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La mujer barbuda

6 octubre, 2014

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Una de las características de nuestros tiempos, y probablemente de los pasados también, porque lo más seguro es que vaya con el ser humano, es la negación de lo evidente. Como en la escena de la lapidación de la película La Vida de Brian, negamos lo que está pasando cuando creemos que nos va a dejar en mal lugar. Nadie ve Sálvame, líder de audiencia. Ese es el ejemplo paradigmático. Yo lo veo cuando puedo. Es terrible. Unas veces me duerme, otras me satura y otras me aliena. Pero lo veo a veces. Y cuando lo digo, la mirada torva del otro me muestra la desaprobación social. Social de esa sociedad que encarama desde hace tantos años al programa Sálvame en todas sus versiones a ser indiscutible número uno.

Con la misma tranquilidad que digo que veo a veces Sálvame y me pongo el mundo por montera, digo que el tema de la incorporación de la mujer al trabajo no está resuelto. Y no lo soluciona ni que salga Mónica Oriol a denunciarlo, ni que lo denuncie fatal, ni que tomen sus palabras de la manera más sesgada, ni que se monte la mundial en Twitter… Vaya, que podemos quemar a Mónica Oriol en una pira y seguiría existiendo un problema de fondo que no acertamos a resolver.

¿Es quién una empresaria del linaje Oriol/Ybarra/Urquijo/Icaza para decir lo que dijo como lo dijo? Igual no. ¿Por qué?¿Es peor persona por ser de familia con apellidos conocidos? No, no es peor persona, pero en un país donde el privilegio empresarial es la norma, es decir, empresarios de verdad, poquitos, poquitos; en un país donde históricamente las grandes familias se han asociado con el poder del rey, del dictador, de quien hiciera falta y han sido representativos exponentes del mercantilismo, y seguramente cumpliendo la ley. En un país así, tal vez, Mónica Oriol, mi profesora de Política Monetaria, debería cuidar cómo dice qué. Es que puede conseguir el efecto contrario. Ya se sabe, la ley de las consecuencias no deseadas.

Lo lógico es que al oirla, mucha gente diga “Eso es porque a ti te han cuidado a los niños“, “Claro, y tú qué vas a decir“, “Conciliando sin la protección familiar te quería ver yo a ti“… y cosas así. Yo he leído los peores insultos y deseos dirigidos a Mónica. Lo de sacar de contexto lo que dice ya es mala fe. Y aunque me tienta pasarlo por alto, es relevante porque sí crea en la gente una animadversión hacia Mónica que ya, aunque te enteres de que lleva una vida pobre y miserable y que se deja una fortuna en cooperación y que es terriblemente bondadosa, te da igual, te cae mal.

Pero, igual que “nadie” ve Sálvame, “nadie” ha pensado alguna vez cuando ha tenido trabajadoras a su cargo eso que es tan incorrecto.

Si yo entiendo que tiene hijos, pero como vuelva a poner la excusa de que su nene está dentando es que la mato“.

Si a mí me parece muy bien todo, pero no puede estar al teléfono con la tutora de la niña porque tiene una adolescencia dificililla“.

Vaya! Lo que nos faltaba! Cuando se le acaba la baja maternal va la tía y pide reducción de jornada! Y es su cuarto hijo, hombre… que parece que los tiene aposta! Y mientras tanto sus compañeros de departamento haciéndose cargo de sus clases!” (Ésta última es real, la oí con estos oídos que se comerán los gusanos).

Y la mujer recién parida se siente un asco: está recién parida, se siente mala madre por dejar al bebé, mala trabajadora porque la preocupación la distrae, se cansa el doble… Y la frase “Pues no haberlo tenido” resuena por los pasillos. Eso sí, España tiene un enorme problema demográfico que nos tiene a todos sin dormir.

¿Y entonces? ¿Ayudamos con el dinero de todos a las nuevas madres?¿a las que quieren serlo? Mi instinto me dice que no. Pero, además, devuelvo la pregunta… con todos los avances tecnológicos que hay ¿eso es todo lo que se nos ocurre? ¿no hay más? ¿esa es toda nuestra inventiva? ¿o es que no nos hemos puesto en serio? Porque no hay que masculinizarse para trabajar. No es necesario esterilizarte para que la jefa, la empresaria, la capitalista… no te eche o decida contratarte. Hace falta buena voluntad, imaginación y una tribu. No hace falta ser la mujer barbuda.

