciones por el blog.

    • Ana de Orbaneja permalink
      14 noviembre, 2011 15:23

      Hay que abogar por la libertad educacional, sin duda alguna, pero igualmente por fomentar la implicación de padres y tutores en la misma: como bien apunta Ana María Moix, el problema de la dejadez parental se manifiesta en toda su desastrosa dimensión cuando, desde la dirección de un colegio cualquiera, se propone como medida de control de sobrepeso del alumnado la retirada de las máquinas expendedoras de bollería industrial del comedor, y la asociación de padres, por toda respuesta, se limitan a replicar, sin sonrojo alguno, que en lugar de eso, los profesores se las compongan para incluir en el plan de estudios una asignatura (¿otra?) llamada “hábitos alimenticios saludables”. Balones fuera. El marrón educacional, al pedagogo.
      Los padres huyen de la responsabilidad educativa de los hijos como de la peste bubónica, hasta el punto de que han llegado a creerse (ellos mismos) que la escuela sirve para educar.
      La escuela sirve para instruir. Punto. La educación propiamente dicha se proporciona intramuros del hogar, y si los padres nos sustraemos a dicha labor, reducimos nuestro papel al de meros procreadores. Y lo más alarmante es tener que darle nuevamente la razón a mi admirada Ana María Moix: esta dejadez parental, unida a los programas educativos politizadamente sesgados (sé de un alumno de bachillerato amigo de mi nieto que se sabía al dedillo el tema dedicado a Josep María Gironella, pero ignoraba quién era Calderón de la Barca) ha dado como consecuencia una generación de lo que ella llama “iletrados”: jóvenes que manejan con maestría las redes sociales; que, incluso, en los casos menos lamentables, son capaces de expresarse con corrección en varios idiomas, pero que, si se les pide que lean un texto de más de una página, manifiestan una desoladora incapacidad para comprender lo que están leyendo. El analfabeto tiene solución. Radical, pero la tiene. El iletrado no.

  4. 17 febrero, 2012 16:58

    Soberbio artículo que pone los puntos sobre las íes. Sin embargo, a mi me da la sensación de que aunque desde hace muchísimo tiempo hay una concienciación colectiva sobre este particular, no se hace nada por remediarlo bien por complejos infantiloides, bien por, y me temo que ésto es más grave y más cierto, mirar hacia otro lado porque todo el mundo está enfangado pero nadie tiene la valentía de dar el primer paso adelante. Creo que, todavía, tiene bastante vigencia un artículo escrito en ABC hace muchísimo tiempo por Luis González Seara titulado ” Estado de Bienestar, pero sin deberes “. El problema es que en este país o países unos pocos listillos vociferan mucho y la masa borreguil calla en vez de hablar cuando y donde debería.

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