Nuevos proyectos, nuevo curso

25 agosto, 2014

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Decir que agosto se acaba un 25 de agosto como hoy es tan obvio como asegurar que en Madrid en verano hace calor y en invierno hace frío. Pero ahí estamos, a una semana de volver a la universidad y dos de empezar las clases en la Universidad CEU-San Pablo.

Después de un año difícil por motivos de salud, de exceso de trabajo, de aprender a frenar sin abandonar ni un proyecto, este curso empieza cumpliendo un sueño. El 14 de octubre se publica mi primer libro Las Tribus Liberales. Una reconstrucción de la mitología liberal. No es perfecto. Pero es mío. Y es el primero. Y me siento como si fuera a mi fiesta de puesta de largo. El rey mago se llama Roger Domingo, el mejor editor de la galaxia, de cuyo brazo bajaré las escaleras del salón de baile y me presentaré en sociedad.

Pero habrá más. Un curso online en el Master in Political Economy del Swiss Management Center University. Mi asignatura también es nueva para mí: International Economics. El osado que ha apostado por mí es Juan Carlos Cachanosky, un maestro.

Vuelvo a loff.it con #CienciaHumana y #ArteHumano que tanto echaba de menos. Y con novedades ilusionantes que me tienen con los dedos cruzados. Proyectos que saldrán porque los comparto con Ricardo Basurto &friends, los surferos de la ilusión.

Todo eso y mis artículos en Voz Pópuli (los martes), la tertulia con Luis Herrero (los viernes) no me dejan escribir aquí todo lo que me gustaría. Pero espero enmendarme y recuperar buenas costumbres.

La lengua muerta

6 junio, 2014

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El pasado miércoles, la revista cómico-satírica El Jueves, cambiaba su portada. De un dibujo en el que el aún rey Juan Carlos entregaba una pestilente corona al aún príncipe Felipe, a otro en el que el protagonista es el nuevo showman de la política, Pablo Iglesias.

Por activa y por pasiva la editorial RBA ha levantado la mano, sacado pecho y repetido “¡He sido yo! ¡He sido yo!”. La cúpula de la revista ha dimitido, lo cual dice mucho a su favor. Y al parecer, todo el mundo, se ha creído que ni Felipe, ni Zarzuela han tenido nada que ver. Como me decían en Twitter: “Felipe no ha movido un dedo”. Yo matizaría.

Felipe no ha tenido que mover un dedo. No le ha hecho falta. Ya censuraron otra portada en la que los protagonistas eran él y Letizia. Ya se han censurado suficientes fotos, noticias, asuntos turbios de la monarquía como para necesitar ni siquiera levantar una ceja. Ha sido la editorial. ¿En serio? La editorial ha respondido como el perro de Pavlov, salivando al oir la campanita. Y los españoles crédulos como lo que son… súbditos dispuestos a creer cualquier mentira y a escandalizarse ante cualquier Corinna, hipócritamente.

Y no importa el mal gusto de la revista. No importa si uno es monárquico o republicano. No importa si el argumento de fondo está equivocado. La libertad de prensa es incuestionable. Y si no estás de acuerdo, rebátelo. Si hay un delito, denúncialo. Pero esta censura silenciosa, esta lengua muerta y este mirar al techo, hiede.

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El irresistible poder de los principios, por Giancarlo Ibarguen

27 febrero, 2014

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El conocimiento es poder pero también lo es el carácter.

 Las familias, las escuelas y las universidades deben desarrollar y perfeccionar las facultades morales de los niños y los jóvenes. Pero es imposible comprender los principios éticos, si el hombre no reconoce el valor de la libertad.  Libertad es poder decir “sí” o “no”.  La libertad no es un medio, sino un fin.  Sin libertad no puedo ser responsable de mis actos, y de lo que  trata la educación es, precisamente,  de que los educandos asuman la responsabilidad de su vida. De lo que trata es de que los jóvenes tomen en serio estos dos principios inseparables: la libertad y la responsabilidad. Lo serio de la tarea educativa es que la libertad que se defiende tiene consecuencias: unas pueden ser buenas y otras malas; unas pueden fomentar la virtud y otras el vicio.

 Tanto la virtud como el vicio están en nuestro poder, decía Aristóteles en su Ética a Nicómaco.  En efecto –continúa– siempre que está en nuestro poder el hacer, está también el no hacer; y siempre que está en nuestro poder el no, está el sí.

 Para obrar en dirección a la virtud, el ambiente familiar y educativo debe ser un conducto que ayude a dar forma –o, lo que es lo mismo, afinar– el sentido moral.  En buena medida, de lo que la educación trata es de imprimir en los niños y en los jóvenes un carácter espiritual –en el sentido de huella, señal o marca– que perdure en ellos y los distinga durante toda su vida.

Se dice que el conocimiento es poder. Cierto. Pero también lo es el carácter, y esto por partida doble. Una mente superdotada sin corazón, un gran intelecto sin escrúpulos, un hombre brillante sin bondad, tienen poderes a su manera, pero tales poderes tienden a ser utilizados para el mal. La veracidad, la integridad, la bondad… forman la esencia del carácter.  Quienes posean estas cualidades, unidas con la fuerza de sus convicciones, son dueños del irresistible poder benévolo de los principios.  Quienes posean estas cualidades tienen la fuerza para hacer el bien, para resistir el mal, para afrontar con éxito cualquier dificultad o fracaso.

 Publicado en Nuestro Diario (Guatemala) el jueves 27 de febrero de 2014

(Es por amistad y admiración que me permito el abuso de copiar el texto de Giancarlo Ibarguen, de quien aprendo y a quien dedico un recuerdo silencioso o explícito cada día).

El que resiste, gana

26 febrero, 2014

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Esta frase la oí por primera vez mientras preparaba mi tesis y mis cursos de doctorado. La persona que la pronunció era mi director de tesis entonces y actualmente es mi amigo y mi maestro. Mi manera de ser impulsiva, ansiosa de resultados inminentes hizo que me cayera fatal el consejo. ¡Pues vaya una manera de conseguir las cosas! ¡Por agotamiento!

Pero lo cierto es que es uno de esos consejos que vas asimilando cuando pasan los años y la realidad lima las aristas de la impaciencia. Hoy es el lema que podría definir la situación en Venezuela.

Ya sé que llevo unas dos semanas como obsesionada con el tema y que no hago más que escribir y comentar las novedades que nos llegan de ese país. Pero estamos ante un caso que puede marcar un sendero, una encrucijada, para la política latinoamericana. Gana la Democracia con D mayúscula o gana la manipulación y la perversión del sistema democrático. Una vez que los venezolanos deciden seguir los pasos de los estudiantes, a pesar de las bandas de boicoteadores, los que se aprovechan de la situación para robar y matar, y ese tipo de situaciones que lamentablemente se dan en cada revuelta política, exigen a Maduro que se vaya por conducir al colapso la economía del país. Podemos analizar si Maduro es la culminación del régimen chavista o su caricatura, pero lo importante es que la gente se ha lanzado a las calles y está siento reprimida con violencia oficial. ¿Eso es legítimo?

Al lado de ese fenómeno nos encontramos las reacciones de los países vecinos, menos vecinos, compañeros de lengua, amigos, y simplemente observadores distantes. Y lo más grande de todo es que no hay respuestas contundentes y claras, ninguna misiva llamativa. La tibieza con la que pronuncian ante los micrófonos mirando al papel escrito “Pedimos que acabe la violencia” suena en el aire de las calles de Tachira como el deseo de paz en el mundo de una miss regional de tres al cuarto. Son palabras vacías, dichas por compromiso, por no mojarse. Es la elocuencia de la cobardía emitida en los informativos de televisión. En resumen: un asco.

Dejen de matar civiles” en un tono imperativo habría sido una buena manera de definir la posición de cualquier persona con cierta humanidad. Los líderes de derecha y de izquierda en España se miran unos a otros y ponen excusas del tipo “Te están manipulando, no lo sabes, pero hay intereses americanos detrás de los estudiantes” o bien “¡Pero si los venezolanos llevan protestando así por años!“.  Ah, bien. Qué tranquila me quedo. Debe ser que no hay intereses cubanos detrás de Maduro. O que nadie sabe que hay petróleo en Venezuela, monopolizado por el Estado y utilizado como silenciador. ¡Y funciona! Todos callan o hacen declaraciones blandengues, porque todos temen qué pueda hacer Maduro con los contratos que se están firmando mientras caen los estudiantes. Y luego están la derecha más radical y la izquierda más radical posicionándose una frente a la otra, más pendientes de estar bien enfrentados que de analizar qué pasa en Venezuela. Les da igual los excelentes análisis de Juan Ramón Rallo y Manuel Llamas acerca de las causas y consecuencias económicas de lo que sucede, les interesa saber dónde está su oponente para ponerse al otro lado. Y esa actitud me cansa mucho.

A mí me preocupa cuándo van a recuperar la libertad (tal vez entregada en forma de votos) los venezolanos. Me interesa saber si quienes dicen aquí “ellos votaron” creen que nosotros nos merecemos, por tanto, la corrupción y la degradación política que tenemos en España porque, queridos, “ustedes también votaron“.  Me pregunto si ese clamor en forma de susurro, ese grito en voz baja, de los líderes internacionales pidiendo el fin de la violencia no significa más bien: “Ay, dejen ya de pelearse que me van a obligar a cuestionarme mi propia hipocresía. Pacten, por favor”. Yo estoy en contra de la violencia y a favor de los venezolanos. A favor de quienes piden por twitter que abran los wi-fi para que los manifestantes puedan comunicarse, quienes nos enseñan la sangre derramada, quienes tratan de organizar un poquito el caos, que intentan saltarse de alguna manera la censura informativa, y que luchan, nada más que reclamando seguridad, abastecimiento, y libertad.

El fin del régimen de Maduro implicaría que hay una esperanza para la libertad. El triunfo de Maduro mostraría de qué somos capaces los arrogantes países democráticos por nuestros semejantes, nosotros a quienes nos están pidiendo ayuda explícitamente  los venezolanos, por no mover un dedo amparándonos en la constitucionalidad, y de ese modo putrefactando ese mismo concepto, tan importante para el desarrollo político de nuestra civilización.

Y para que gane la libertad, es imprescindible que los venezolanos se crean ese consejo tan simple que me dio Carlos Rodriguez Braun hace ya mucho tiempo: El que resiste, gana.

#VenezuelaResiste #Venezuelanoestasola

Por una Venezuela libre, yo acuso.

13 febrero, 2014

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Acuso a Jorge Verstrynge, a Pablo Iglesias, a Juan Carlos Monedero,  a Luis Alegre Zahonero, Carlos Fernández Liria y a todos aquellos españoles que están jaleando al dictador liberticida, Nicolás Maduro, como ya hicieron con su predecesor, el asesino dictador Hugo Chávez.

Les acuso de ser instigadores intelectuales y responsables ante la sociedad, no solamente española o venezolana, sino ante la sociedad libre, de la represión y los asesinatos de anoche en la manifestación estudiantil, y también de los anteriores, promovidos directa o indirectamente por Hugo Chavez.

Los crímenes chavistas pudieron ser omitidos por los medios europeos, pero la agresión estatal liberticida de anoche incendió Twitter en la madrugada española y, por más que Maduro trató (y trata) de secuestrar los medios informativos, por más que la intelligentsia oficialista liberticida de allí y de aquí está intentando manchar el nombre de quienes se tiraron a la calle a defender la libertad, los estudiantes, sus familiares, los vecinos, dieron cuenta con palabras e imágenes de cómo bolivarianos a sueldo de Maduro, armados y en motocicletas disparaban a la cabeza de tres estudiantes. No fue una pelota de goma extraviada. Fueron tres ejecuciones, tres asesinatos.

Y yo me pregunto si en este mundo civilizado, estos antisistema de iPhone y redes sociales, profesores universitarios pagados con los impuestos de los españoles, con la tripa llena y ensalzados por sus grupies, tendrían el coraje de irse allí, sin privilegios, a vivir la tortura diaria, a cámara lenta, que están viviendo los venezolanos, en general, y en particular aquellos que defienden abiertamente la libertad. Si no mojarían sus pantalones de pana progre al ver morir a sus alumnos en las calles defendiendo la libertad.

Y me respondo en silencio: “Arde Venezuela”.

Meterse con Papá Noel

10 febrero, 2014

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El sábado por la noche, a diferencia de los demás sábados vi un debate político-económico en La Sexta. Daniel Lacalle se ocupaba de explicar una pizarra económica y quería ver qué tal le iba. Entre los tertulianos encargados de darle la razón, rebatirle o, simplemente preguntarle, estaban Pablo Iglesias, a la izquierda de la izquierda con su nuevo partido político; Antonio Miguel Carmona, profesor en mi universidad, compañero de despacho, amigo del trabajo, socialista convencido, miembro del PSOE desde siempre, Nativel Preciados, Paco Marhuenda… y sinceramente, no me acuerdo del resto. Tampoco son relevantes para este breve comentario.

Daniel empezó a explicar los datos del paro, sus previsiones, sus razones para afirmar lo que afirmaba, y se abrió el debate en el plató y en Twitter. Yo me lo pasé como una niña chica en un circo, la verdad. Ver un evento en la televisión y “radiarlo” en Twitter es de las cosas que más me divierten del mundo. Y si encima hay discusión, pues entonces ya es lo más de lo más.

Sinceramente, a mí me parece que la defensa que hizo Daniel de sus ideas fue insuperable, yo me habría alejado de la postura “oficial” desde el principio, no habría dado fecha para la creación de empleo… matices. Pero en general, y probablemente porque en lo básico coincidimos bastante, me pareció que las críticas fueron rebatidas y contestadas.

Antonio me sorprendió porque se puso el gorro de político en vez de ponerse el de economista. Ya sé que muchos pensarán que mi capacidad de asombro es ilimitada. Y así es. Pero creo que se equivocó y que debería haber aportado argumentos económicos (con los que Daniel estaría de acuerdo o discreparía, pero estarían en el mismo plano). Sin embargo, se descolgó con mensajes populistas y slogans propios de una campaña electoral. Para mí un error.

Y entonces es cuando llega la realidad y te despierta. Y el dinosaurio aún sigue allí. Hablando con un amigo, me decía que la gente de la calle, del pueblo, había comprado toda la burra a Carmona. ¿Pero cómo es posible? Pues porque el populismo es como Papá Noel. El populismo es Carmona, o Soraya, o el que usted quiera, sonrientes besando niños, y prometiendo lo que usted necesita: aliento, esperanza, una voz que exprese su frustración, que se meta con los ricos, con los poderosos, con quien sea que haya provocado que no le llegue el sueldo, que su hijo está en paro, que la pensión no llega, que se hace cargo de los nietos, que vuelve a subir la luz, y los impuestos, y estamos hartos…. Y claro, usted, agotada, mira a la pantalla y ve a Papá Noel, repartiendo calor, sonrisas y juguetes, y al lado un tipo rubio, sonriente, con un rotulador naranja en la mano, metiéndose con Papá Noel. ¿A quién compra la burra? A Papá Noel. ¿Quién va a la hoguera? El rubio. Que además vive en Londres. Y es rubio.

Incluso si la realidad nos ofrece datos que corroboran lo que decía Daniel, a rasgos generales. Incluso si sabemos que el sistema político está sembrado de incentivos para no hacerlo bien, en el gobierno o en la oposición. Incluso si sabemos que necesitamos hacerlo de otra manera a como se hizo en la era Zapatero. No hay neurona que se resista a la sonrisa preñada de promesas falsas y de magia hueca de Papá Noel.

Daniel el Travieso puede estar orgulloso. Ha sembrado una semilla de realidad en las mentes de los televidentes.

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